José Miguel Benavente: innovación, academia y una mirada optimista sobre el futuro

Negocios | Publicado el 3 de agosto de 2026

José Miguel Benavente: innovación, academia y una mirada optimista sobre el futuro

José Miguel Benavente está de regreso en la Escuela de Negocios UAI, luego de desempeñarse como vicepresidente de la Corfo, en donde diseñó la estrategia nacional del litio y la política pública Startup Lab, impulsó y le dio continuidad a la estrategia de hidrógeno verde, diseñó la estrategia de construcción naval y estuvo a cargo de la creación de los comités de desarrollo productivos en cada una de las regiones. 

El economista destaca de la Corfo la continuidad que logran tener los proyectos, pese a los cambios de colores políticos de los Gobiernos. “La Corfo ha ido construyendo sobre la historia pasada y con un equipo técnico muy sólido. Tiene más de mil funcionarios, que diría que están más de diez años, por tanto eso le da un sustento técnico y una mirada a mediano y largo plazo muy importante. Hay mucho conocimiento experto. No solo en Santiago, sino que en las oficinas regionales también”, explica.

Actualmente, en la Universidad Adolfo Ibáñez está dando clases en el Magíster en Políticas Públicas, en temas de Políticas de Innovación. Además, está desarrollando varios proyectos de investigación, uno sobre minerales críticos, otro sobre destrucción creativa en el contexto de países intensivos en recursos naturales, que realiza junto al Nobel en Economía Philippe Aghion, y en otro que busca apoyar a que México, Guatemala y Trinidad y Tobago puedan diversificar su matriz productiva y canasta exportadora.

Lo que más destaca de la Escuela de Negocios es la vinculación que tiene con el mundo productivo, de hecho uno de sus desafíos es vincular a la Facultad de Ingeniería y Ciencias y la Escuela para ayudar al sector productivo en estructurar problemas que pueden ser solucionados con ciencia y tecnología dentro de la universidad. 

Sus inicios en el mundo académico y su entorno familiar

Con solo 16 años, Benavente entró a la universidad, quería estudiar física nuclear pero luego de las sabias preguntas de su padre, decidió estudiar ingeniería civil industrial en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, luego hizo el Magíster en Economía de la Universidad de Chile y motivado por las clases que había tenido con Humberto Maturana, decidió inscribirse en el bachillerato de filosofía en la Universidad Católica.

Una vez que entregó su tesis del magíster, le ofrecieron quedarse como profesor instructor en la Universidad de Chile. Luego fue el turno del doctorado y decidió que lo haría en Oxford. Esa decisión, le significó separarse por un tiempo de quien se convertiría en su esposa, la destacada arqueóloga Isabel Cartajena, quien también dejó Chile para doctorarse en Alemania. 

Mientras realizaba su doctorado, el académico dejó un tiempo Inglaterra para instalarse en Alemania por seis meses para estar al cuidado de su primer hijo, Silvestre, mientras Cartajena terminaba su doctorado. “Después, mi mujer entregó su tesis y nos vinimos a Inglaterra el último año y medio. Yo terminé mi tesis y nos vinimos a Chile”, recuerda.

“Tengo una relación muy cercana con mis hijos, Silvestre y Pascuala. Además que mi mujer es arqueóloga y parte de su trabajo es en el campo, en el terreno. Y realmente salen tres semanas, un mes a trabajar, y yo me he quedado con los niños desde siempre”, añade. 

El economista y exvicepresidente de la Corfo afirma que es un hombre muy afortunado y que está agradecido de todas las oportunidades que ha tenido, especialmente de poder vivir fuera de Chile y empaparse de otras realidades y culturas. “Te das cuenta de que en el fondo hay muchos modos de vivir la vida, entender los valores que hay detrás, que no son universales ni tajantes ni únicos”, señala. Y es que cuando estaba en el colegio tuvo la posibilidad de vivir en Francia y también vivió cuatro años en Washington D.C., cuando trabajó en el Banco Interamericano de Desarrollo.

Su relación y cercanía con la naturaleza

Tanto Benavente como su familia tienen una muy especial relación con la naturaleza. Actualmente vive en la Comunidad Ecológica de Peñalolén, su casa está hecha de quincha, que utiliza elementos orgánicos, principalmente la tierra y muy poco cemento. Es una casa solar, autónoma, e incluso entregan energía al sistema. 

El respeto por el medioambiente es fundamental para él. “Hay que buscar tipos de acciones que intervengan lo menos posible en el quehacer de la naturaleza y se puede con buena tecnología, con esta mirada más sustentable que hoy día está cobrando fuerza en el mundo, asociado al cambio climático, a un sinnúmero de crisis que estamos teniendo, y creo que sobre todo las generaciones jóvenes están más conscientes que la nuestra de la relevancia que esto tiene”, explica. 

La cuarta revolución industrial: la IA

Benavente dice tener una mirada positiva respecto a la irrupción de la IA, ya que la especie humana ha podido sobrepasar a lo largo de su historia cambios estructurales, como las revoluciones industriales. 

“Hay que ser conscientes de que esta revolución es particular, porque es la primera vez que las neuronas son las que se reemplazan. Las tres primeras era el esfuerzo físico. Y eso genera mucha ansiedad”, puntualiza.

Según el profesor hay que cambiar completamente la forma de educarse, y está seguro que va a existir una simbiosis entre la raza humana y estas nuevas herramientas. 

“El mundo de la educación va a ser un muy complejo en los años que vienen, pero van a haber muchos trabajos asociados, por ejemplo, al cuidado. Con un mundo que está envejeciendo muchísimo, las generaciones más jóvenes pueden ver una oportunidad en el cuidado de los mayores. Una posibilidad de desarrollo profesional, de empleo”, concluye.