Hay momentos en la vida de una institución en que las preguntas pesan más que las respuestas. Y hay un lugar donde eso, lejos de ser un problema, es la materia prima de la creatividad y de la contribución al país: la universidad. Pensar antes que actuar, dudar antes que afirmar, deliberar antes que decidir. No se trata de rodeos, son la forma en que una universidad cumple con su misión.
Cuando Sócrates salía a caminar con sus discípulos y amigos, con la idea de encontrar en el diálogo algunas gotas de sabiduría, lo hacía confiando en el poder de las preguntas. A casi 2.500 años de distancia, resulta increíble que podamos recurrir casi al mismo método. Sólo que ahora no caminamos por Atenas y, en más ocasiones de las que queremos reconocer, no estamos hablando con discípulos y amigos, sino con máquinas.
El año pasado, cuando nos preguntamos qué significa integrar la inteligencia artificial a una universidad como la nuestra, una que cree profundamente en las artes liberales, en el pensamiento crítico, en la formación de personas antes que de perfiles, supimos rápidamente que no había una solución simple. Por eso quisimos responder con una visión ambiciosa, una estrategia acorde y una ejecución de excelencia: un proceso institucional de transformación cultural sostenido en el tiempo, capaz de honrar lo que somos y, al mismo tiempo, prepararnos para lo que viene.
La experiencia internacional, y la nuestra propia, lo confirman: una transformación de esta magnitud no se logra con una sola palanca. Para nosotros, la respuesta ha sido establecer cuatro pilares que trabajan al mismo tiempo. Una gobernanza clara que defina principios, roles y límites. Un liderazgo visible y sostenido desde la más alta autoridad. Una gestión del cambio centrada en las personas, que acompañe la adopción con formación, experimentación y espacios para la duda legítima. Y excelencia en la ejecución: ciclos cortos, pilotos validados, métricas concretas. Porque sin disciplina operacional, las buenas ideas se quedan en presentaciones.
Pero lo más importante de ese marco no es su arquitectura. Es lo que hay detrás: no se trataba de instalar una tecnología, sino de acompañar a una comunidad de académicos, estudiantes y funcionarios en la pregunta sobre cómo queremos enseñar, investigar, aprender y contribuir en los años que vienen.
La inteligencia artificial no es un fin. Es un copiloto al servicio de un propósito formativo más antiguo, más noble y más exigente: pensar con rigor, dialogar entre disciplinas, decidir con ética. Nuestro Rector Francisco Covarrubias lo ha dicho con claridad: "En la UAI creemos que educar es mucho más que transmitir contenidos: es abrir las mentes a la complejidad, a la diversidad y a los desafíos de nuestro tiempo." Para nosotros, esa frase es un criterio de decisión que usamos todos los días.
Por qué este blog
Este blog nace de una convicción simple: los procesos de transformación real necesitan ser documentados mientras ocurren, no solo celebrados cuando terminan. Documentar en tiempo real es más arriesgado que reportar al final. También es más honesto. Y en estos temas, la honestidad no es un detalle.
Pero no escribimos solo para dejar registro. Escribimos para abrir una conversación. Pensamos en quienes lideran procesos similares en otras universidades de Chile y la región, y necesitan referencias concretas y aprendizajes basados en la experiencia, más que discursos sobre el futuro. Pensamos también en nuestra propia comunidad: estudiantes, académicos, colaboradores y autoridades que quieren entender qué estamos haciendo y cómo ser parte. Y pensamos en el ecosistema más amplio, que tiene mucho que aportar a esta discusión.
Las preguntas que la inteligencia artificial le plantea a la educación no se responden bien en soledad. Si vamos a citar a Sócrates, recordemos entonces que siempre será mejor buscar las respuestas acompañado. En este blog iremos compartiendo las que hemos ido encontrando, lo que hemos aprendido y también lo que no salió como esperábamos. Qué fantástico sería poder conectar con quienes están en el mismo afán, y maravillarnos juntos ante el poder de las preguntas.
En la próxima entrada, el punto de partida: desde dónde llegamos hasta aquí.
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Eduardo Ayllón, Gerente Hub Inteligencia Artificial
Universidad Adolfo Ibáñez | Mayo 2026