Homicidios en Chile: historia y desigualdad
Artesliberales | Publicado el 15 de abril de 2025
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Pablo Obregón, periodista y actual especialista en comunicaciones corporativas, acaba de defender con éxito su tesis para el Magíster en Historia Económica y Empresarial de la Facultad de Artes Liberales de la UAI. Su investigación, que aborda la evolución de la tasa de homicidios en Chile desde la década de 1980 a nivel comunal, ofrece una mirada inédita sobre cómo se distribuye la violencia en el país y qué factores podrían estar detrás de las marcadas diferencias territoriales.
"Siempre me gustó la historia, como aficionado", señala Obregón, quien desarrolló gran parte de su carrera en Economía y Negocios de El Mercurio, antes de pasar al mundo de las comunicaciones estratégicas. "Decidí tomar este magíster porque quería fortalecer mis habilidades investigativas y unir dos intereses profundos: la economía y la historia".

Aunque inicialmente planeaba abordar temas como la Reforma Agraria o el sindicalismo, fue en la cátedra de Indicadores Económicos donde surgió su inquietud por investigar los homicidios como un indicador de desigualdad estructural. "Lo que me impactó fue ver cómo dos comunas vecinas pueden tener realidades totalmente opuestas: una con tasas similares a las de Noruega, 1 homicidio por cada 100.000 habitantes, y otra, con cifras más propias de América Latina: 20 por cada 100.000", sostiene.
Para construir su base de datos, accedió a los registros de fallecimientos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) desde 1985, extrayendo los casos por homicidio y agrupándolos según macrozonas y comunas de más de 95.000 habitantes. La investigación permitió identificar patrones claros: las comunas del sector oriente de Santiago han mantenido históricamente tasas bajísimas, mientras que el sur de Santiago, el norponiente, zonas portuarias y fronterizas, presentan niveles persistentemente altos.
El tesista sostiene que los territorios que hace treinta años eran los más violentos del país siguen siéndolo en la actualidad, destacando especialmente las comunas del sur de Santiago. “Estamos ante una violencia que cambia de forma, pero no desaparece”, afirma y explica que, mientras en el pasado predominaban los llamados crímenes irracionales —aquellos en los que la violencia es un fin en sí mismo, como los delitos pasionales—, en la actualidad han tomado fuerza los crímenes considerados racionales, donde la violencia se convierte en un medio para otros fines, como ocurre en los homicidios vinculados al narcotráfico.
En términos metodológicos y sociales, la tesis de Obregón hace una importante contribución a la historia económica y social de Chile. “Es fundamental contar con datos rigurosos, que permitan salir de generalizaciones y visibilizar realidades locales que muchas veces se esconden tras el promedio nacional”, afirma.
Su trabajo también ofrece claves para comprender los desafíos actuales en materia de seguridad pública. “La violencia es el resultado de una combinación compleja de factores —como la pobreza, la desigualdad y, sobre todo, la falta de institucionalidad—, por lo que no puede reducirse a un único diagnóstico”, concluye.