El barrio de origen, aunque sea vulnerable, puede generar un vínculo de cariño y orgullo
Universidad | Publicado el 19 de mayo de 2025

“Barrios vulnerables e historia sociopolítica: estudio mixto acerca de las funciones psicosociales que cumple el barrio para hombres y mujeres” es el título del Proyecto Fondecyt que acaba de adjudicarse la investigadora Teresa Ropert. La investigadora, Doctora en Filosofía, y PhD en Psicología (P. Universidad Católica) y Máster en Sociología Clínica en la Université Paris Cité, Francia, se integró hace seis años a la Escuela de Psicología de la Universidad Adolfo Ibáñez para profundizar en sus líneas de investigación con foco en los procesos de exclusión social, la juventud, la relación entre personas y territorios, la segregación socio-urbana y la metodología cualitativa con enfoque narrativo y técnicas móviles emplazadas en el espacio cotidiano.
Ropert comenzó a interesarse por el área más psicosocial, cuando empezó a atender a pacientes vulnerables en la población La Legua, y también mientras trabajó con jóvenes que habían cometido delitos y que estaban en el proceso de reinserción. “Esas primeras experiencias laborales despertaron mi interés y comencé a sistematizar lo que iba aprendiendo. Yo podía trabajar en las sesiones terapéuticas con los pacientes y poner objetivos, pero el contexto en el que estos pacientes se desenvolvían era muy protagonista en sus vidas. Mucho más que en otras personas porque finalmente, el contexto y cómo éste nos influye identitariamente es determinante”, reflexiona la investigadora.
Fue en la época de su Máster que decidió abordar el tema de los jóvenes de La Legua que era y sigue siendo un barrio sobre-intervenido. Y se interesó por estudiar cómo influía la historia de violencia sociopolítica en su relación con los interventores psicosociales, es decir “esta gente que viene de otros lugares a intervenir a los jóvenes, su tiempo, sus prácticas”, señala Teresa.
Después, durante su doctorado, trabajó con grupos de jóvenes de cuatro barrios críticos, estigmatizados y excluidos, para hacerse la pregunta de cómo influye el entorno en el que se nace para conformar la identidad, pero también cómo las personas se mueven por la ciudad, desde su barrio a otros sectores y qué diferencias se establecen en esa movilidad urbana cotidiana. “Por ejemplo, es interesante ver cómo afecta la movilidad a una joven que nace y vive en La Legua pero luego se muda a Santiago Centro o va a trabajar diariamente a otra comuna”.
Movilidad social y pertenencia
El estudio da cuenta de cómo en el Chile urbano se vive en una realidad muy segregada donde la movilidad espacial está cruzada por la movilidad social. “Si nos movemos de una comuna a otra mejor conseguimos, de alguna manera, movernos socialmente y ser parte de un espacio que cuenta con cosas gravitantes como el acceso a servicios, transporte, alumbrado público, etc.”.
Teresa Ropert cuenta que al observar este ejercicio de movilidad urbana se presentan aspectos positivos, pero también se da el efecto de “tomar perspectiva” o de “salir de uno mismo”, de mirar el barrio en el cual uno nació y se crio, con otros ojos al interactuar con un mejor entorno. Donde, se van generando procesos de identificación con el barrio, pero también de diferenciación con cuestionamientos profundos como ¿quiénes somos realmente? ¿o quiénes queremos ser?
La hipótesis que fundamentó su postulación al Fondecyt es que, a pesar de las precariedades del barrio de origen, puede existir mucho bienestar asociado a ese lugar y explica “desde la política pública se le llama barrio crítico, pero se advierte mucho apego dentro las narrativas de las
personas. La movilidad social urbana puede generar mucha nostalgia por el lugar de origen porque éste representa tu casa, tu infancia y tus recuerdos. Es el espacio familiar cómodo y que se conoce”.
Incluso donde la realidad puede ser más compleja, a veces, en entornos extremos donde la convivencia gira en torno a ciertas violencias, existen sentimientos de apego. Esto es difícil de entender ya que finalmente se trata de un sentido de pertenencia. La investigadora dice que “muchas veces en los barrios surgen grupos con relaciones significativas que cumplen con funciones psicosociales donde, por ejemplo, las organizaciones vecinales son muy importantes, porque a través de ellas se hace frente al olvido del estado, al peligro y al estigma, pero además generan redes sociales significativas y espacios para la actividad identitaria y cultural”.
Esto es algo que se puede ver en los jóvenes que, a pesar de querer salir para estudiar y ser profesionales sienten la necesidad de volver a sus barrios de origen a trabajar para “devolver la mano”. Ropert señala que “esto rompe el estigma de la meritocracia en Chile que es pensar que la gente, una vez que se mueve a otro lugar mejor es mucho más feliz al ascender en la escala económica y social. En ese sentido, no es verdad que las personas sólo quieran huir de sus barrios vulnerables, sino que muchas veces sienten un genuino cariño y orgullo por el mismo. Estas ambivalencias pueden ser difíciles de sortear para quienes tienen trayectorias de movilidad socioespacial en ciudades tan segregadas como las chilenas".

Planificación territorial e investigación con perspectiva de género
Como la movilidad social de barrio conlleva tensión identitaria, la política pública según Ropert, no puede por ello barajar únicamente el aspecto material. Los casos de relocalización, post desastres generados por un terremoto, un mega incendio o inundación pueden fracasar si se piensa que construyendo las casas de las personas en otro lugar está todo resuelto. Esto puede provocar conflictos psicosociales profundos. “Una colega mía, Lais Pinto de Carvalho da cuenta en su estudio de Tesis Doctoral “Lo político del apego al lugar: subjetividades especializadas en Chaitén sur, un territorio inhabitable”, el caso emblemático de la erupción del volcán Chaitén en el cual la gente que había vivido por generaciones en un mismo lugar no quería abandonar sus casas y volvía a ellas para poner banderas negras en señal de luto y negativa a trasladarse. Decían de aquí no nos movemos y esto es porque los espacios no son inocuos. Las personas nos vinculamos con los territorios, como nos vinculamos con las personas”.
Teresa Ropert dice que este proyecto fue pensado desde la perspectiva de género ya que parte desde el origen de las cosas y mira “hacia adentro” en vez de sólo querer avanzar desde lo material. También, por la naturaleza del objeto de estudio que son justamente las poblaciones críticas y sus habitantes, y de cómo una mujer investigadora – siendo un agente externo – puede ingresar y hacer su trabajo en un ambiente complejo.
“Ser una extranjera en ese barrio, te puede poner en una situación de peligro. Inevitablemente, he pensado en los horarios de entrada y de salida, en temas relacionados a la seguridad. Pero también es verdad que son justamente las mujeres las que se hacen cargo de la organización vecinales/territoriales. Ellas son las liderezas con las que probablemente tendré que trabajar para acceder a más información y eso igual es algo bonito porque en ellas está la noción de cuidado de ese barrio que funciona muchas veces como una red orgánica, donde las vecinas se turnan para cuidar a los niños, se hacen colectas para los enfermos o se organizan ollas comunes en tiempos de escasez”, concluye la investigadora UAI.