Abordar el envejecimiento cerebral desde la epigenética
Psicologia | Publicado el 6 de julio de 2026

Para Carolina Ochoa, investigar es una forma de responder preguntas que la acompañan desde la infancia: entender por qué ocurren las cosas y cómo los procesos invisibles moldean nuestra vida y nuestra salud. Hoy, desde la neurociencia y la epigenética, busca explicar cómo los factores ambientales y sociales influyen en el envejecimiento cerebral de las poblaciones latinoamericanas, integrando biología molecular y salud pública en una misma mirada.
Esa línea de investigación da hoy un nuevo paso con la adjudicación de un Fondecyt de Iniciación en Investigación 2025. A través del proyecto “Explaining the link between environmental risk or protective factors and dementia presentation through epigenetic aging”, Carolina estudiará cómo envejece biológicamente el cerebro, qué factores pueden acelerar o desacelerar ese proceso y cómo estos cambios se relacionan con la aparición de demencias.
En su proyecto, Carolina busca estudiar, por medio de mecanismos epigenéticos, cómo distintos factores ambientales, sociales y de estilo de vida influyen en el envejecimiento biológico de las personas.
Si bien la secuencia genética no cambia, existen modificaciones químicas, conocidas como marcas epigenéticas, que regulan cómo se expresan los genes. Estas marcas se ven influidas para bien o para mal por exposiciones a lo largo de la vida, influyendo, por ejemplo, la alimentación, la actividad física, el tabaquismo, la contaminación ambiental, el nivel educacional o las experiencias adversas en la infancia.
Con el tiempo, estos cambios pueden medirse mediante los llamados “relojes epigenéticos”, biomarcadores que permiten estimar la edad biológica de una persona y compararla con su edad cronológica. “Podemos comparar la edad calendario con la edad biológica. Hay personas que, por sus condiciones de vida o estilos de vida, pueden estar biológicamente más jóvenes o más envejecidas que lo que indica su documento de identidad”, explica la académica.
Durante la investigación, Carolina analizará si estos relojes muestran diferencias entre personas con demencia y personas sanas, y evaluará qué factores modificables tienen un efecto causal en el envejecimiento biológico. El foco es especialmente relevante para Latinoamérica, donde las proyecciones indican un aumento acelerado de casos de demencia en las próximas décadas, pero donde gran parte de la evidencia científica disponible proviene de poblaciones europeas o estadounidenses.
“Estamos aplicando información que no necesariamente refleja nuestra realidad biológica, ambiental o cultural”, enfatiza Carolina y explica que generar datos locales permitirá comprender mejor cómo interactúan la predisposición genética y el entorno en nuestra región, y contribuirá a orientar estrategias de prevención y políticas públicas más contextualizadas. “Tenemos el potencial de influir en cómo envejecemos. Entender qué factores pesan más es clave para orientar mejor nuestros esfuerzos”, concluye la investigadora.
Más allá de los avances moleculares, su objetivo es claro: aportar evidencia que permita retrasar la aparición de demencias, preservar la independencia en la vejez y fortalecer los sistemas de salud frente a un desafío creciente.
Porque en un escenario de envejecimiento poblacional acelerado, el desafío no es solo vivir más, sino envejecer mejor. Para Carolina, avanzar en esa dirección implica mirar más allá del ADN y entender cómo las condiciones en que vivimos dejan huellas biológicas que pueden marcar el curso de nuestra salud cerebral a lo largo del tiempo.