Marcada por el pensamiento crítico: Francia Schurmann más allá de los números
Negocios | Publicado el 28 de enero de 2026

Llegó a la Universidad de Hamburgo, Alemania, sin imaginar que el primer día de clases marcaría para siempre su manera de pensar. Entró a un curso y se encontró con un equipo de profesores multidisciplinarios: historiadores, filósofos, economistas, sociólogos. Durante un año completo analizaron textos como “El capital”, “La gran transformación”, la “Biblia” y el “Corán”. Pero no se trataba de leer, sino de discutir, confrontar ideas, cruzar visiones con la realidad contemporánea.
“Aprendí a ejercitar el pensamiento crítico con una apertura de mente profunda, a entender cómo distintas ideas y sistemas económicos han modelado la sociedad”, asegura.
Ese impacto fue tan grande que hoy integra elementos de artes liberales en todos sus cursos. Lo considera un valor incalculable, un sello formativo que busca transmitir a cada generación.
El punto de inflexión: cuando los números no bastaron
Francia trabajaba en la Universidad de Hamburgo, dictando clases tradicionales de Econometría, entre pizarras llenas de fórmulas, pero su rutina académica cambió cuando la universidad comenzó a colaborar estrechamente con el Ministerio de Salud alemán, analizando el impacto económico de los programas de prevención.
Los datos eran contundentes: la participación femenina en exámenes preventivos como Papanicolau o mamografías era alarmantemente baja. “Yo miraba las cifras y pensaba: ¿por qué? ¿Por qué no van, si el sistema les da todo?”. Pero los números no podían responder esa pregunta.
Ese fue su punto de inflexión. Comenzó —por iniciativa propia— a realizar entrevistas en profundidad para comprender las razones detrás del comportamiento. Así emergieron los miedos, las barreras culturales, la falta de información, las distintas maneras de entender la prevención según la etapa de vida.
Al finalizar, pidió permiso para presentar algo más que un análisis cuantitativo: elaboró un plan estratégico de comunicación segmentada, combinando economía, investigación cuantitativa y cualitativa. El Ministerio de Salud alemán lo implementó y en tres años la participación femenina en programas preventivos se disparó. “Ahí entendí que los datos son solo una parte de la historia. Lo que mueve al ser humano requiere comprensión, escucha y estrategia”. Fue entonces cuando se volcó definitivamente al marketing y análisis del consumidor.
Su vida en Alemania no solo le permitió crecer profesionalmente, sino que también le dio la oportunidad de presenciar en primera persona parte de la historia mundial. Viajó en auto de Hamburgo a Berlín para ver la caída del Muro. “La alegría era indescriptible. Las familias abrazándose, la gente cantando. Era una sensación de liberación. Cada vez que lo recuerdo se me llenan los ojos de lágrimas. Doy gracias por haber estado ahí”, relata.
Además, tuvo la oportunidad de trabajar en un área que reconoce como su gran pasión: la música. Fue parte de una iniciativa que consistía en organizar conciertos de música clásica en patios y jardines de castillos, rompiendo con la idea de que ese tipo de música solo pertenecía a salas formales y teatros. En este trabajo conoció al destacado compositor y director Leonard Bernstein.
Francia recuerda también que una de las tareas más complicadas fue organizar en el Kremlin, bajo el gobierno de Gorbachov, un concierto de la Orquesta de las Naciones con niños de todo el mundo, experiencia en la que incluso conoció al propio Gorbachov y al escritor John le Carré durante un frío viaje a Rusia. Fue una etapa intensa y fascinante de su vida profesional.
Pertenece a un linaje de profesores
La docencia, confiesa, no fue una elección consciente. “Creo que está en el ADN”, asegura. Su bisabuelo, su abuelo, su padre: todos profesores. Su papá, incluso, tuvo como maestros a figuras como Einstein. “Transmitir conocimiento es casi parte de mi historia familiar”. Por eso, lo que más valora de la universidad es la posibilidad de formar miradas críticas, amplias y flexibles. “Eso es esencial para que mis alumnos tengan éxito profesional”, asegura.
Quienes han sido sus alumnos saben que sus clases no son comunes y corrientes. Francia mezcla, por ejemplo, el funcionamiento de la mitocondria con estrategia de negocios, o teorías feministas como las de Simone de Beauvoir con la industria de la belleza.

No es casual que la académica haya sido distinguida en reiteradas ocasiones como “Mejor Profesora”, y es que aún mantiene contacto con sus exalumnos. “No pasa una semana sin que me llegue un mensaje: ‘Profesora, tengo presentación en el directorio, ayúdeme’. Y ahí estoy, hasta las dos o tres de la mañana si es necesario”, afirma señalando que para ella el rol de profesora no termina en la sala de clases, sino que se extiende en el tiempo acompañando y ayudando a sus exalumnos".
Hace poco recibió un regalo que aún la emociona: sus hijos le entregaron un libro con más de 300 cartas de exalumnos, titulado “Mi mamá, la mejor profesora”, en el que los exestudiantes relatan lo importante que fue Francia para su formación profesional. “Fue increíble. No me lo esperaba”.
La profesora que la marcó
La académica de la Escuela de Negocios recuerda que una de sus grandes referentes en la academia fue Brigitte Schumacher, una profesora que le enseñó filosofía política a través de “Vita activa” de Hannah Arendt. “Fue una de las pocas que logró hacer comprensible un libro tan complejo. Todavía lo llevo conmigo”, dice mientras revisa las anotaciones que hizo en las páginas de ese ejemplar durante su etapa universitaria.

Recomendación para sus estudiantes
Finalmente, consultada sobre alguna recomendación cultural para sus alumnos —vinculado con lo que ella enseña — dice que la serie “Mad Men” es un imperdible. “Es casi una clase: muestra cómo cambian las sociedades, cómo se construyen los deseos, cómo convive la gente, la intuición, la creatividad”.