Fundación Inara conversa con Región F sobre la importancia de difundir, enseñar y proteger los ciclos vitales femeninos
Comunicaciones | Publicado el 13 de septiembre de 2024

Era mayo de 2020, en plena pandemia, cuando el Gobierno anunció la entrega de canastas con comida y algunos productos de higiene para las familias más vulnerables del país que se encontraban en cuarentena. “Esa caja contenía alimentos no perecibles y preservativos, pero no toallas femeninas”, recuerda Carmen Gloria Gorigoitía, quien ya se desempeñaba como fundadora y directora ejecutiva de Mundo Mujer, una organización que promueve el liderazgo para contribuir a una sociedad más igualitaria.
Ese fue un llamado de alerta. Pensó en aquellas que no tenían el dinero para acceder a productos de aseo personal porque habían perdido sus trabajos o en quienes estaban privadas de libertad, sin posibilidad de visitas que las surtieran de estos bienes básicos. A eso se sumó una noticia que le generó impacto: “se anunció a Escocia como el primer país en el mundo en distribuir toallas desechables gratuitas a las mujeres. Entonces me dije, ¿qué pasará en Chile?”. Esa pregunta fue el detonante para la creación de la Fundación Inara, surgida con el propósito de difundir, enseñar y proteger los ciclos vitales femeninos.
“Nosotros partimos en marzo del 2021 y fuimos una campaña social hasta noviembre del 2023. En todo ese periodo dijimos, ‘vamos en ayuda con las toallas, kits de productos de gestión menstrual y eso va a solucionar todo’, pero nos encontramos con un cráter. Esto era mucho más grande de lo que nosotros podíamos dimensionar”, relata.
Al profundizar, Carmen Gloria y su equipo se dieron cuenta que en las cajas entregadas por el Estado “había preservativos porque existe un programa de control de natalidad. Había leche porque existe un programa de alimentación sana. Y no se entregan toallas porque en Chile la salud pública no tiene un programa de salud menstrual”, explica con frustración y agrega que eso trae consigo que “toda la sintomatología de los periodos no es considerada. O sea, una persona menstruante vive su período con dolor u otro tipo de síntomas que no son considerados”.
La situación se agrava cuando se trata de mujeres que sostienen la economía familiar o cumplen labores de cuidado. “El 48% de la población femenina son jefas de hogar”, expone, y muchas de ellas se ven obligadas a elegir entre comprar alimentos, medicinas o productos de higiene personal debido al alto valor en el mercado de estos últimos. “Son un lujo”, denuncia, por lo que además de concientizar, Inara apoya a muchas mujeres que no pueden acceder a estos bienes básicos.
Por lo anterior, la especialista pone sobre la mesa el concepto de “pobreza menstrual”, que define como una problemática multidimensional, al afirmar que “no significa sólo la falta de recursos económicos, sino también la falta de educación, el ser un tema tabú, la falta de baños públicos adecuados”, entre otros elementos que terminan afectando a toda la sociedad. En efecto, se calcula que el 30% de la población mundial experimenta o convive con alguna persona menstruante; y que entre la menarquia y la menopausia pueden trascurrir entre 38 a 42 años.
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