David Rueda: “La IA funciona cuando libera tiempo para acompañar mejor a los estudiantes”

Universidad | Publicado el 22 de diciembre de 2025

David Rueda: “La IA funciona cuando libera tiempo para acompañar mejor a los estudiantes”

En el marco del programa ConectIA: Habilidades para la Academia del Futuro, impulsado por la Universidad Adolfo Ibáñez en alianza con CENIA, las comunidades de práctica avanzan en la construcción de casos de uso concretos de inteligencia artificial aplicados a la labor académica implementados durante el segundo semestre. Desde una mirada tecnológica y estratégica, David Rueda Sepúlveda, ingeniero civil informático con MBA y profesor en la Escuela de Diseño UAI, destaca el valor del programa como un espacio de colaboración transversal entre disciplinas.

Con más de 25 años liderando proyectos tecnológicos en Chile, México y Perú, Rueda ha desarrollado su carrera en torno a ERP, CRM, Business Intelligence y gestión de datos. Su llegada a la docencia fue gradual, casi incidental: “Yo siempre había tenido alumnos, casi sin darme cuenta. Porque en cada proyecto tecnológico debía capacitar a los usuarios. Implementar tecnología sin enseñar a usarla no sirve”, explica.

Ese cruce entre tecnología y pedagogía es el que hoy lo tiene muy entusiasmado participando en ConectIA. Para Rueda, uno de los grandes valores del programa es la diversidad de miradas que se encuentran en las comunidades: “Eso es lo más entretenido del programa. Hay profesores del mundo de la historia, de letras, de ingeniería. Uno accede a puntos de vista que en el quehacer diario probablemente no conoce, y eso enriquece mucho la discusión”.

Desde su experiencia, detectó tempranamente una necesidad clave antes incluso de hablar de IA: la colaboración efectiva entre docentes. “Nos dimos cuenta de que antes de compartir herramientas de inteligencia artificial, faltaba una patita previa: que los profesores colaboraran entre ellos”, relata. A partir de esa observación, impulsó la creación de una estructura digital compartida para su comunidad, donde los académicos pudieran identificar sus fortalezas, compartir conocimientos y apoyarse mutuamente. “Si sé quién sabe qué cosa, no parto de cero. Le pido ayuda, colaboramos y avanzamos más rápido”.

La adopción de la IA en la academia no es solo un desafío tecnológico

Para Rueda, la adopción de la IA en la academia es muy similar a los procesos de transformación tecnológica en las empresas. “Siempre hay que encantar primero, mostrar beneficios concretos”, señala. En su opinión, el objetivo no es tecnológico en sí mismo, sino profundamente pedagógico: “Hay una expectativa clara de que los profesores puedan dedicar más tiempo a los alumnos, que es donde realmente deberíamos estar”.

Ese cambio, advierte, solo es sostenible si existen bases claras: un propósito compartido, estructuras de colaboración activas y herramientas simples que realmente ahorren tiempo. “Si una herramienta te permite resumir una reunión en minutos y antes te tomaba horas, es imposible que no veas el beneficio. El tiempo que liberas lo puedes usar para preparar mejor tus clases, acompañar mejor a tus estudiantes”.

Mirando hacia el futuro, Rueda subraya que el desafío no es solo tecnológico, sino cultural. Los estudiantes muchas veces llegan antes que los profesores al uso de estas herramientas, y eso obliga a los académicos a mantener una actitud de aprendizaje permanente. “Mientras más nos demoramos en sumarlas a nuestro día a día, más nos vamos quedando atrás. El alumno necesita ir acompañado en este proceso”, afirma.

En ese contexto, identifica algunas cualidades clave del docente del futuro: curiosidad, pensamiento crítico, creatividad y flexibilidad. “Ser creativo no es usar la IA para que haga la tarea por ti”, aclara, “es encontrar dónde realmente te ahorra tiempo para dedicarte a lo que sí tiene valor educativo”. Desde esa mirada, la inteligencia artificial no reemplaza el rol docente, sino que puede fortalecerlo.

La experiencia de David Rueda en ConectIA se suma así a la de otros académicos que han participado del programa, mostrando que la integración de IA en la educación superior no pasa solo por herramientas, sino por comunidades que colaboran, comparten aprendizajes y se atreven a repensar su forma de enseñar.