Desafíos pendientes para la inclusión de la comunidad sorda en Chile

Comunicaciones | Publicado el 10 de septiembre de 2025

Desafíos pendientes para la inclusión de la comunidad sorda en Chile

Consecuente con su discurso, inicia la entrevista utilizando paralelamente el español y la lengua de señas. Porque para la última entrevistada de Región F, el sistema empleado por la comunidad sorda “no es solo una forma de comunicarse. Es una cosmovisión, una forma de habitar el mundo”. Un mundo que suele resultar demasiado hostil para quienes viven con esta condición: aunque la Ley 21.303 reconoce oficialmente la lengua de señas en Chile, nueve de cada diez escuelas con estudiantes sordos no cuentan con intérpretes en sus establecimientos.

-¿Qué tan concreta es la implementación de esta normativa?

“En el papel está, pero en la práctica seguimos viendo a personas sordas obligadas a adaptarse a un entorno auditivo. La mayoría de los oyentes no manejamos lengua de señas, y creemos que con pasarles un papel basta. Pero ese papel está escrito desde la lógica de una persona oyente, no de una persona sorda. No es un tema de capacidad intelectual, sino que tiene que ver con la forma de estructurar las ideas, porque construimos el pensamiento a partir del lenguaje”.

Nada que curar

-¿Por qué cuesta tanto avanzar en inclusión real?

“Porque seguimos atrapados en un modelo médico que ve la sordera como una discapacidad que hay que corregir. Se espera que las personas sordas hablen, cuando lo natural para ellas es comunicarse visual y gestualmente. Por muchos años se trabajó para que ellos fueran oralistas, y claro que pueden hablar, no tienen problemas en sus cuerdas vocales, en su aparato fonador; pero conciben el mundo a partir de lo que ven. Su estructura mental es distinta, es simplemente su condición y ellos construyen su mundo en base a esa condición.  Se cae en una asimetría de poder: como la mayoría hablamos, imponemos esa forma de comunicación”.

Para la académica, somos los oyentes quienes nos encontramos al debe: “en el fondo yo me considero superior y obligo al otro a comunicarse a mi manera. Yo no estoy pensando en cuál es su diálogo o en cómo dialoga, sino que estoy imponiendo mi forma”, reflexiona.

La psicóloga explica que la privación lingüística es una de las formas más invisibles de violencia. El 90% de los niños sordos nace en hogares oyentes, donde muchas veces no se potencia tempranamente su forma natural de comunicación. “Si no hay estimulación, si no se les habla en su lengua, esos niños crecen aislados, sin herramientas para expresarse ni para construir su autoestima”. A eso se suma una potente deuda en materia de salud mental. Menos del 10% de los niños sordos accede a apoyo psicológico, pese a que entre el 40 y el 50% presenta trastornos emocionales. “Hay que estimular, conectar, validar. Si su propia familia no habla su idioma, ¿qué puede esperar del resto del mundo?”.

Revisa la entrevista completa acá.