Uso de pantallas en pre-escolares es una responsabilidad familiar y luego escolar

Esto tiene beneficios, pero también puede tener costos, sobre todo cuando el uso no es supervisado ni guiado en menores de edad. Como lo señala la evidencia científica, las consecuencias del “bombardeo” de estímulos a nivel cerebral puede ser negativo, y por ello es importante que generemos evidencia que apoye políticas públicas al respecto.
En el contexto de la última versión del Congreso del Futuro 2025, que instaló la pregunta “¿Qué humanidad queremos ser?”, el investigador UAI Sebastián Gallegos, profesor de economía en la Escuela de Negocios, compartió panel con Ola Erstad, académico noruego especializado en educación y tecnología. Erstad ha acuñado el término “plataformización” de las familias, que da cuenta de la irrupción de las pantallas al interior de los hogares sin una previa educación respecto a su uso.
Gallegos indica que “en Chile, prácticamente no hay políticas públicas que se estén preocupando de este tema, por lo que estamos en una situación de tabula rasa donde la digitalización de los menores de edad está ocurriendo sin mucha observación y sin datos que nos puedan servir para tomar medidas”. Y agrega, “la investigación que realicé en co-autoría con profesoras de la Universidad de Chicago consistió en implementar experimentos para medir efectos de uso de tecnología al interior del hogar. Encontramos que se puede aumentar el involucramiento parental en niños de entre 3 y 5 años mediante uso de tecnología supervisada en el hogar”.
En este sentido explica que las familias siempre serán más determinantes que los colegios sobre todo en la etapa preescolar, por lo tanto, no podemos seguir traspasando la responsabilidad a los establecimientos educacionales solamente. Las familias tienen un rol importante en el control y establecer límites en el uso de tecnología.
La gran mayoría de los padres y madres quieren hacer algo positivo por sus niños, pero muchas veces no saben cómo lograrlo . Una razón es que no cuentan con las herramientas para generar un cambio real. Es acá donde la disciplina “behavorial economics”, o economía del comportamiento (Richard H. Thaler, U. de Chicago, Premio Nobel 2017), es útil para explicar que los humanos realizamos ciertas acciones o decisiones que son parte de nuestro comportamiento habitual y que repercuten en un bienestar mayor o menor a nivel económico en nuestras vidas.
Por ejemplo, no ir al doctor, no hacer deporte, alimentarnos mal. Y otra dimensión de esto mismo se da en la educación que le damos a nuestros niños y niñas. Lograr que los padres inviertan en actividades que les van a reportar beneficios a sus hijos e hijas a largo plazo (o “retorno a largo plazo” en términos económicos), es esencial para evitar las de retorno inmediato como, por ejemplo, poner a los hijos a ver televisión, donde los dejo haciendo algo pero que no es significativo en su calidad de vida, no los nutre.
Sebastián explica el experimento que usa herramientas de economía del comportamiento. El estudio se realizó a partir de una muestra de padres y sus hijos preescolares de diversos jardines infantiles de Chicago EE.UU. en barrios desventajados. Señala que “a este grupo de personas se les asignó una tablet por familia, que no tenía acceso a internet pero que contaba con una única aplicación que era una biblioteca infantil con 500 cuentos cortos y sencillos aptos para la lectura de niños/niñas y la idea era que los padres les leyeran estos cuentos. Al grupo de control solo se les enseñó a usar la aplicación. Al grupo de tratamiento también se le enseñó, pero adicionalmente se le entregó una serie de motivadores para que leyeran a sus niños. Por ejemplo, les dimos un feedback a los padres entregándoles información y herramientas útiles de cómo lo estaban haciendo, pidiéndoles metas y entregando premios sociales. Estos últimos se traducían, por ejemplo, en la obtención de un avatar en la aplicación o de un personaje digital – un osito bailarín - que celebraba los logros de la familia gracias a la interacción padres/hijos y que se transformó en una mascota digital muy querida y codiciada”.
El académico agrega que para ambos grupos la aplicación contaba con una cámara que mostraba la interacción entre padres e hijos, mientras se hacía la lectura, y con eso se pudo medir cuánto tiempo se tomaban los adultos para realizar esta actividad y con qué nivel de calidad y cantidad. Los resultados arrojaron que, en el grupo de tratamiento, los adultos leían casi un 50% más a sus hijas e hijos en comparación con el grupo de control. Y, por otro lado, las personas que eran más pacientes lograban tener una rutina más constante haciéndolos capaces de crear hábitos en los niños.
El académico Sebastián Gallegos tiene dos investigaciones ya publicadas con el equipo de la U. de Chicago en revistas internacionales "top of the field", de alto prestigio y con revisión de pares” ( A Behavioral Approach to Increasing Preschool Attendance y Using Behavioral Insights to Increase Parental Engagement ) y actualmente se encuentra trabajando en una segunda versión de uno de estos proyectos y preparando propuestas de investigaciones, que consideran cerca de 2 mil familias en Chicago.