Parra, o el último renacentista

Juan Luis Ossa

Hace unos días conocí a Nicanor Parra. Fuimos a Las Cruces con Tololo, su nieto y uno de los mejores conocedores de su vida y obra. Es tanta la complicidad entre ellos que Tololo es capaz de terminar las frases y cuentos que su abuelo deja a medias. En efecto, Parra salta de un tema a otro, sin previo aviso y como esperando que sus visitantes lo sigan en ese viaje centenario en que se ha transformado su vida. No por nada, lo primero que hizo al vernos llegar fue recitar a Shakespeare, para luego hablar de Oxford, su hermana Violeta, su periplo por la India.

¿Por qué conocer a Parra a estas alturas? Porque a través de su vida se puede contar buena parte de la historia del Chile del siglo XX, marcada, como todos sabemos, por un prolífico avance en materia cultural, pero también por heridas que todavía no sanan del todo.

 La obra de Parra nunca fue particularmente política —en el sentido que se le daba a esta palabra en los años sesenta; esto es, "comprometida" con la justicia social y las libertades individuales—, aunque detrás de sus artefactos y antipoemas se encuentra una crítica profunda a la comodidad de lo conocido y aceptado. Sus reflexiones sobre el papel de la Iglesia, el lucro y las alianzas espurias entre izquierdas y derechas nos hablan de un intelectual multifacético, cuyos trabajos lo hacen único entre los hombres de letras de su generación.

Parra, podría decirse, es un "renacentista" rezagado. Sus intereses —que van desde las matemáticas a la cosmología y de ésta a la mecánica racional y la ecología— son tan abundantes y diferentes entre sí que su obra pareciera no tener la coherencia que, en general, se les exige a los artistas. Sin embargo, lejos de ser esto un problema, me parece que su relevancia y originalidad residen, precisamente, en el eclecticismo de sus contribuciones. Así como era común en el Renacimiento encontrar pintores con una preocupación por la realidad material y el conocimiento científico, la obra de Parra recorre diversas disciplinas y búsquedas académicas. No muy distinto, de hecho, al tipo de contribuciones "totales" o "cósmicas" que hiciera Alexander von Humboldt a principios del siglo XIX.

Luego de un poco más de una hora admirándonos con las genialidades y el humor inteligente de Parra, salimos a recorrer la bahía de Las Cruces; la misma que Parra ve todos los días desde la ventana de la salita donde recibe a las visitas. Ahí están algunos de sus artefactos más conocidos; ahí está Parra deslumbrando todavía con su interminable capacidad de sorprender; ahí está, en fin, el último renacentista del siglo XX chileno. 

Juan Luis Ossa
Escuela de Gobierno
Publicado el Miércoles, 28 Junio 2017 en La Segunda