GuIA de la supervivencia a la superpotencia: claves para un uso ético y responsable de la IA

Negocios | Publicado el 2 de julio de 2026

GuIA de la supervivencia a la superpotencia: claves para un uso ético y responsable de la IA

Marcial González, Sara Basilacos y Ricardo Úbeda, académicos de la Escuela de Negocios UAI, impulsaron la creación de una guIA titulada “De la supervivencia a la superpotencia”, que reúne buenas prácticas y busca potenciar un uso ético y responsable de la inteligencia artificial generativa en el aprendizaje universitario.

“La IA ya está presente en la vida académica. No basta con prohibirla o permitirla, debemos enseñar a usarla para que los estudiantes sean futuros estrategas apoyados por IA y no solo operadores de la IA de moda. La guía entrega un marco común inicial, y lo ideal es que tenga una bajada práctica y dinámica, acompañando al estudiante en tiempo real”, explica Marcial González.

La guía plantea el uso de un semáforo para el empleo de la inteligencia artificial:

-Zona segura: aquí la IA es un “profesor particular” 24/7. Los estudiantes deben usarla sin miedo. Algunos ejemplos son el brainstorming, las explicaciones simples, la corrección de ortografía y estilo, la planificación del estudio, la simulación de preguntas de prueba y la revisión de tono y redacción.

-Zona de cuidado: requiere cita y verificación. Puede utilizarse para elaborar borradores de ensayos, resúmenes de textos y generación de código base, pero su uso debe declararse.

-Zona prohibida: en este espacio no hay aprendizaje, solo engaño. Algunos ejemplos son copiar y pegar en exámenes, pedir que la IA resuelva una prueba o inventar bibliografía. En estos casos se produce un deterioro del aprendizaje y corresponde una sanción académica.

Señales de alerta en las zonas de cuidado y prohibida

Marcial González explica que las señales más relevantes no son solo los textos demasiado perfectos, las respuestas muy genéricas o los cambios bruscos de estilo, sino principalmente “la dificultad del estudiante para explicar, defender o reconstruir su propio razonamiento”.

Para elaborar este instructivo, los profesores realizaron focus groups y encuestas que revelaron que muchos estudiantes utilizan IA sin tener claridad sobre cuándo el apoyo deja de ser legítimo y pasa a reemplazar su trabajo intelectual.

“La principal alerta es la pérdida de autoría, cuando el estudiante entrega una respuesta que no puede justificar, adaptar ni conectar con lo trabajado en clases. Más que perseguir el uso de IA, el foco debe estar en detectar si hubo pérdida de autoría, pensamiento crítico o aprendizaje real”, señala González.

La guía propone a los alumnos utilizar la inteligencia artificial como un entrenador: no pedirle las respuestas, sino el camino para llegar a ellas.

Algunos ejemplos de uso responsable son emplearla como un interrogador socrático, que los estudiantes le pidan que les formule preguntas; como arquitecto, que sugiera estructuras y organizadores para desarrollar ideas, y como un sparring, que actúe como un evaluador escéptico capaz de poner a prueba el contenido y revelar sus debilidades.

¿Qué pasa con los riesgos?

La profesora Sara Basilacos explica que el uso de la IA presenta distintos riesgos para los estudiantes, como el plagio, la invención de datos y la sustitución del aprendizaje individual por trabajos realizados íntegramente con inteligencia artificial.

“La mejor manera de evitar estos riesgos es combinar la reflexión individual y la aplicación del pensamiento crítico con la transparencia, el discernimiento y la verificación de la información”, agrega.

Guías como ésta de uso ético y responsable son fundamentales para poner límites en su uso cotidiano. “Si a eso le sumas herramientas de tutoría socrática transformas lo que está escrito en acciones dinámicas, 24/7, aplicadas a cada asignatura y con trazabilidad del proceso de aprendizaje”, precisa González.

Es indispensable que los estudiantes verifiquen los datos. Todas las referencias, cifras y fuentes deben ser comprobables y citarse de acuerdo con los estándares académicos de cada ramo.

La guía propone emplear tres filtros para la verificación: la propia IA, Google Scholar y los apuntes de clase para aportar contexto.

La importancia de la transparencia

Los académicos de la Escuela de Negocios señalan que la IA puede funcionar como un editor, pero jamás como un autor. El trabajo de los estudiantes debe reflejar comprensión, aporte personal y elaboración propia.

El gran problema que detectaron es que, de los más de mil alumnos encuestados, la mitad afirma que nunca declara el uso de IA por temor a que ello afecte su calificación.

Por ello, los profesores enfatizan que declarar el uso de IA no debe entenderse como una confesión de falta, sino como una práctica de honestidad académica, madurez y responsabilidad profesional.

“Lo importante no es ocultar que se utilizó una herramienta determinada, sino demostrar cómo se utilizó, qué decisiones tomó el estudiante y qué aprendizaje propio hubo detrás del resultado. La transparencia protege la integridad y también permite reconocer los usos legítimos de la inteligencia artificial”, afirma González.

Operador versus estratega

La guía analiza las figuras del operador y del estratega. El primero redacta prompts perfectos y entrega el trabajo en menos tiempo, pero no comprende el contenido. El segundo utiliza la IA para generar cinco escenarios, aunque aplica su propio criterio para descartar tres y ajustar dos según el contexto.

Además, el instructivo propone que los profesores incorporen en cada entrega un semáforo de carácter formativo y preventivo, mediante el cual el estudiante indique, a través de una casilla que incluye los criterios de Integridad, Verificación y Autoría, cómo utilizó herramientas de IA en el desarrollo de su trabajo.

Según explica González, este semáforo transforma la guía en una práctica concreta de autorregulación, alineada con una cultura de integridad y aprendizaje responsable.

“El semáforo muestra de manera rápida qué está permitido, qué está prohibido y qué situaciones requieren un análisis más profundo. Y, por sobre todo, entrega a los estudiantes la posibilidad de desarrollar, a partir de su propio discernimiento, la capacidad de tomar cada día más decisiones éticas”, explica Basilacos.

Por su parte, para los docentes, este instrumento “permite distinguir entre apoyo legítimo, zona de cuidado y usos indebidos”, agrega González.

La guía “De la supervivencia a la superpotencia” plantea que el principal diferenciador frente a la IA es el juicio ético y la capacidad de conectar puntos complejos.

Accede a la guía completa aquí.