Constanza Baquedano: "Salvar nuestra salud mental es salvar la salud de nuestro planeta"

Universidad | Publicado el 1 de octubre de 2024

Constanza Baquedano: "Salvar nuestra salud mental es salvar la salud de nuestro planeta"

Hace 10 años, cuando Constanza Baquedano Larraín comenzó a estudiar los efectos de la meditación en la salud mental de las personas en Chile, por lo que decidió viajar a Francia donde conoció el “Mind and Life Institute”, fundado por el reconocido científico chileno Francisco Varela y el Dalai Lama, que promueve este tipo de investigaciones. En la misma línea, para mejorar la salud mental, empezó a explorar el estudio de psicodélicos, desde otro paradigma, respetando la cosmovisión de pueblos indígenas y ahora hace algunos meses, también postuló a un Fondecyt de Iniciación y a un concurso IDEA I+D, para ver el potencial de la psilocibina sobre la depresión resistente.  

"Cuando gané el Varela Award Grant (en honor a Francisco Varela) que otorga el “Mind and Life Institute” en abril, obtuve una beca por dos años para continuar con mi proyecto "Uniendo las mentes y la naturaleza: integrando sabidurías contemplativas para mejorar la conexión con la naturaleza, el comportamiento pro - ecológico y el bienestar” que busca estudiar y profundizar en la experiencia de conexión con la naturaleza a modo de entender cómo el contacto con la ella, con técnicas contemplativas, pudiese fomentar el sentimiento de conexión con la naturaleza que deriva en otros beneficios. El haberme ganado este reconocimiento para mí fue clave porque en Chile yo no tenía ninguna posibilidad de obtener recursos ya que como país estamos atrasados en al menos una década en estos temas”.

La idea es poder fomentar la experiencia de conexión de la naturaleza sobre todo con los seres humanos urbanos, dado a que se ha visto que el grado de “natureconectedness” es un predictor de comportamiento pro-ecológico y también de bienestar psicológico, que ha sido respaldada por una vasta literatura que da cuenta de que las personas que entran en contacto con la naturaleza -de manera contemplativa- incrementan su bienestar mental lo que posteriormente genera la sensación de cercanía con la naturaleza, el querer cuidarla e interesarse por que sea respetada. 

El que esta experiencia se dé de manera “contemplativa” no es un capricho. A modo de ejemplo Constanza dice “no es lo mismo ponerse audífonos con nuestra play list para salir a correr, mientras pasamos por el parque o por un bosque que sentarnos a contemplar en silencio lo que pasa con esa naturaleza a nuestro alrededor; escuchar el viento, el crujir de las hojas, a los otros seres vivos. Sólo en ese contexto somos parte de una conexión única. Los seres humanos estamos a punto de convertirnos en una especie urbana, porque no entramos casi nunca en contacto con la naturaleza, la particularidad de sus especies, sus ciclos, etc”

Los desafíos globales urgentes, como la emergencia climática y la pérdida de biodiversidad, subrayan la necesidad de restaurar esta relación y esta investigación tiene como objetivo ver si la integración de la sabiduría contemplativa de tradiciones como el budismo y las visiones indígenas latinoamericanas puede mejorar el sentido de conexión con la naturaleza. 

¿Una investigación “hippy”?

Ya de vuelta en Chile señala que, si bien las investigaciones científicas han sido desde siempre muy amplias, temas como este que postulan la importancia de la meditación mindfulness o de la conexión de las personas con la naturaleza se consideran como muy hippies. “Cuando estaba trabajando en el tema relacionado a las adicciones en comida y de cómo la meditación podía cambiar esas conductas, recibí varios comentarios del estilo: “tú crees que la conciencia, y el amor nos van a salvar”. Y mi respuesta a eso es: “sí, puede ser y estoy viendo cómo optimizarlo desde el quehacer científico”.  

La apuesta de Constanza es que, una vez que se empiecen a generar políticas públicas y fondos concursables centrados en la emergencia climática que afecta a nuestro medioambiente, los investigadores que se dediquen a estas áreas van a ser favorecidos con un puntaje especial porque éstos serán temas prioritarios. “Algo de esto ya está pasando. En las bases de los proyectos tecnológicos, cuando se postulan temas relacionados al cambio climático están dando pequeños incentivos de puntajes, pero en el área de la neurociencia y la sicología todavía no. Y en esto hay un error ya que querer aminorar los efectos de la crisis climática sólo desde los avances tecnológicos no nos va a acercar a soluciones reales, a la base hay un cambio de conciencia y de conducta”.Baquedano señala que para generar un cambio de conciencia respecto a nuestro entorno es preciso trabajar sobre un sistema de valores, es decir, sobre la forma en la que nos valoramos a nosotros mismos, a los demás y a la naturaleza de la cual somos parte, con el fin de generar cambios reales que nos incentiven colectivamente.

“Me interesa la meditación porque con ella practicamos “el aquí-ahora”, es decir, estar en conciencia. Y mientras más conscientes estamos de ciertas cosas de nuestro entorno y de nuestra relación con él, más responsabilidades tenemos porque empezamos a tener la información para ejecutar decisiones éticas”.

La investigadora señala que, las personas que, al contrario, estando conscientes de una situación poco ética en su entorno y no toman ninguna medida para remediarlo sufren, a largo plazo, consecuencias sicológicas a raíz de esto y agrega que “por eso las personas que logran romper con ciertos mandatos sociales impuestos por el entorno que son convenientes, pero no éticos, y que gracias a su conciencia entrenada logran ver lo que hace daño, son seres excepcionales. Son personas que deciden salirse de su espacio de comodidad y conveniencia para ver lo que ocurre en su entorno y cómo esto los afecta a ellos y a otros. A estas personas las mueve tomar decisiones éticamente correctas, que es lo que nuestra sociedad necesita hoy con urgencia, tanto para nuestra salud mental y la salud de nuestro planeta”.

Constanza también se ha dedicado al estudio de psicodélicos que, si bien es un tema más exploratorio, se pueden ver como una oportunidad para tratar la salud mental desde otro paradigma respetando la cosmovisión de otras culturas. Y explica que “hay ciertos tipos de depresión, como la resistente, que no responde a fármacos convencionales y donde los psicodélicos pueden ser una mejora en casos particulares. En Chile, se estima que hay un 13% de la población que tienen sintomatología depresiva y de esas, 6,2% ha sido diagnosticada formalmente, sin embargo, de ese 6,2%, un 30% no responde bien a los fármacos y, de esos, un 15% no responde en absoluto a ningún fármaco que es lo que se llama depresión resistente al tratamiento. Esto, es como si la ciudad de Copiapó con sus 180.000 habitantes estuviera con depresión resistente. Es muchísimo".

Para estas personas la alternativa es inyectarse ketamina que es un medicamento que puede generar un potencial de abuso ya que es muy fuerte (se usa en cuadros de profunda depresión, sobre todo en aquellas que han presentado intentos de suicidio) o la terapia electroconvulsiva, más conocida con “electroshock” que no tiene mucha aceptabilidad y que tiene consecuencias cognitivas importantes si su uso es prolongado.

Conciencia, consumo y crisis climática

La mala salud de nuestro planeta – la crisis climática - está conectada a la mala salud mental creciente en nuestra sociedad. La manera que tenemos de no ser conscientes de lo que realmente nos rodea y de aquello que realmente necesitamos lo hemos sustituido de a poco con la respuesta a impulsos de aquello que deseamos. “En los últimos 10 años de investigación lo que puedo concluir es que el mindfulness o un estado de conciencia más plena puede inhibir el impulso de acercarnos o desear aquello que queremos, desde papas fritas, un nuevo abrigo o el auto de último modelo tanto en personas con entrenamiento como sin entrenamiento previo en meditación. Sin embargo, en personas sin entrenamiento previo en meditación esto no es así, ya que estimulándolos con imágenes de comida que van acompañadas de una estrategia de publicidad - que la hace ver más atractiva - el impulso es más fuerte y la actitud de atención plena en estas personas no logra su objetivo de no dar curso al impulso. Por eso necesitamos entrenar nuestros cerebros y mentes para vigilar e inhibir el impulso de acciones que generan efectos dañinos en nosotros mismos, en otros o sobre el contexto que nos rodea, como es el caso del sobreconsumo, por ejemplo”

Es decir, si queremos salvar nuestro hábitat tenemos que generar un cambio de conducta y de conciencia muy rápido respecto a nuestros patrones de consumo, que es lo que ha generado elevados niveles de obesidad y contaminación mundial para lo cual tenemos que generar múltiples estrategias de cambio.

Sin embargo, Constanza advierte que "estas estrategias son muy difíciles de implementar si no son colectivas. Ya que, por ejemplo, en el caso de la comida el cuerpo biológico humano evolucionó para ser altamente recompensado por comida alta en grasa y en azúcares, ya que en el pasado los que lo hicieron sobrevivieron y lograron reproducirse porque encontrarse con esas fuentes de alimento no era frecuente. Pero luego en la actualidad encontramos alimentos altos en grasa y azúcares casi en cada quiosco de esquina y nuestro cuerpo no ha tenido tiempo para readaptarse a la nueva disponibilidad de superávit”

Esto es similar con otras dinámicas conductuales de recompensa (o dopaminérgicas) referidas al sentido de pertenencia a un grupo o estatus social. Entonces con el cuerpo que tenemos, los individuos debemos regular demasiado el deseo de consumo que nos genera el ambiente y solo - sin entrenamiento - es muy difícil que lo logremos.

“Como sociedad, debiéramos ser capaces de generar mecanismos regulatorios que sean más importantes que la libertad individual de consumir (ej. cosas innecesarias o comidas dañinas), que nuestro cuerpo biológico y nuestro medio ambiente realmente no necesitan y nos hacen daño. “Yo estoy a favor de una cierta calidad de libertad, no de una libertad por sí sola porque los seres humanos somos seres biológicamente encarnados, situados en ambiente y ya estamos viviendo las consecuencias de no entender esto en nuestros cuerpos, mentes y ambientes”