Leí una entrevista a la senadora Daniella Cicardini donde dijo estar preocupada por que su partido quedara en el lado correcto de la historia. La frase empezó a dar vueltas en mi cabeza y seguía haciéndolo cuando vi la entrevista a Mara Sedini donde la exvocera dijo estar tranquila porque estaba del lado bueno de la historia. ¿Por qué estas dos mujeres jóvenes, desde en extremos ideológicos opuestos, usaron esta expresión para definir su situación política?
Para la mayoría de la gente la historia equivale al pasado y, por lo general, esto supone el olvido. De ahí la expresión coloquial de “pasar a la historia” o “quedar para la historia”: dejar algo atrás y seguir para adelante. Es evidente que la historia no es eso, sino lo que escribe alguien, sea un profesional o un aficionado, que propone una visión de los acontecimientos, siguiendo ciertas normas mínimas que permitan acreditar lo que sostiene y aseguren que otras personas puedan confirmarlo o contradecirlo.
La historia sería un trabajo en proceso que pretende darle un sentido al tiempo pasado. De ahí que se hable de una disciplina: está sujeta a ciertas reglas de verificación que deben respetarse para que el asunto funcione. No creo que sea una ciencia y que existan asuntos clausurados o resueltos; siempre habrá evidencia que permita elaborar nuevas interpretaciones de lo ocurrido.
¿Qué pensarán ambas sobre la historia? Parece claro que no estaban hablando de un pasado relegado al olvido, porque al parecer ven como un historiador omnisciente la escribe frente a sus ojos. Alguien que se parece mucho a Dios en el Juicio Final, porque reparte a la humanidad entre buenos y malos. No creo, sin embargo, que está interpretación sea la correcta.
Me parece más acertado, en cambio, considerar que para ellas la historia sería algo parecido al resultado del historial de búsqueda en Google. Algo así como un registro de posteos, apariciones o intervenciones en las redes sociales de alguien en el tiempo. Se habla de “arqueología twittera” para referirse a la investigación sobre las expresiones emitidas por una persona en esta red social, un escrutinio que puede destruir la reputación social de la persona o acreditar su integridad.
Creo que cuando hablan de historia se refieren a aquello, y como la política actual ha sido devorada por las redes sociales, cualquiera que se dedique a esto deberá cuidarse de ser consistente en sus posturas públicas y mantener ese tono enardecido, enfático y exagerado de quien dice las verdades tal como son y como lo pide la galería. El problema es que esta misma tribuna en algún momento decidirá relegarlas al olvido, cuando el viento sople para otro lado o aparezca alguien que meta más ruido.
Publicada en La Segunda.