Candidatos Presidenciales

Juan Luis Ossa

Estamos a mediados de marzo y la vorágine de candidatos presidenciales no se detiene. Al momento de escribir esta columna cuento al menos quince (los nombro en orden alfabético para que no haya suspicacia): Atria, Depolo, Goic, Guillier, Insulza, Kast, Kast Lagos, Mayol, Navarro, Ossandón, Pinera, Sanhueza, Sichel y Ruiz. Nada mal para un padrón electoral de poco más de catorce millones (inscripción automática mediante). Me pregunto, sin embargo, si esta sobreexcitación por estar en la papeleta —ya sea en las primarias o en la presidencial de fin de año— es positiva para la democracia o si, por el contrario, nos encontramos más bien frente a una crisis de legitimidad de la representación política. Comencemos por lo más obvio: para ser candidato (en cualquier cosa, pero sobre todo en una presidencial) se requiere de una valoración suficientemente elevada de uno mismo para, desde ahí intentar convencer al electorado de los beneficios de la candidatura propia. Creerse capacitado para llegar a La Moneda no es algo negativo, en especial si dicha confianza se materializa en buenas ideas para buenas políticas públicas. La pregunta es cuántos de esos quince candidatos están realmente preparados para gobernar el país. ¿Basta con saber de política? ¿Es suficiente haber leído y citar de memoria manuales de sociología y ciencia política? ¿Cuántos de ellos tienen una historia de militancia partidista digna de ese nombre? Si la política es algo más que un concurso de simpatía y de conocimiento rápido sobre cuestiones politológicas, me parece que el número de candidatos se reduciría bastante, así como también sus egos.

En la historia de Chile sobresalen los presidentes cuya actuación en política fue paulatinamente creciendo hasta llegar a la Presidencia. El caso de Salvador Allende es claro al respecto, pero de ninguna manera es el único. ¿Ocurre lo mismo por ejemplo, con esos académicos que hoy buscan llegar a la papeleta y cuya participación política se reduce a unas pocas columnas de opinión? Las autoproclamaciones suelen bordear con el mesianismo y la demagogia, además de atomizar el poder de forma tal que la representación se transforma en un objeto intercambiable. Insisto: que tengamos varios candidatos puede ser una señal de que nuestro sistema político se está ampliando y diversificando. Pero también puede ser una prueba de irresponsabilidad populista digna de otros tiempos.

Se me podrá tildar de conservador pero en política tiendo a preferir lo conocido y probado. Una buena segunda vuelta, para mí, sería entre Lagos (o, en su defecto, Goic) y Piñera. Sé lo que cada uno piensa y cuál es el programa de gobierno que tienen en sus cabezas.

Del resto, sólo sé que son "jóvenes" "apolíticos" o "antiestablishment". Todos conceptos que, a decir verdad, dicen poco y nada.

Juan Luis Ossa
Escuela de Gobierno
Publicado el Miércoles, 15 Marzo 2017 en La Segunda