Transformar un pasivo ambiental en una oportunidad

Ingenieria-y-ciencias | Publicado el 7 de julio de 2026

Transformar un pasivo ambiental en una oportunidad

Para Javiera Toledo, la investigación es un camino que se construye con esfuerzo y persistencia, pero también con sentido. Más que producir conocimiento por sí mismo, busca que su trabajo sea útil, responda a necesidades concretas y aporte a quienes viven los conflictos que estudia. Por eso, escuchar a las personas se ha vuelto una parte central de su forma de investigar.

Esa mirada aplicada, que combina rigurosidad científica con la búsqueda de soluciones a desafíos reales, encuentra hoy un nuevo impulso con la adjudicación del Concurso IDeA I+D 2025. A través del proyecto “BioElectroTor: Biolixiviación electroasistida de relaves mineros para la recuperación de cobalto y níquel en un reactor de tornillo rotatorio”, Javiera abordará una problemática clave para la industria minera y el desarrollo sostenible: la recuperación de minerales valiosos desde residuos mineros mediante tecnologías más eficientes y sustentables.

Javiera trabajará en uno de los problemas ambientales más relevantes asociados a la minería en Chile: los relaves mineros. Estos desechos, resultado de la extracción de cobre, se acumulan en grandes depósitos que, en muchos casos, quedaron abandonados antes de que existieran normativas ambientales que regularan el cierre adecuado. Con el tiempo, se transforman en pasivos ambientales capaces de contaminar suelos, aguas y aire. 

En su investigación, busca desarrollar una solución tecnológica innovadora para enfrentar este problema, combinando biotecnología e ingeniería. En términos simples, propone utilizar un reactor bioelectroquímico para recuperar metales valiosos de los relaves, como cobalto y níquel, utilizando bacterias capaces de operar sin oxígeno y con un menor consumo de agua. 

A diferencia de los procesos tradicionales de biolixiviación, que requieren grandes cantidades de oxígeno y largos tiempos de operación, esta propuesta reemplaza el oxígeno por electrodos en un sistema electroquímico para que las bacterias puedan crecer y actuar en menos tiempo. “La idea es determinar, de manera cuantitativa, cuán eficiente puede ser esta tecnología frente a la biolixiviación convencional”, explica Javiera. El objetivo no es solo demostrar que el proceso funciona, sino validar su viabilidad técnica y económica para una eventual implementación industrial. 

Para Javiera, el valor de esta investigación está en hacerse cargo de un problema real con soluciones concretas. “Este proyecto nos permite responsabilizarnos de un pasivo ambiental y, al mismo tiempo, poner en valor otros metales relevantes para la transición energética”, comenta la investigadora. La meta es avanzar desde el laboratorio hacia una tecnología aplicable, que pueda ser transferida o licenciada para su uso en la industria. Por lo mismo, está desarrollando el proyecto en colaboración con empresas del sector minero y tecnológico, lo que permitirá probar el prototipo con relaves provenientes de distintas faenas del país y avanzar hacia una validación a mayor escala. 

Mirando su recorrido, Javiera reconoce que investigar también implica aprender a trabajar en equipo, liderar con empatía y perseverar incluso cuando los resultados no son inmediatos. “La resiliencia, la buena disposición y el buen ánimo son claves. Si uno hace las cosas bien, aunque el resultado no sea el esperado, siempre se puede explicar y aprender”, afirma la académica. 

Su historia refleja una forma de entender la investigación como un espacio de compromiso, colaboración y propósito. Un camino exigente, pero profundamente significativo, donde el conocimiento no se queda en el laboratorio, sino que busca transformar el entorno. 

Para Javiera, investigar conflictos socioambientales implica también asumir una responsabilidad ética. Trabajar con comunidades, recoger relatos y analizar tensiones requiere tiempo, cuidado y una reflexión constante sobre el rol de la investigadora en el territorio. 

“Investigar no es solo producir conocimiento académico, sino también hacerse cargo de los efectos que ese conocimiento puede tener”, señala. En ese sentido, su trabajo busca aportar no solo a la discusión académica, sino también a una comprensión más amplia y crítica de los desafíos que enfrentan los territorios mineros en Chile. Así, la investigación se entiende como un proceso abierto, que combina análisis, escucha y reflexión, y que invita a repensar la manera en que abordamos los relaves mineros: no solo como un problema técnico, sino como un fenómeno profundamente social y territorial.