Nuevas lecturas a la crónica latinoamericana escrita por mujeres
Universidad | Publicado el 18 de junio de 2025

Claudia Darrigrandi, académica de la Facultad de Artes Liberales, es Ph.D de Cultura y Literatura Latinoamericanas de la Universidad de California, Davis, y Licenciada en Historia, P. Universidad Católica de Chile. Es investigadora del Centro de Estudios Americanos y co-editora de Textos Híbridos y de la Revista de Estudios sobre Crónica y Periodismo Narrativo.
Claudia recientemente se adjudicó un proyecto FONDECYT para desarrollar su investigación que se titula “Más allá del acontecimiento: constelación material en la crónica escrita por mujeres", desde donde abordará su interés por la crónica latinoamericana.
“La crónica fue parte de mi tesis doctoral y de mi investigación post doctoral. Desde siempre ha sido un desafío el poder definirla porque es un género referencial e híbrido que mezcla la literatura con el periodismo. La crónica es además muy variada porque existe aquella más cercana al mundo de los poetas, también la que es más descriptiva desde el periodismo con vetas de documental y en otras es más cercana a la ficción” y agrega “respecto a mi trabajo y, en especial, para este proyecto FONDECYT, siempre he tenido interés en la escritura de mujeres, a quienes les costó entrar al espacio público, ya través de la crónica, la columna de opinión y las secciones femeninas, considerados como espacios “menores” les permitió hablar de sociedad, política y economía desde lo que se consideraba más trivial”.
La investigadora explica que como a las mujeres de principios del siglo XX se les hacía complejo publicar sus libros, la crónica, en Latinoamérica y en Chile, fue una de las entradas al campo literario y cultural para muchas escritoras. “Ellas fueron muy hábiles y estratégicas ya que se tomaron la sección femenina de diarios o revistas, donde se esperaba en la época que escribieran desde un lugar que les era asignado, pero a poco andar, lo usaron como medio para escribir de otros temas o criticar ese mismo lugar asignado”.
La académica explica que dentro de esta descripción de lo cotidiano y del ámbito del hogar, cobran mucho valor los objetos, el mundo material; la ropa, el alfiler, el teléfono, las ollas. A eso le llama “constelación material”. Y al darles una segunda lectura, permite resignificar la relación entre los seres humanos y los objetos, otorgándoles un valor para repensar la crónica.
En las crónicas de mujeres, se hablaba de decoración, el cuidado de los niños, con qué abastecer un botiquín o de cómo poner la mesa, y dentro de estos relatos había objetos que cobraban importancia, desde el punto de vista de lo que significan más que por lo que son materialmente.
“En el poema titulado “Un lápiz”, de Alfonsina Storni habla de ese lápiz, como si éste fuera una bomba, este lápiz lo lleva dentro de la cartera. En el poema se describe todo lo que hay en ella cuando ella arroja ese lápiz, esto para dar cuenta de ese mundo privado, común y cotidiano. Lo importante es el vínculo de ese poema con toda la crónica de Storni de los años veinte publicadas en la revista La Nota y en el diario La Nación. El bolso y lo que lleva dentro apelan a un archivo de feminidades, algunas tradicionales, otras emergentes y modernas en el marco de una sociedad en proceso de transformación.
Esas figuras femeninas son exploradas por la cronista en la prensa: “La joven bonaerense”; “La perfecta dactilógrafa”, “La impersonal”, “La maestra”, “La médica”, entre muchas otras, en las que materias y objetos ocupan un lugar protagónico en el relato de la crónica. Úrsula K. Le Guin, por su parte, habla sobre la bolsa también como una metáfora de la escritura de la ciencia ficción y de la función que tiene la cartera para contener aquello que apreciamos y de aquello que necesitamos. Elisa Lerner, una cronista venezolana, titula sus antologías de crónica con el nombre de “carriel”, que es como se le llama a los bolsos en Venezuela y Colombia, y cuyo nombre viene supuestamente del inglés carry - all, algo donde uno “llevaba de todo” pero sin que se notara.
En una crónica de 1969, “El milagro de las hojas”, sobre los cabellos y ojos de la cronista, Clarice Lispector, se posa una hoja que cae de un árbol que luego ella toma y guarda en su cartera como si fuera un “diamante”. Estas hojas que se posan en su cuerpo intervienen su escritura no solo desde el punto de vista de los tópicos que Lispector aborda en las crónicas del Jornal do Brasil a finales de los sesenta e inicios de los setenta. Esas hojas, intervienen también el interés de una cronista por encontrar el origen de la vida de las plantas, secreto que solo podría revelarse en comunión con el mundo vegetal. Ese tesoro que ella guarda en su cartera, aún en estado fresco, es el engranaje con las otras especies del mundo vegetal que pueblan sus crónicas y, por supuesto, también sus cuentos y novelas. Muchos de estos textos en los que los objetos cobran un lugar protagónico, tensionaron, de alguna manera, las crónicas masculinas que apelaban más al gran acontecimiento, a diferencia del acontecimiento pequeño que protagonizan estos objetos.
Respecto a la importancia que tiene el haber obtenido financiamiento del fondo concursable para desarrollar su proyecto en la UAI, la académica señala que “es un trabajo que se inscribe plenamente en una de las líneas de investigación que tiene el departamento de Literatura, que es de cultura impresa y circulación de saberes. Si bien mi investigación es más específica, porque aborda la escritura de mujeres, esto es algo que le puede interesar a una gran mayoría porque está muy vinculado a lo que es el desarrollo de la historia de la prensa y de las mujeres en Latinoamérica, que nos lleva inevitablemente del campo literario al campo cultural”. Permite, a su vez, repensar la crónica latinoamericana desde otras aristas no contempladas hasta la fecha.
Sin embargo, Darrigrandi señala que “en la Universidad es importante enseñar con perspectiva de género a los y las estudiantes de pregrado, haciéndoles ver la historia para entender cómo y en qué medida se ha avanzado en esta materia. A veces, la percepción de los más jóvenes es muy presentista. Cómo si hablar de igualdad de género fuera algo de ahora cuando, en realidad, el contexto es mucho más amplio y su demanda, aunque no en esos mismos términos, ha estado presente en otros momentos y en muchas otras ramas del saber no sólo en la ligada a la literatura, sino que, a la economía, la biología, política, derecho, en fin, ¡en todo! En el tema específico de mi investigación, creo que su aporte es y será relevante porque con el desarrollo de la crónica uno puede entender en parte el camino que tuvieron que recorrer las mujeres para poder opinar sobre otros temas que no fueran sólo la familia o el hogar”.