Intelectual británico Jesse Norman visitó la UAI en el marco de la Semana de Adam Smith

Universidad | Publicado el 28 de septiembre de 2026

Intelectual británico Jesse Norman visitó la UAI en el marco de la Semana de Adam Smith

 

Un día después de que el campus Viña del Mar de la Universidad Adolfo Ibáñez acogiera la ceremonia de entrega a la Biblioteca UAI de un ejemplar de la primera edición de La riqueza de las naciones –seguida por la conferencia de Jesse Norman "Trump, tariffs and the future of AI"–, la reflexión en torno al legado de Adam Smith se trasladó a Santiago.

En el auditorio de pregrado del campus Peñalolén, Leonidas Montes, director de la Cátedra Adam Smith UAI, conversó con Norman, intelectual y político británico, exministro, miembro del Parlamento y autor de numerosos libros, entre ellos Adam Smith: What He Thought, and Why It Matters. La actividad formó parte de la Semana de Adam Smith, realizada entre el 21 y el 23 de septiembre en ambos campus de la Universidad con motivo de los 250 años de la publicación de La riqueza de las naciones.

Al dar la bienvenida, el rector Francisco Covarrubias destacó el significado que tiene para la Universidad haber incorporado a su biblioteca un ejemplar de la primera edición de la obra y señaló que la UAI es ahora una de las pocas universidades que cuentan con este libro, al que calificó como "un tesoro invaluable y motivo de gran orgullo y satisfacción". Recordó además que, desde hace una década, todos los estudiantes de primer año leen La riqueza de las naciones, junto a otros grandes textos clásicos, como parte de su formación en Artes Liberales. "Estar expuestos a distintas ideas es central en la formación para que ustedes puedan formar las suyas propias", afirmó. Además, sostuvo que muchas de las discusiones presentes en la obra de Smith mantienen plena vigencia, precisamente una de las características que definen a un clásico: su capacidad de entregar respuestas y, sobre todo, de formular preguntas que siguen interpelando al mundo contemporáneo.

Por qué La riqueza de las naciones sigue siendo relevante

Montes abrió la conversación preguntando por qué, 250 años después de su publicación, La riqueza de las naciones sigue siendo una obra fundamental para comprender la economía, la sociedad y la naturaleza humana. Norman explicó que una primera respuesta está en que Smith no solo sentó bases fundamentales para la economía y la economía política, sino que escribió en un momento decisivo para comprender una transformación histórica de gran magnitud. Durante miles de años, explicó, los ingresos reales prácticamente no aumentaron y aquello que hoy entendemos como crecimiento económico sostenido no formaba parte de la experiencia habitual de las sociedades. Recién hacia fines del siglo XVIII comenzó a producirse un cambio sustantivo y La riqueza de las naciones apareció precisamente en ese contexto, ofreciendo herramientas para comprenderlo. "Este no es solo un libro que habla de las bases de casi todo lo que hoy pensamos sobre economía y economía política. También es un libro que explica algo extraordinario sobre la manera en que el mundo ha cambiado a lo largo de los últimos siglos", sostuvo Norman.

Su vigencia, añadió, también radica en la capacidad de Smith para explicar fenómenos reconocibles en la vida cotidiana: desde el funcionamiento de los mercados de la vivienda, el trabajo, las finanzas, los bienes y los servicios, hasta preocupaciones relacionadas con el materialismo, el estatus o la admiración social por la riqueza. "No se trata solo de economía, ni siquiera solo de economía política. Es una investigación profunda sobre la naturaleza humana, junto con su contraparte, La teoría de los sentimientos morales", afirmó. Por eso, agregó, constituye también una obra especialmente fértil para aproximarse a las Artes Liberales.

Una nueva manera de entender la riqueza

La conversación avanzó luego hacia el propio título de la obra, An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, y hacia lo que significaba preguntarse por la naturaleza y las causas de la riqueza en 1776. Norman explicó que, hasta entonces, predominaban concepciones económicas estrechamente vinculadas a estructuras jerárquicas y relaciones de dependencia personal, junto con una visión mercantilista de la riqueza nacional. El bienestar de un país tendía a medirse por la cantidad de oro, plata y dinero que lograba acumular. De ahí la importancia atribuida a obtener metales preciosos o mantener superávits comerciales frente a otros países. Smith propuso una manera distinta de abordar el problema. Según explicó Norman, para Smith la riqueza de una nación debía comprenderse a partir de su capacidad productiva real y de aquello que esa capacidad podía generar para quienes finalmente consumían bienes y servicios. En términos contemporáneos, esa mirada se aproxima mucho más a conceptos como el producto interno o el producto nacional que a la mera acumulación de reservas. El giro tenía además otra dimensión decisiva: situaba a los mercados en el centro de la economía política. Aunque los mercados existían desde mucho antes y bajo formas muy diversas, Smith les otorgó un lugar intelectual completamente nuevo.

"Es una reorganización intelectual radical, con nuevas categorías y nuevas maneras de pensar", señaló Norman. Ese cambio, explicó, ayuda a entender por qué La riqueza de las naciones se convirtió en uno de los textos fundacionales de la economía moderna y por qué sus categorías continúan ejerciendo una influencia tan profunda. La discusión, agregó, tampoco pertenece únicamente al siglo XVIII. La tensión entre visiones mercantilistas o imperiales y un mundo articulado mediante mercados e intercambio continúa presente. En Smith, recordó Norman, cada persona participa de una sociedad comercial en la que vive intercambiando con otros, una relación que supone también cierto reconocimiento mutuo y una dimensión igualitaria que contrastaba con las relaciones de dependencia características del orden feudal.

División del trabajo, intercambio y "la mano invisible"

Otro de los conceptos abordados fue la división del trabajo, que Smith introduce al comienzo de La riqueza de las naciones mediante su célebre ejemplo de una fábrica de alfileres. Norman explicó que dividir las distintas etapas de la producción permite una mayor especialización, favorece el uso de equipamiento especializado y eleva la productividad. A medida que los mercados crecen, esa especialización puede profundizarse y ampliar también la variedad de bienes y servicios disponibles. Pero la conversación llevó esa idea un paso más allá. Si para Smith los seres humanos poseen una inclinación a "trocar, permutar e intercambiar", Montes preguntó por qué el intercambio ocupa un lugar tan importante en su pensamiento. "El punto que plantea Smith es que el intercambio no es solo una cuestión de incentivos; también deriva de un acto de imaginación moral", explicó Norman. En el pensamiento de Smith, agregó, intercambiar supone imaginar qué puede querer o necesitar otra persona, situarse de algún modo en su perspectiva y reconocer su bienestar. Esa capacidad de identificación conecta la actividad económica con una dimensión moral y permite entender por qué, en Smith, los mercados no pueden reducirse a una mecánica de incentivos y precios: operan dentro de una determinada economía moral y política.

A propósito de la llamada "mano invisible", Norman advirtió además que la expresión ha adquirido una centralidad muy superior a la que posee en los propios escritos de Smith, donde aparece solo en tres ocasiones. Lo importante en Smith, explicó, es la idea que representa: decisiones individuales que nadie ha coordinado desde arriba pueden, al complementarse mediante la oferta, la demanda y el intercambio, producir consecuencias colectivas beneficiosas que ninguno de sus participantes diseñó de antemano. Esa noción, sin embargo, no convierte a Smith en un defensor de un mercado carente de límites. "Adam Smith no es un pensador del laissez-faire. No cree que todo comercio, en todo momento, deba ser enteramente libre", afirmó Norman. Smith defendía mercados abiertos, explicó, pero admitía circunstancias en que otras consideraciones podían imponerse. Para él, por ejemplo, la seguridad nacional podía ser más importante que la prosperidad económica, por lo que aceptaba intervenciones destinadas a asegurar el adecuado funcionamiento de los mercados o a subordinarlos a objetivos como la defensa.

En esa misma línea, Norman explicó que, para Smith, el comercio abierto, cuando opera dentro de instituciones, normas y reglas que incorporan condiciones de equidad y ordenan el intercambio, constituye una de las formas más beneficiosas de promover tanto la prosperidad propia como la de otros. Esa idea, agregó, resulta central no solo para comprender el cambio económico que comenzó a producirse hacia fines del siglo XVIII, sino también para pensar el funcionamiento de las economías contemporáneas.

Adam Smith más allá de la economía

Montes llevó después la conversación hacia la amplitud de los intereses intelectuales de Smith. Además de economía y ética, trabajó sobre jurisprudencia y dictó tempranamente cursos sobre retórica y lenguaje. Norman explicó que esa diversidad no respondía simplemente a que en el siglo XVIII fuera posible cultivar múltiples disciplinas, sino a una determinada concepción del conocimiento. Smith, señaló, entendía el mundo como "un todo integrado" cuyas distintas dimensiones debían examinarse conjuntamente. Prescindir de una de ellas impedía alcanzar una comprensión profunda del conjunto.

En ese punto, Norman vinculó directamente el pensamiento smithiano con la formación en Artes Liberales. Su valor no reside únicamente, dijo, en el efecto humanizador de leer grandes obras, sino también en la posibilidad de ampliar las formas desde las cuales comprendemos la realidad. Y propuso una clave para leer el conjunto de la obra de Smith: "El pequeño secreto de todo Smith es este: la idea clave que atraviesa todo su pensamiento –desde el lenguaje y las ideas hasta el derecho y la jurisprudencia, los mercados y los servicios, la ética y los valores morales– es el intercambio", afirmó. "Obtenemos nuestros valores morales, nuestra prosperidad y la mejora de nuestras formas de expresión y de nuestras ideas intercambiando con otros", agregó. Así, el intercambio deja de ser solamente un mecanismo económico. Se transforma en un principio que conecta distintas dimensiones de la experiencia humana y permite comprender por qué economía, ética, lenguaje, derecho y vida social forman parte, en Smith, de una misma reflexión.

Libertad, reglas y responsabilidad

Hacia el final de la conversación, Montes relacionó estas ideas con los principios de "Pensar con Libertad" y "Flexhabilidad" que inspiran la formación de la UAI y preguntó qué habría pensado Smith de estas ideas. Al responder desde el pensamiento de Smith, Norman distinguió entre libertad y licencia: esta última entendida como la posibilidad de hacer simplemente lo que se quiera. En esa lectura, la libertad genuina supone un orden compartido y un conjunto de reglas que permite a los seres humanos vivir y desarrollarse junto a otros. Desde esa perspectiva, el pensamiento de Smith tampoco puede identificarse con la exaltación irrestricta del interés individual. Norman enfatizó que Smith no atribuía valor moral a una codicia humana sin límites y que su concepción de la vida social descansaba, precisamente, en los beneficios que surgen de relacionarse e interactuar con otras personas. En la lectura de Norman, la libertad en Smith debe comprenderse entonces como una libertad ejercida con otros y acompañada de responsabilidad, una idea que, al igual que las preguntas de Smith sobre la riqueza, los mercados, la moral y el intercambio, conserva su capacidad de abrir discusiones dos siglos y medio después de la publicación de La riqueza de las naciones.