¿Quién decide cómo usamos la IA?

Artesliberales | Publicado el 28 de septiembre de 2026

¿Quién decide cómo usamos la IA?

Thomas Wachter comenzó a estudiar redes neuronales artificiales en 2018, cuando cursaba segundo año de Ingeniería Civil Informática en la UAI. Era, como él mismo describe, “la prehistoria de la IA”: antes de ChatGPT y de que la inteligencia artificial se instalara en la conversación cotidiana. Pero ya entonces hubo algo que llamó especialmente su atención: las consecuencias sociales que podía tener esta tecnología.

Esa inquietud lo llevó a cursar un magíster en Inteligencia Artificial en Utrecht University, en Países Bajos, con una formación que integraba filosofía, psicología, neurociencia y computación. Hoy lleva ese cruce disciplinario a los dos cursos que dicta en el Minor en Inteligencia Artificial de la UAI.

El primero, IA, Ética y Responsabilidad, está abierto a estudiantes de distintas disciplinas y aborda los efectos sociales de la inteligencia artificial y sus riesgos. El segundo, Unveiling Artificial Intelligence: Philosophical and Ethical Challenges, propone una aproximación filosófica a través de textos que van desde el trabajo de Alan Turing de 1950 hasta las discusiones actuales sobre el desarrollo de la IA.

Más allá de la tecnología

Para Wachter, comprender la inteligencia artificial requiere entenderla como un fenómeno “sociotécnico”, en el que tecnología y sociedad se influyen mutuamente.

“Si alguien es muy experto en lo técnico, pero no entiende el impacto social, está como parado en un pie y siempre va a tener una visión incompleta”, explica.

Uno de los desafíos que identifica entre sus estudiantes es cierta resignación frente al avance tecnológico: la sensación de que adoptar estas herramientas es inevitable porque todos los demás ya lo están haciendo.

Wachter busca cuestionar esa idea. “No me gusta esto de que hay que subirse a esta ola. Creo que tenemos capacidad de cambiar las cosas”, afirma.

Por eso, una de las primeras preguntas que plantea en sus cursos es cómo imaginan los estudiantes el mundo dentro de diez años. El objetivo es que comprendan que no son únicamente usuarios de una tecnología, sino que también pueden participar de las decisiones sobre cómo incorporarla a sus vidas y a la sociedad.

Pensar para decidir

Esa reflexión se traduce en situaciones concretas. En uno de sus cursos, un grupo investigó el consumo de agua asociado a centros de datos. A partir de ese trabajo, una estudiante decidió reducir algunos usos cotidianos de ChatGPT al considerar los costos asociados.

Para Wachter, ese proceso refleja el aporte que puede hacer la ética frente a las nuevas tecnologías. “No te va a decir a priori qué está bien y qué está mal, sino mostrarte qué está ocurriendo, para que tú te hagas cargo y tomes una decisión”.

La misma lógica está presente en sus evaluaciones. Los estudiantes desarrollan primero sus argumentos, estructura y fuentes sin inteligencia artificial. Solo después pueden utilizarla para trabajar sobre lo que ya construyeron. “No pueden llegar con la página en blanco”, señala.

Al finalizar el semestre, Wachter busca que los estudiantes hayan pasado de percibir el avance de la IA como algo inevitable a comprender que todavía tienen capacidad de decisión frente a ella.

Para él, esa es precisamente una de las razones por las que la inteligencia artificial necesita ser abordada desde distintas disciplinas: “La IA dejó de ser un asunto puramente técnico hace mucho rato”.