Señor Director:
Con los 100 años del primer parque nacional en Chile, la conservación volvió a ocupar un lugar destacado en la conversación pública durante las últimas semanas. Múltiples encuentros y publicaciones han dado ocasión para mirar lo recorrido, reconocer a quienes han contribuido a proteger nuestro patrimonio natural y, también, recordar que conservar nunca ha sido tarea de uno solo.
La naturaleza no distingue entre responsabilidades públicas y privadas, y su protección tampoco debiera hacerlo. El Estado tiene un rol insustituible, pero a su lado existe una filantropía ambiental que, lejos de los titulares, lleva años movilizando recursos, protegiendo territorios, generando conocimiento e impulsando nuevas formas de conservación de ecosistemas en todo el país.
El desafío es que esos esfuerzos dejen de percibirse como un lujo asociado a grandes fortunas. Todos los ciudadanos podemos contribuir a la conservación del patrimonio natural, desde pequeños aportes monetarios, voluntariado y conocimiento, educándonos sobre el valor de la naturaleza en el desarrollo del país, no sólo su valor paisajístico. Costa Rica, Canadá y California ofrecen grandes ejemplos de involucramiento ciudadano para la conservación, en equilibrio con las necesidades de desarrollo humanas.
Celebrar cien años tiene sentido si, además de honrar lo construido, somos capaces de proyectarlo. Porque el patrimonio natural que recibimos es también el que nos toca entregar. Y para conservarlo, los próximos cien años tendrán que ser, necesariamente, una historia compartida.