Cátedra Adam Smith

Presentación

La Cátedra Adam Smith es dirigida por Leonidas Montes, Doctor en Economía de la Universidad de Cambridge y miembro del directorio internacional del Adam Smith Society. Ésta busca difundir y promover los aportes de Adam Smith, considerado uno de los padres de la doctrina liberal por sentar los fundamentos de la economía y por sus aportes a la comprensión de la naturaleza humana y los problemas de la sociedad.

Fundamentos de la Cátedra

Adam Smith (1723-1790) es conocido como el padre de la economía, pero su legado intelectual es mucho más amplio. Su interés por comprender la naturaleza humana y la evolución de la sociedad le debe mucho al peculiar y distintivo contexto intelectual de la Ilustración Escocesa.

Algo decepcionado después de sus estudios en la Universidad de Oxford, Adam Smith regresa a Edimburgo y se dedica a enseñar retórica. En 1751 fue nombrado Profesor de Lógica en la Universidad de Glasgow, su alma máter. Al año siguiente se le asignó la prestigiosa e importante cátedra de Filosofía Moral. Sus clases las dividió en cuatro partes: ética, economía política, jurisprudencia y teología. Aunque a mi juicio enseñó teología no por devoción, sino más bien por pragmatismo, de las otras tres ramas de sus clases de filosofía moral en la Universidad de Glasgow emana su legado, ese gran proyecto de una “ciencia social”.

Respecto a la ética, en 1759 publica su “Teoría de los Sentimientos Morales” (TSM), el libro que lo lanzó a la fama. El éxito de esta primera aventura intelectual le permitió ser invitado como tutor del duque de Buccleuch en su Grand Tour por el continente.

En este viaje por Europa, que duró casi tres años (1764 -1766), conoció a los grandes intelectuales de la época, entre ellos a Voltaire, a los enciclopedistas y Quesnay, el padre de los fisiócratas. Al finalizar su viaje, debido a la muerte del hermano del duque, Adam Smith regresa a Londres y se retira a su pueblo natal, Kirkcaldy. Durante los próximos diez años se dedica casi sin interrupciones a escribir su monumental “Una Investigación acerca de la Naturaleza y las Causas de la Riqueza de las Naciones” (RN). Este libro fue publicado en 1776, el mismo año en que se declaraba la independencia de los Estados Unidos.

Si bien publicó un libro de ética y otro de economía política, faltaba la rama de la jurisprudencia. Y aunque en su TSM dos veces había prometido un tratado en esta materia, esta promesa nunca se cumplió. De hecho justo antes de morir exigió que sus apuntes acerca de la justicia fueran quemados. Sólo permitió rescatar algunos escritos que fueron publicados póstumamente como su “Ensayos en temas filósoficos” (1795).

Sus dos grandes obras – TSM y WN – sufrieron destinos diferentes. Si TSM fue la obra que le permitió obtener prestigio intelectual, RN se convirtió en su magnum opus. Durante el siglo XIX y gran parte del siglo XX, TSM fue prácticamente ignorada. En cambio RN se convirtió en un libro muy influyente. La razón es simple: la enorme influencia del utilitarismo de Bentham y de la deontología de Kant opacaron la ética Smithsiana. No obstante, en los últimos 30-40 años se ha producido un renacimiento de TSM y una revalorización de la ética Smithsiana. Destacados filósofos y economistas han llamado la atención sobre la riqueza de la TSM.

Hay otro factor que también influyó. En el siglo XIX la escuela histórica alemana acuñó y desarrolló el famoso Das Adam Smith Problem. Algunos se preguntaban por qué el autor de la TSM que basa su teoría en la benevolencia escribe 17 años después la RN que se funda en el interés propio. Habría, entonces, una paradoja o contradicción respecto a su concepción de la naturaleza humana. Al entrar en contacto con los materialistas franceses, Smith simplemente habría cambiado de opinión después de su viaje a Europa. Sin embargo, en 1896 se publicaron algunos apuntes de sus clases de jurisprudencia en Glasgow que entregaron evidencia concluyente de que sus ideas económicas estaban claras antes de su viaje con el duque de Buccleuch.

Es importante destacar que, para Smith, el interés propio no es lo mismo que el egoísmo o el amor propio de Rousseau. Nuestro filósofo de la Ilustración Escocesa descansa en una sólida tradición moral para concluir que es moralmente legítimo, comprensible y conveniente que cada uno se preocupe de sí mismo, de su familia y de lo propio.

Evidentemente Smith sienta las bases de la economía moderna.

En su tarea de develar, como su título lo sugiere, la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones, es fundamental la importancia del intercambio, de la división del trabajo, la competencia, los incentivos y el rol del mercado para mejorar las condiciones de vida de los más pobre. Su ataque sistemático y contundente al mercantilismo y sus críticas a los fisiócratas, le permiten defender una economía social de mercado.

Pero Smith estaba también consciente de los riesgos políticos. En efecto, en TSM se refiere al “hombre de sistema” que imagina que puede arreglar la sociedad con la misma facilidad con que mueve las piezas en un tablero de ajedrez (TSM VI.ii.2.17). Según Smith, esta persona, presa del dogmatismo, suele olvidar que en el gran tablero de la sociedad cada pieza tiene un movimiento propio que puede ser distinto al que el gobernante le quiere imponer. Concluye que si esos dos movimientos coinciden, el juego será armonioso y feliz. En cambio, si no coinciden y son opuestos, el juego será desordenado y miserable. Cierto escepticismo y una sana desconfianza son esenciales para el progreso de la sociedad.

En definitiva, Adam Smith no sólo sentó los fundamentos de la economía. Además desarrolló una original teoría moral que descansa en el concepto de sympathy y del espectador imparcial. También pensó y escribió acerca de la retórica, el origen del lenguaje, las ciencias, la astronomía, la física y la metafísica, reflejando ese dictum de la Ilustración que Kant definía como sapere aude, o un atrévete a saber. Su visión y comprensión de la naturaleza humana y los problemas de la sociedad es tan realista como pragmática. En fin, en su empeño por escudriñar y comprender la naturaleza humana y la sociedad, su legado le permite Adam Smith ocupar un merecido y destacado sitial entre los grandes padres del liberalismo clásico.

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