Ciencia de datos para conservar el patrimonio

Gobierno | Publicado el 16 de abril de 2025

Ciencia de datos para conservar el patrimonio

Desde el Centro Nacional de Conservación y Restauración (CNCR), Isabel Amaya, profesional de la Unidad de Ciencias de la Conservación está abriendo camino en la aplicación de herramientas de ciencia de datos al mundo patrimonial, una apuesta innovadora para enfrentar los desafíos actuales de conservación en el contexto de cambio climático y escasez de recursos.

Incorporada al CNCR en 2017, Isabel comenzó trabajando en el estudio de obras, mejora de protocolos y fortalecimiento de la biblioteca de espectros FT-IR. Desde 2019, se desempeña como funcionaria del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, enfocando su trabajo en el biodeterioro de bienes culturales. Sin embargo, su trayectoria dio un giro significativo al cursar el Diplomado en Ciencia de Datos para las Políticas Públicas de la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez.

“El diplomado tuvo un impacto radical. Pasé de no tener conocimientos en manejo de datos masivos a desarrollar un proyecto con impacto tangible. Gracias a esa formación, pudimos comenzar a analizar los registros ambientales que muchos museos ya estaban generando, pero que hasta ahora no se usaban para responder a los efectos del cambio climático en la conservación del patrimonio”, explica.

Este enfoque permitió vincularse con museos de distintas regiones del país —como el Museo de Limarí, el Museo Histórico de Yerbas Buenas, el Museo de Historia Natural de Valparaíso y el Museo Benjamín Vicuña Mackenna—, y trabajar en conjunto para poner en valor datos que ya existían, pero no se utilizaban estratégicamente.

Uno de los grandes aportes del diplomado fue la capacidad de estructurar problemas con lógica y visión institucional, algo clave al trabajar en políticas públicas. “Comprendí que no basta con aplicar herramientas: hay que entender el problema, su contexto, y cómo comunicar los resultados de manera efectiva para incidir en la toma de decisiones”, comenta.

Desde el CNCR, esta perspectiva permitió detectar que los datos recolectados en el programa de Gestión de Exposiciones Permanentes (GEP) no eran solo registros, sino una fuente valiosa de información ambiental. Estos datos —tomados cada 30 minutos durante semanas en diferentes salas— son hoy la base para una línea de trabajo orientada a crear una base de datos centralizada, que permita análisis comparativos, orientaciones técnicas y evaluaciones de eficiencia.

“La ciencia de datos permite optimizar decisiones, reducir gastos innecesarios y mejorar la eficacia de las acciones de conservación. En un contexto de recursos limitados, su valor es enorme”, señala.

 Por último, hace un llamado a otros profesionales del sector público o cultural a formarse en esta área: “aunque no lo vean como parte de su trabajo inmediato, la ciencia de datos es una herramienta cada vez más presente. Formarse en esto permite aportar soluciones sostenibles, informadas y adaptadas a nuestras realidades. Para mí fue una experiencia transformadora”.

 Desde el CNCR y la Unidad de Ciencias de la Conservación, la apuesta es clara: impulsar el uso estratégico de los datos como herramienta clave para preservar el patrimonio de Chile ante los desafíos del siglo XXI.