Bracey Wilson: del marketing global a la formación de nuevas generaciones

Negocios | Publicado el 4 de junio de 2026

Bracey Wilson: del marketing global a la formación de nuevas generaciones

Bracey Wilson tiene una destacada trayectoria vinculada al Marketing —en diversas industrias como la moda, cosmética y telecomunicaciones— y la docencia en áreas como Branding, Marketing Estratégico y Marketing Metrics. Entró a trabajar a la Escuela de Negocios hace quince años y hoy imparte clases a alumnos de pregrado y es el director del Multinational MBA.

Proviene de una familia de ingleses, por el lado paterno, cuyo legado dice que lo ve constantemente en su irreverencia, en el humor negro y en su capacidad de reírse de sí mismo. Por el lado materno cuenta que heredó la creatividad, sobre todo de su multifacética madre.

Fue esa veta creativa que lo llevó a estudiar arquitectura, pero la física le hizo repensar su decisión y se cambió a Ingeniería comercial, carrera en la que tuvo profesores que lo motivaron mucho en el área de Marketing, como Roberto Méndez y Francisco Matte. “Realmente estaban marcando una época, particularmente en la publicidad y en la investigación de mercado”, explica.

El marketing marcaría su carrera profesional desde el principio y es que su primer trabajo fue en esa área: product manager de Lubricante de ESSO Chile, pero rápidamente se dio cuenta de que el overol ni los bototos iban con él. Sabía que el marketing era su futuro, pero no en esa industria.

Ni en sus sueños vio la posibilidad de trabajar con marcas de lujo, ni cuando veía las revistas de moda que su madre y su abuela materna traían a casa. Pero Yves Saint Laurent era su lugar, entró a trabajar primero como asistente de marketing y luego como Brand manager.

“Empecé a viajar a Francia y en ese minuto Yves Saint Laurent, la empresa, se vendió a un grupo que se llama Sanofi, que es la farma, y ellos tenían la regional para Latinoamérica en Brasil. Y necesitaban un director comercial para Yves Saint Laurent, alguien que manejara francés, español, conociera la marca y pudiera llevar a esta empresa que era farma a mirar el lujo de otra manera”, relata. Postuló sin mucha ambición y a los días después recibió una llamada telefónica, en donde se enteró de que debía estar en Brasil en solo una semana.

Trabajó ocho años en la tierra de la bossa nova, de los que rescata un sentir por la vida muy positivo y aprendió el cariño por lo que se hace. “Conocí a Saint Laurent, viajé mucho, aprendí que yo no veo el lujo como ostentación, sino como arte, creación, como un cuidado”, añade.

Desde Brasil su carrera tomó un rumbo internacional. Luego de dejar la reconocida casa de moda, entró a trabajar en Revlon, primero en Chile y luego fue designado country manager en Argentina, donde tuvo que sortear momentos muy difíciles como el corralito, luego se enfrentó a distintas devaluaciones como director de marketing regional en México y después a la crisis subprime en Nueva York como VP marketing. “A mí las tazas de leche me aburren. Me gusta el movimiento, porque eso me mantiene vivo”, afirma.

Luego de renunciar a Revlon por problemas de salud decidió dejar Estados Unidos y volver a su país: “Lo que aprendí en todas mis experiencias laborales fue conocer Latinoamérica y me di cuenta de que sigue siendo un lugar con mucha oportunidad y donde yo sí podía aportar. Por eso decidí volver”.

Y regresó para transmitir todo el conocimiento adquirido durante su trayectoria. Ingresó a trabajar en 2011 a la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez siempre ligado al área de Marketing. “La docencia me ha dado todo. Sé que puede sonar súper cliché, pero de verdad que lo siento así”, comenta.

Bracey confiesa que una de sus grandes satisfacciones y “el mejor regalo” es cuando se le acerca un exalumno o exalumna y le agradece todo lo enseñado en la sala de clases. Para él es fundamental transmitir que el Marketing trata sobre las personas y su comprensión.

Su alma inquieta y creativa lo llevó también a formar la agencia Divan junto a su socio Javier Bonifaz. “El nombre responde al diván de los psiquiatras, porque uno de los problemas que veíamos de las agencias en ese momento era que hablaban más y escuchaban menos. Y nosotros escuchábamos más y hablábamos menos”, explica. Juntos le dieron forma y vida a la marca WOM, con sus disruptivos mensajes que sorprendieron al mercado de las telecomunicaciones.

Recientemente, ha asumido un nuevo desafío como parte del directorio de Fundación Chile. Cree que uno de los artículos que escribió sobre el mercado de las cerezas fue lo que llamó la atención para poner su nombre en el directorio, porque analizaba la marca país y su impacto en la industria. “Es un directorio de 12 personas, todos grandes profesionales, y con poder aportar mi mirada ya me doy por pagado”, finaliza.