Diseñar para imaginar nuevos futuros
Designlab | Publicado el 10 de septiembre de 2026
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De niño desarmaba objetos para entender cómo funcionaban y esperaba que los aviones de aeromodelismo de su padre se cayeran para ayudar a repararlos. Hoy, Joaquín Rosas, diseñador y académico de Design Lab UAI, trabaja entre fabricación digital, nuevos materiales, inteligencia artificial y sostenibilidad. Pero detrás de las nuevas tecnologías mantiene una convicción bastante elemental: para crear hay que observar, ensuciarse las manos, equivocarse y volver a probar.
Cuando era niño, Joaquín Rosas tenía una particular razón para alegrarse cuando uno de los aviones de su padre se estrellaba.
Su padre era aficionado al aeromodelismo. Armaba aviones, los modificaba y los hacía volar. Pero cuando alguno caía, padre e hijo entraban al taller de la casa y comenzaba otra parte del proceso: reparar.
—A mí lo que más me gustaba era cuando se le caían, porque teníamos un taller donde estaban todas las herramientas para arreglarlos. Ahí lo ayudaba a cortar, pegar, armar piezas.
Rosas también dibujaba autos, construía objetos y desarmaba cosas para descubrir qué había adentro. No siempre conseguía volver a armarlas. Pero tampoco le importaba demasiado. Lo que le interesaba era entender.
Esa curiosidad terminó convirtiéndose en una forma de mirar el mundo.
Hoy es diseñador, académico de Design Lab de la Universidad Adolfo Ibáñez y trabaja en áreas que suenan bastante más sofisticadas que aquel taller doméstico: fabricación digital, robótica, nuevos materiales, inteligencia artificial, sostenibilidad y economía circular. Sin embargo, cuando habla de diseño vuelve siempre a los conceptos observar, hacer, probar, equivocarse, aprender.
—¿Cuándo entendiste que todo eso podía convertirse en una profesión?
—Llegué al diseño principalmente por curiosidad. Desde chico me gustaba dibujar autos, construir cosas, desarmarlas y entender cómo funcionaban, aunque la mayoría de las veces no las armaba de vuelta. Siempre tuve esa inquietud de hacer cosas con las manos y buscar distintas maneras de resolver algo. Cuando conocí el diseño entendí que podía juntar muchas de las cosas que me interesaban: creatividad, dibujo, materiales y tecnología.
Hubo otra experiencia que recuerda como decisiva. Mientras estaba en enseñanza media participó en un taller de robótica en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile. Trabajaban con Lego Mindstorms: diseñaban, construían y programaban máquinas para resolver desafíos.
Después estudió Diseño en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Años más tarde partió a Barcelona para cursar el Máster en Design for Emergent Futures de IaaC/ELISAVA.
Allí, dice, algo cambió.
—¿Qué encontraste en Barcelona que no habías encontrado antes?
—Vivir y estudiar en Barcelona fue una experiencia que me abrió mucho la cabeza. En mi curso éramos personas de alrededor de 15 países. Compartir con distintas culturas y disciplinas me hizo cuestionar muchas ideas que tenía sobre lo que podía ser el diseño.
—¿Qué ideas?
—Empecé a entender el diseño de una manera más experimental. No solamente como una disciplina que busca resolver problemas, sino también como una herramienta para imaginar futuros, plantear escenarios y probar nuevas posibilidades.
Durante esos años profundizó además una inquietud que cruzaba dos mundos que le interesaban: el diseño y el sonido. De ahí surgiría Sonic Ecologies, proyecto que posteriormente desarrolló con financiamiento Fondart en 2024. También creó, junto a otros diseñadores, MOVING.WORKS, un colectivo de diseño distribuido orientado a proyectos experimentales relacionados con tecnología, fabricación, materiales y sostenibilidad.
—Volví a Chile con muchas ganas de experimentar y, sobre todo, con la sensación de que todavía hay muchísimo por explorar desde el diseño.
Mirar como un niño
Hay otra experiencia que modificó su manera de diseñar y que ocurrió lejos de la universidad: convertirse en padre.
Junto a un amigo y compañero del máster creó Gubii, un proyecto dedicado a productos infantiles funcionales y lúdicos que acompañen la autonomía y la imaginación de los niños La idea surgió precisamente después de comenzar a observar cómo los niños se relacionaban con los objetos.
—¿Qué cambia cuando un diseñador comienza a mirar los objetos desde la experiencia de un niño?
—Al tener niños cerca empezamos a mirar los productos infantiles de una manera mucho más crítica: cómo los usan realmente, qué cosas les llaman la atención, qué les resulta cómodo y qué objetos terminan siendo más interesantes para ellos de lo que uno había imaginado.
Y agrega:
—Ser papá también me hizo entender que diseñar para niños requiere mucha observación y empatía. Uno puede diseñar pensando que sabe cómo se va a usar un objeto, pero los niños rápidamente encuentran otra manera de hacerlo.
Nuevas tecnologías
Buena parte de las investigaciones y proyectos en los que trabaja actualmente se sitúan en un territorio donde las fronteras tradicionales del diseño comienzan a desaparecer.
—¿Estamos frente a un cambio profundo en la manera de diseñar?
—Creo que estamos viviendo un cambio importante en la manera en que diseñamos y fabricamos. La inteligencia artificial, la fabricación digital, la robótica y los nuevos materiales están haciendo que muchas de las fronteras tradicionales del diseño se vuelvan más difusas.
Uno de los temas que más le interesa es la materialidad. Dejar de pensar los materiales como elementos pasivos y comenzar a incorporarlos como participantes del propio proceso de diseño: materiales capaces de responder al ambiente, sistemas que se adaptan o procesos productivos que utilizan condiciones naturales como el sol, la temperatura o la gravedad.
—¿Existe el riesgo de utilizar tecnologías muy nuevas para seguir haciendo exactamente lo mismo?
—Sí. Tenemos un desafío enorme en términos de sostenibilidad. No se trata simplemente de fabricar productos “más verdes”, sino de cuestionar cómo producimos, cuánto producimos y qué hacemos con los materiales después.
Para Rosas, la pregunta relevante no es solamente cuánto más rápido podremos producir gracias a las nuevas tecnologías.
—¿Qué deberíamos producir y de qué manera?
—El desafío de los próximos años será aprovechar estas tecnologías para desarrollar sistemas de producción más locales, adaptativos y circulares, y no simplemente utilizarlas para producir más rápido.
Aprender a aprender
En una época en que un estudiante puede acceder en segundos a herramientas de inteligencia artificial capaces de generar imágenes, textos, modelos e ideas, el académio de Design Lab cree que enseñar una determinada herramienta puede resultar insuficiente. Incluso puede quedar obsoleto rápidamente.
—Entonces, ¿qué debería aprender hoy un estudiante de diseño?
—Lo que más me interesa despertar en mis estudiantes es la curiosidad, que aprendan a aprender. Que tengan ganas de entender cómo funcionan las cosas y, sobre todo, que no den por hecho que existe una única manera de hacerlas.
En sus clases insiste en trabajar con las manos: dibujar, construir, tocar materiales, fabricar prototipos, equivocarse y volver a comenzar.
—Muchas veces las mejores ideas aparecen justamente durante ese proceso y no necesariamente frente a una pantalla.
—Pero ¿tus estudiantes se están formando precisamente cuando la inteligencia artificial permite hacer cada vez más cosas frente a una pantalla?
—Hoy tienen acceso a herramientas muy potentes, especialmente con la inteligencia artificial, pero creo que eso hace aún más importante desarrollar una visión propia. El diseñador del futuro no necesariamente será quien domine una herramienta específica, sino quien sea capaz de entender nuevas tecnologías, experimentar con ellas y decidir cuándo realmente tienen sentido.
—Entonces, la ventaja no estará necesariamente en saber utilizar el último software.
—Más que enseñarles solamente herramientas, me interesa que desarrollen la capacidad de aprender, cuestionar y experimentar constantemente.
Mas allá de la universidad
Fuera de las aulas, Rosas anda en bicicleta, juega y ve fútbol, escucha jazz en vivo, toca guitarra eléctrica, hace objetos de cerámica y juega videojuegos de los años 90, en el ambito familiar le gusta salir con su pareja y llevar a su hija a plazas y parques. También Dibuja y hace pequeños experimentos que no responden a un encargo, una investigación ni un proyecto.
—¿Para qué?
—Muchas veces no tienen ninguna utilidad inmediata, pero después terminan apareciendo en algún proyecto, en una clase o en una idea. Creo que esa curiosidad está bastante conectada con mi manera de entender el diseño: observar, preguntarse cosas y experimentar, incluso cuando todavía no sabes muy bien hacia dónde te va a llevar.