Aprender sobre la migración desde la fisiología animal
Universidad | Publicado el 3 de julio de 2026

Para Camila Gherardi, la investigación es una forma de mirar la naturaleza desde múltiples dimensiones. A través de la genética, la ecología y la fisiología, ha construido una línea de trabajo orientada a comprender cómo las aves enfrentan la variabilidad ambiental y los desafíos del cambio climático.
Esa trayectoria, marcada por un enfoque interdisciplinario para estudiar la adaptación de las especies a entornos cambiantes, encuentra hoy un nuevo impulso con la adjudicación del Fondecyt de Postdoctorado 2025. Su proyecto, “Physiological tolerance of a widespread migratory songbird: latitudinal variability in the niche-tracking strategies”, le permitirá desarrollar durante los próximos tres años una investigación centrada en las estrategias fisiológicas que utilizan las aves migratorias para responder a distintos escenarios ambientales.
El proyecto de Camila se centra en comprender cómo una especie de ave migratoria de amplia distribución responde fisiológicamente a la variabilidad ambiental a lo largo de su rango geográfico.
Durante el invierno, estas aves se concentran en Brasil, y en primavera, migran hacia distintos puntos de Chile y el sur de Argentina, enfrentándose a climas radicalmente distintos: pasan por zonas cálidas y húmedas hasta regiones frías y australes. Esta dispersión ofrece un modelo ideal para estudiar lo que en ecología se conoce como “seguimiento” o “cambio de nicho”, ya que mientras algunos individuos migran hacia ambientes similares a los de origen, otros lo hacen hacia condiciones completamente diferentes.
La pregunta central es qué ocurre a nivel fisiológico cuando un animal enfrenta ese cambio: ¿Qué costos energéticos implica adaptarse a temperaturas más bajas? ¿Qué mecanismos de termorregulación se activan? ¿Existen diferencias entre quienes mantienen condiciones similares y quienes migran hacia ambientes más extremos?
Para abordar estas preguntas, Camila integra herramientas de ecología, genética y fisiología, utilizando equipamiento especializado que le permitirá medir variables metabólicas y energéticas. Además, ampliará significativamente la escala de muestreo, incorporando sitios en Santiago, Valdivia y Puerto Williams.
La integración entre migración y ecofisiología no solo es novedosa en Chile, sino que también refleja la colaboración entre investigadora y patrocinante. “Camila tenía muy buenas referencias, y cuando la conocí me di cuenta de lo rigurosa, minuciosa y profundamente responsable que es. Pero lo que más me dio confianza para trabajar con ella fue verla formular preguntas pertinentes y proyectar ideas propias”, explica Karin Maldonado. Desde el inicio identificó una conexión clara entre sus propias líneas de trabajo en nicho isotópico y ecofisiología, y la experiencia de Camila en migración y genética de aves. Esa complementariedad abría la posibilidad de incorporar una dimensión fisiológica que enriquecería significativamente el estudio de la migración.
El camino no ha estado exento de dificultades. Camila reconoce que uno de los mayores desafíos de la carrera científica es la incertidumbre laboral y la falta de estabilidad, una realidad que afecta a gran parte de quienes optan por la academia: “Este mundo es muy exigente. Hay que aprender a poner límites, a descansar y a cuidarse. Si uno no está bien, no puede investigar”.
Aun así, el interés de Camila sigue siendo el mismo que cuando comenzó: entender por qué un animal está donde está. Su foco está en comprender cómo los organismos usan su hábitat y cómo responden a ambientes cambiantes. Una forma de hacer ciencia donde observar la naturaleza sigue siendo el motor principal.