Cecilia Inojosa: “La IA acorta caminos, pero la ‘vuelta larga’ es clave para entender las cosas”
Universidad | Publicado el 13 de noviembre de 2025

Cecilia Inojosa es doctor en Historia, coordinadora de los cursos disciplinares de Historia en la UAI y profesora de la Facultad de Artes Liberales. Cuenta con una trayectoria de 30 años en docencia universitaria. Especializada en historia antigua y, más recientemente, en la historia cultural de las emociones, la profesora Inojosa siempre ha estado atenta a cómo las habilidades tecnológicas pueden ampliar el desarrollo del docente y el investigador.
Actualmente participa en ConectIA: Habilidades para la Academia del Futuro, el programa de la UAI en alianza con el Centro Nacional de Inteligencia Artificial (CENIA). Su motivación principal es clara: “El día en que deje de aprender significa que estoy haciendo mal mi trabajo”.
Desde su participación en ConectIA –específicamente en la comunidad centrada en docencia personalizada–, Inojosa aborda la Inteligencia Artificial (IA) con un necesario “ojo crítico”. Para ella, la clave metodológica en las humanidades es “Human First”, es decir, poner a los humanos primero y usar la tecnología para fortalecer el criterio académico, “no para reemplazarlo”. Su gran preocupación es el riesgo de la “sobredependencia” de la IA a nivel de pregrado, donde algunos estudiantes llegan a un punto en que “creen que no pueden casi pensar”.
La profesora está llevando esta reflexión a la práctica en el curso-seminario “Emociones en la historia, perspectivas culturales y desafíos digitales”. Ahí una de las preguntas esenciales es: “¿De qué manera puede la inteligencia artificial contribuir como herramienta historiográfica a una comprensión más profunda y crítica de las emociones en la historia?”. Inojosa enfatiza que, si bien la IA puede servir como apoyo para verificar conceptos en “grandes corpus de fuentes primarias” (con técnicas como text mining, entre otras), el trabajo inicial de búsqueda y reflexión debe ser personal.
En su visión, el rol del profesor sigue siendo insustituible: enseñar a mirar con criterio lo que la IA ofrece, detectar sesgos, “alucinaciones” o simplificaciones, y guiar a los estudiantes en la recuperación de su “agencia intelectual”. “El ser humano requiere equivocarse. Lo que te lleva a la reflexión más profunda se inicia en las equivocaciones y en el errar que es propio del ser humano; es la práctica la que permite un mayor y mejor aprendizaje”.
Respecto a su experiencia en el programa, Inojosa valora el espacio que ofrecen las microprácticas de ConectIA: instancias más íntimas y colaborativas que permiten discutir los desafíos de la enseñanza en las humanidades. También destaca el carácter experimental del programa: “Hay que jugar –explica–, ver qué puedes lograr con las inteligencias artificiales y dónde está el límite metodológico y ético".
Finalmente, Inojosa subraya que la IA acorta caminos, pero el aprendizaje profundo requiere tiempo y contemplación. “La ‘vuelta larga’ es fundamental para entender las cosas, especialmente en un mundo dominado por la inmediatez. La verdadera comprensión nace de la pausa, del error y del pensamiento propio”, afirma.