Cuando la violencia se vuelve paisaje

Artesliberales | Publicado el 11 de mayo de 2026

Cuando la violencia se vuelve paisaje

Desde las amenazas de tiroteos en colegios hasta el deterioro del debate público y el impacto de las redes sociales en la percepción del conflicto, la Universidad Adolfo Ibáñez realizó la charla “Cuando la violencia se vuelve paisaje”, un espacio de conversación que reunió a expertos para analizar cómo la violencia se ha instalado progresivamente en distintos ámbitos de la vida social.

La actividad contó con las exposiciones de Aldo Mascareño, investigador senior y editor general de Estudios Públicos del CEP; Paulina Ortiz, directora del Magíster en Psicología Positiva Aplicada y académica de la Escuela de Psicología UAI; y Mathieu González, cientista político y académico de la Facultad de Artes Liberales UAI. La conversación fue moderada por el decano de la Facultad de Artes Liberales, Niels Rivas.

Durante la apertura, Rivas planteó que la discusión sobre violencia no puede limitarse únicamente a los hechos más visibles o coyunturales, sino que debe entenderse como parte de un fenómeno social más amplio. “Desde los colegios hasta los conflictos internacionales, pareciera que la violencia se ha transformado en parte del paisaje cotidiano y eso nos obliga a preguntarnos qué está ocurriendo como sociedad”, señaló.

El decano también abordó el impacto que generó el reciente asesinato de una profesora en Calama, hecho que calificó como un punto de inflexión. “Hay ciertos límites que como sociedad sentimos que no pueden cruzarse, y cuando eso ocurre aparece una sensación de conmoción colectiva que nos interpela profundamente”, afirmó.

Violencia escolar y salud mental

Desde la psicología, Paulina Ortiz sostuvo que las comunidades educativas funcionan como un reflejo de las dinámicas sociales actuales y advirtió sobre el impacto de la salud mental y las redes sociales en adolescentes y jóvenes.

“Las comunidades educativas son el espejo de lo que ocurre en la sociedad. Lo que vemos en los colegios no está aislado del contexto social, cultural y relacional en el que vivimos”, explicó.

La académica enfatizó además la necesidad de abordar estos fenómenos desde un enfoque integral, incorporando a todos los actores de la comunidad educativa. “Las medidas exclusivamente punitivas no funcionan. La evidencia muestra que la violencia genera más violencia”, sostuvo.

En esa línea, presentó el modelo Whole School Approach, estrategia que propone trabajar la convivencia escolar desde la prevención, la intervención temprana y el acompañamiento especializado. “Las comunidades educativas pueden transformarse en espacios que enseñen relaciones saludables, compasión y formas distintas de resolver los conflictos”, agregó.

El lenguaje y la legitimación de la violencia

Por su parte, Aldo Mascareño abordó el fenómeno desde una perspectiva sociológica y teórica, poniendo énfasis en el rol del lenguaje en la construcción de formas de violencia.

“La violencia comienza muchas veces cuando dejamos de reconocer al otro como un igual y empezamos a interpretarlo como alguien menos humano”, afirmó.

El investigador sostuvo que la escuela no puede analizarse de manera aislada, ya que forma parte de un paisaje social más amplio marcado por la fragmentación institucional, la pérdida de legitimidad y la debilidad del poder público.

“Esperamos que la escuela resuelva problemas que exceden completamente sus capacidades. La violencia no se controla solo desde los colegios; requiere instituciones sólidas y un Estado capaz de ejercer legítimamente la autoridad”, explicó.

Mascareño también advirtió sobre lo que denominó una “inflación semántica” del concepto de violencia, fenómeno que —a su juicio— ha ampliado el uso del término hasta justificar distintas formas de agresión física o simbólica.

¿Más violencia o más percepción?

Mathieu González centró parte de su exposición en el rol de la tecnología y las redes sociales en la percepción contemporánea de la violencia. El académico recordó cómo episodios como la masacre de Columbine marcaron a generaciones completas y abrieron fenómenos de imitación y sobreexposición mediática.

“Hoy vivimos en un contexto donde la violencia se documenta, circula y consume de manera constante. Eso genera una sensación de saturación que modifica nuestra percepción de la realidad”, señaló.

González también planteó que, si bien las estadísticas históricas muestran una disminución de la violencia respecto de siglos anteriores, en la última década se observa un estancamiento o leve aumento que coincide con un ecosistema digital mucho más expansivo.

“La pregunta que queda abierta es si realmente estamos viviendo sociedades más violentas o si estamos expuestos a una percepción amplificada de esa violencia”, concluyó.

Cuando la violencia se vuelve paisaje

Expertos analizaron el aumento de la violencia en distintos ámbitos y sus implicancias para la convivencia social.