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“El orden mundial ya no existe, y Alemania ha sido golpeada por el derrumbe de cuatro pilares fundamentales”.
Esta afirmación fue hecha a comienzos de este año por el Canciller alemán Friedrich Merz. En su discurso, el jefe de estado alertó al mundo, pero especialmente a su país Alemania, sobre el nuevo orden mundial y sus consecuencias.
Merz mencionó el derrumbe de cuatro pilares que sostuvieron a Alemania durante décadas: el primero es el fin del gas ruso barato, el cual abastecía a la industria alemana y ayudaba a sostener el modelo de bienestar social. Este gas ya no existe desde la invasión de Rusia a Ucrania.
El segundo pilar que se derrumbó fue el acceso casi ilimitado a materiales estratégicos provenientes de China, como minerales y otros insumos, los cuales son fundamental para la industria alemana. Desde que las potencias visualizan a los minerales como bienes estratégicos fundamentales para su desarrollo, ya no los venden de acuerdo con la lógica de mercado como antes.
El tercer pilar es el histórico pacto de defensa entre Europa y EE.UU. Este “paraguas de seguridad” permitió a Alemania gastar un bajo porcentaje de su PIB en defensa desde el fin de la segunda guerra mundial, ocupando sus recursos en financiar un estado de bienestar líder en el mundo.
El cuarto y último pilar que se derrumbó es justamente la estabilidad del orden internacional, el cual se enfocaba en fomentar relaciones comerciales que buscaban generar prosperidad y desarrollo en Alemania, Europa y en todo el mundo.
Todos estos pilares se han derrumbado, obligando a Alemania a replantear su contrato social y su modelo económico, instando a construir un pilar europeo fuerte para así asumir el contexto actual.
¿Y en Chile, cuáles son los pilares que se podrían derrumbar debido al fin del viejo orden mundial y las tensiones geopolíticas?
El primero de ellos es la estabilidad de la relación comercial y estratégica con el principal socio comercial que es China. La cancelación del proyecto de cable submarino entre Valparaíso y Hong Kong debido a la presión de EE.UU., probablemente traerá tensiones en la relación con Beijing, quién ya anunció la restricción de venta de ácido Sulfúrico a Chile desde mayo 2026, componente esencial para la producción de cobre y fertilizantes. Restringir la venta de este componente vital para la minera del cobre se podría deber a problemas de producción interna. Pero también podría ser una señal china por la cancelación del cable submarino.
Lo concreto es que en ambos casos el resultado es el mismo: un potencial daño a las exportaciones de cobre chilenas. Y cabe señalar que el problema del cable submarino refleja, una vez más, la falta de una estrategia de control de inversión de Chile en sectores claves como las comunicaciones, puertos, energía y otros.
Otro pilar que se podría derrumbar son las exportaciones agrícolas a China. El gigante asiático, en una estrategia que busca la seguridad alimentaria de su población, ha comenzado un ambiciosos plan de cultivo de zonas desérticas. ¿Qué pasaría si China, en unos años más, comienza a producir productos agrícolas que en la actualidad compra a Chile? Esto probablemente sería un desastre de proporciones para las exportaciones chilenas.
Un tercer pilar es el fin del TLC con EE.UU. por decisión del Gobierno de Trump. Recordemos que la economía chilena, desde 1990 en adelante, creció en gran medida gracias a los numerosos tratados comerciales, apertura de la economía y comercio con las grandes potencias. Pero esta cancelación nos obliga a volver a negociar un nuevo acuerdo con EE.UU., que incluye aspectos estratégicos y geopolíticos que el país del norte está exigiendo, distinto al antiguo TLC.
Y un cuarto pilar es, al igual que en Alemania, el derrumbe de la estabilidad del orden internacional.
En este contexto: ¿Cuál es la estrategia de Chile para abordar estratégicamente el nuevo orden mundial, tanto como política de estado y también por cada empresa? Creo que aún no la tenemos.

Publicada en El Mercurio Inversiones.