Inteligencia artificial en Chile: el desafío ya no es tecnológico, sino organizacional
Negocios | Publicado el 19 de octubre de 2026

“Usar la IA no es lo mismo que aprovechar la IA”. Con esa idea, el economista y académico de la Escuela de Negocios UAI Raphael Bergoeing abrió una nueva sesión de este espacio de conversación sobre IA y productividad, convocado por el Centro Futuros Empresariales (CEFE) de la Escuela de Negocios UAI. El encuentro, moderado por la directora del CEFE, Magdalena Aninat, reunió a ejecutivos, directores de empresas y académicos para discutir cómo avanza la inteligencia artificial en las organizaciones chilenas.
Bergoeing retomó las conclusiones del encuentro anterior: el principal obstáculo ya no es tecnológico, sino que tiene que ver con cambios organizacionales. A eso se suma que experimentar no basta: hay que saber cuándo parar, qué hacer distinto y qué escalar. Además, señaló que la evidencia internacional muestra que la IA no estaría reemplazando a tantos jóvenes como se temía.
De la herramienta a la organización
Uno de los desafíos planteados fue cómo estandarizar el uso de la IA, ya que una misma herramienta, dentro de una misma organización, puede generar resultados muy distintos. Desde el sector financiero se compartió la experiencia de una implementación en tres capas, con foco en las microtareas y con inversión en el desarrollo de las personas, para que nadie se quede atrás.
Otro punto de consenso fue que la adopción está entrando en una brecha: las personas aún no están pensando en los agentes de IA para resolver problemas. También se advirtió que industrias como la acuícola generan una enorme cantidad de datos que las empresas utilizan, pero que el Estado no aprovecha de forma inteligente.
Los participantes coincidieron en que tener los recursos no es lo mismo que contar con una capacidad demostrada, y que adoptar IA no equivale a transformar. Se trata de una transformación cultural, más que tecnológica, que exige rediseñar los incentivos. Sin una capacidad institucional que la sostenga y sin foco en las personas, se produce un cuello de botella.
Las capacidades humanas, en el centro
La conversación puso el foco en las capacidades de las personas.
En las empresas públicas, la IA se usa principalmente de manera informal, con cuentas personales. Muchas iniciativas se quedan en pilotos que no logran escalar por restricciones presupuestarias, y la gobernanza recién se está construyendo, por lo que se planteó la necesidad de que exista una instancia superior que defina las reglas del juego.
También se advirtió sobre los efectos en el mercado laboral, como la menor búsqueda de profesionales mayores de 50 años, y sobre la falta de liderazgos críticos en los directorios. A esto se sumó la dimensión territorial: la descentralización debe estar en la discusión.
Detenerse para avanzar
Una de las ideas que más resonó fue la necesidad de hacer una pausa para entender cómo ser parte de esta nueva ola. Se advirtió que la desaparición de empresas podría ocurrir a una velocidad sin precedentes desde la revolución industrial, y que el sistema no incentiva detenerse a pensar, lo que constituye un problema estructural de gobernanza.
Como parte de la solución, se propuso el intraemprendimiento, impulsado por personas que entiendan tanto el negocio como la IA, ya que no es posible hacer estrategia sin comprensión. También se valoró el aporte de disciplinas como la filosofía y la historia para recuperar el espacio de reflexión que se ha perdido con la velocidad del cambio.
Hubo además una mirada optimista: Chile vive un buen momento para abrazar la incertidumbre, siempre que se formen equipos dedicados exclusivamente a pensar en estos temas. En ese camino, los datos aparecen como el principal activo del país, en sectores como la minería y la acuicultura, aunque todavía falta una cultura al respecto. Datos, tecnología, gobierno y cultura surgieron como las condiciones necesarias para que este proceso sea exitoso.
Al cierre, se planteó que buena parte de la discusión en Chile se centra en la frontera tecnológica, cuando el país no es un actor relevante en ella. El desafío, se concluyó, es generar conciencia sobre las capacidades que existen dentro de las organizaciones y pasar a la acción, con la convicción de que es posible hacer cosas.