María José Barros Cruz: El arte es un movilizador de cambios capaz de ampliar nuestra conciencia
Universidad | Publicado el 7 de mayo de 2025

María José Barros, Doctora en Literatura (P. Universidad Católica de Chile), se integró el año 2020 a la Facultad de Artes Liberales al departamento de Literatura. Desde ahí ha seguido especializándose en el estudio de la poesía mapuche y chilena contemporánea y el análisis de las representaciones e imaginarios de la naturaleza en diálogo con los activismos, la descolonización y otras artes. “Me di cuenta de que había muchas mujeres artistas que incorporaban en sus obras una mirada activa frente a la defensa y la conservación de las aguas. Y que, además, en la poesía mapuche, la presencia de las aguas como un elemento sagrado y fundamental para el sostenimiento de todas las vidas, era una constante”.

En los años que le tomará desarrollar el Fondecyt “Hidrocartografía de la poesía chilena-mapuche y otras artes recientes: culturas del agua, comunidades multiespecies y memorias fluviales del siglo XXI” que se adjudicó recientemente, estará trabajando con dos coinvestigadores. Ellos son Rubí Carreño de la P. Universidad Católica y Dámaso Rabanal, de la UACh, con quienes se ha propuesto estudiar un eje por año. El primero trata sobre los choques entre distintas culturas del agua, una afín a la lógica de mercado y otra a una ética ecológica, sustentable. El segundo eje aborda los entornos acuáticos, como los glaciares, ríos, humedales o cascadas, entendiendo su conformación multiespecies y la presencia de diversos “seres” del agua, que pueden ser físicos y espirituales a la vez. En el tercer eje trabajarán la elaboración de memorias fluviales a partir del Mapocho, pasando por el Bío-Bío, hasta llegar al Calle Calle. Por último, en el cuarto eje, buscarán configurar una genealogía literaria en torno al agua y establecer filiaciones con autores de la tradición chilena como Neruda, Mistral o Zurita.
La relevancia del agua y su simbolismo
Si bien la problemática estética, política y cultural de las aguas es transversal, está muy presente en las producciones de artistas mujeres y de las disidencias sexuales. Tal es el caso de Seba Calfuqueo, destacada artista visual y performer mapuche, cuyos trabajos exploran la materialidad fluida de las aguas como una metáfora transgresora y emancipatoria para pensar las identidades de género no binarias. En este sentido, la profesora Barros afirma que el trabajo con las aguas en la literatura y en las artes no puede ser pensado al margen de un enfoque de género y una mirada ecofeminista. “Así como ha habido una degradación y una explotación del cuerpo de las mujeres, esto también se observa en el daño ocasionado a la naturaleza. A partir de los años 70 en adelante, el ecofeminismo ha demostrado que estas violencias están directamente relacionadas con un problema estructural colonial, patriarcal y económico-productivo, que exige una aproximación crítica interseccional”.
En las últimas tres décadas, la pregunta por las aguas se ha vuelto relevante no sólo desde un punto de vista ecológico, sino también como una posibilidad material y simbólica para reflexionar sobre la praxis artística y literaria. Según Barros, muchas de las obras consideradas en el proyecto se caracterizan por construir un lugar enunciativo fluido y desplegar estéticas líquidas que entrecruzan libremente distintos soportes, lenguajes y medios artísticos. “Por eso en nuestro Fondecyt no solo trabajaremos con poesía, sino también con videoperformances, videopoemas o instalaciones que involucran expresiones poéticas".
Para la académica María José Barros, las obras de estos artistas nos invitan a cambiar nuestra forma de pensar, sentir y vincularnos con las aguas, mediante la puesta en valor y resignificación de las epistemologías indígenas y una bioética de la reciprocidad. Esto significa entender que el agua no es un “recurso” o una materia inerte que debe ser bombeada, represada, explotada o mercantilizada, sino un ser con agencia, en constante movimiento y muchas veces radical, del cual todos y todas dependemos para vivir. Otra invitación se relaciona con la necesidad de pensar las aguas no de manera abstracta o desterritorializada, sino como una fuente de vida que está concadenada a otros seres, por lo que su deterioro o daño afecta inevitablemente a otros. “Los trabajos de estos artistas nos muestran que todos somos naturaleza y que la biodiversidad es un gran entramado de vidas interrelacionadas e interdependientes”, explica María José.
Repensar la realidad desde el arte es esencial
Esta manera de vincularse con las aguas también se puede observar y rastrear en las tradiciones europeas. En la “Odisea” de Homero, el mar está habitado por seres acuáticos -algunos temibles, monstruosos y otros de gran belleza y encanto como las sirenas- que desafían a Ulises en su retorno a Ítaca. En las “Metamorfosis” de Ovidio, muchas de las transformaciones que leemos en los mitos involucran la presencia de hermosas ninfas o ríos-padres dotados de personalidad y capaces de engendrar vidas humanas. Asimismo, hasta hoy en Europa y muchos otros lugares del mundo se les atribuyen a las aguas propiedades sanadoras y la gente peregrina para bañarse en ellas o llevarse una botella de agua bendita. La dimensión espiritual y sagrada del agua es una creencia que atraviesa todas las culturas, por cierto, con sus particularidades.
La académica UAI señala que la importancia de su investigación radica en la posibilidad de abordar problemas actuales y urgentes como el daño ecológico y las consecuencias del extractivismo, pero no desde el terreno de la victimización o las narrativas del fracaso, sino desde una propuesta activa, colaborativa y movilizadora. “La pensadora Donna Haraway, en su alucinante ensayo “Seguir con el problema”, nos dice que frente a la crisis climática actual no podemos caer en los discursos de la catástrofe ni del game over, sino que debemos empoderarnos y atrevernos a pensar y actuar creativamente con otras especies más allá de lo humano, para poder contribuir a un mundo más justo, respetuoso, colaborativo y amable. Son obras que presentan otras formas de vivir en comunidad”.
Finalmente, la profesora Barros dice que la Facultad de Artes Liberales de la UAI tiene una vocación por lo interdisciplinario y por “hacer dialogar” a las ciencias con el arte y las humanidades. “En nuestra universidad los y las estudiantes reciben una formación no fragmentaria del conocimiento y se busca potenciar en ellos una apertura a distintas disciplinas y formas de comprender el mundo, que van más allá de su formación profesional. Pienso que nuestra investigación sobre las aguas va en la misma línea, porque los artistas que estudiamos son transdisciplinares y nos motivan a pensar, sentir y actuar no sólo desde lo académico, sino como ciudadanos sensibles y reflexivos, pero al mismo tiempo constructivos y empáticos”.