Cátedras UAI

La Universidad Adolfo Ibáñez y la Fundación Adolfo Ibáñez han establecido una serie de Cátedras académicas con el propósito de promover las ideas y valores reflejados en la misión de la universidad. En esta se establece que el objetivo de la UAI es entregar una educación que, basada en la libertad y responsabilidad individual, permita a sus estudiantes desarrollar la totalidad de su potencial intelectual y humano.

Por lo anterior, las cátedras están vinculadas a la obra cuyo legado intelectual es reconocido ampliamente y enfatiza las ideas de libertad y responsabilidad individual que expresa la misión de la universidad.

Cada cátedra tendrá un director a su cargo, quien, a través de actividades académicas y de extensión deberá promover el pensamiento del autor que la inspira.

Las cátedras instauradas y sus directores son las siguientes:

Cátedra Adam Smith

Su director, Leonidas Montes, es doctor en Economía de la Universidaded de Cambridge y miembro del directorio internacional del Adam Smith Society. Autor de tres libros sobre Adam Smith y numerosos artículos.

Adam Smith (1723-1790) es conocido como el padre de la economía, pero su legado intelectual es mucho más amplio. Su interés por comprender la naturaleza humana y la evolución de la sociedad le debe mucho al peculiar y distintivo contexto intelectual de la Ilustración Escocesa. Algo decepcionado después de sus estudios en la Universidad de Oxford, Adam Smith regresa a Edimburgo y se dedica a enseñar retórica. En 1751 fue nombrado Profesor de Lógica en la Universidad de Glasgow, su alma máter. Al año siguiente se le asignó la prestigiosa e importante cátedra de Filosofía Moral. Sus clases las dividió en cuatro partes: ética, economía política, jurisprudencia y teología. Aunque a mi juicio enseñó teología no por devoción, sino más bien por pragmatismo, de las otras tres ramas de sus clases de filosofía moral en la Universidad de Glasgow emana su legado, ese gran proyecto de una “ciencia social”.

Respecto a la ética, en 1759 publica su “Teoría de los Sentimientos Morales” (TSM), el libro que lo lanzó a la fama. El éxito de esta primera aventura intelectual le permitió ser invitado como tutor del duque de Buccleuch en su Grand Tour por el continente. En este viaje por Europa, que duró casi tres años (1764 -1766), conoció a los grandes intelectuales de la época, entre ellos a Voltaire, a los enciclopedistas y Quesnay, el padre de los fisiócratas. Al finalizar su viaje, debido a la muerte del hermano del duque, Adam Smith regresa a Londres y se retira a su pueblo natal, Kirkcaldy. Durante los próximos diez años se dedica casi sin interrupciones a escribir su monumental “Una Investigación acerca de la Naturaleza y las Causas de la Riqueza de las Naciones” (RN). Este libro fue publicado en 1776, el mismo año en que se declaraba la independencia de los Estados Unidos.

Si bien publicó un libro de ética y otro de economía política, faltaba la rama de la jurisprudencia. Y aunque en su TSM dos veces había prometido un tratado en esta materia, esta promesa nunca se cumplió. De hecho justo antes de morir exigió que sus apuntes acerca de la justicia fueran quemados. Sólo permitió rescatar algunos escritos que fueron publicados póstumamente como su “Ensayos en temas filósoficos” (1795).

Sus dos grandes obras – TSM y WN - sufrieron destinos diferentes. Si TSM fue la obra que le permitió obtener prestigio intelectual, RN se convirtió en su magnum opus. Durante el siglo XIX y gran parte del siglo XX, TSM fue prácticamente ignorada. En cambio RN se convirtió en un libro muy influyente. La razón es simple: la enorme influencia del utilitarismo de Bentham y de la deontología de Kant opacaron la ética Smithsiana. No obstante, en los últimos 30-40 años se ha producido un renacimiento de TSM y una revalorización de la ética Smithsiana. Destacados filósofos y economistas han llamado la atención sobre la riqueza de la TSM.

Hay otro factor que también influyó. En el siglo XIX la escuela histórica alemana acuñó y desarrolló el famoso Das Adam Smith Problem. Algunos se preguntaban por qué el autor de la TSM que basa su teoría en la benevolencia escribe 17 años después la RN que se funda en el interés propio. Habría, entonces, una paradoja o contradicción respecto a su concepción de la naturaleza humana. Al entrar en contacto con los materialistas franceses, Smith simplemente habría cambiado de opinión después de su viaje a Europa. Sin embargo, en 1896 se publicaron algunos apuntes de sus clases de jurisprudencia en Glasgow que entregaron evidencia concluyente de que sus ideas económicas estaban claras antes de su viaje con el duque de Buccleuch.

Es importante destacar que, para Smith, el interés propio no es lo mismo que el egoísmo o el amor propio de Rousseau. Nuestro filósofo de la Ilustración Escocesa descansa en una sólida tradición moral para concluir que es moralmente legítimo, comprensible y conveniente que cada uno se preocupe de sí mismo, de su familia y de lo propio.

Evidentemente Smith sienta las bases de la economía moderna. En su tarea de develar, como su título lo sugiere, la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones, es fundamental la importancia del intercambio, de la división del trabajo, la competencia, los incentivos y el rol del mercado para mejorar las condiciones de vida de los más pobre. Su ataque sistemático y contundente al mercantilismo y sus críticas a los fisiócratas, le permiten defender una economía social de mercado. Pero ésta no es un simple laissez faire. Para Smith la clave es la defensa del “plan liberal de la igualdad, la libertad y la justicia” (RN IV.ix.3).

Pero Smith estaba también consciente de los riesgos políticos. En efecto, en TSM se refiere al “hombre de sistema” que imagina que puede arreglar la sociedad con la misma facilidad con que mueve las piezas en un tablero de ajedrez (TSM VI.ii.2.17). Según Smith, esta persona, presa del dogmatismo, suele olvidar que en el gran tablero de la sociedad cada pieza tiene un movimiento propio que puede ser distinto al que el gobernante le quiere imponer. Concluye que si esos dos movimientos coinciden, el juego será armonioso y feliz. En cambio, si no coinciden y son opuestos, el juego será desordenado y miserable. Cierto escepticismo y una sana desconfianza son esenciales para el progreso de la sociedad.

En definitiva, Adam Smith no sólo sentó los fundamentos de la economía. Además desarrolló una original teoría moral que descansa en el concepto de sympathy y del espectador imparcial. También pensó y escribió acerca de la retórica, el origen del lenguaje, las ciencias, la astronomía, la física y la metafísica, reflejando ese dictum de la Ilustración que Kant definía como sapere aude, o un atrévete a saber. Su visión y comprensión de la naturaleza humana y los problemas de la sociedad es tan realista como pragmática. En fin, en su empeño por escudriñar y comprender la naturaleza humana y la sociedad, su legado le permite Adam Smith ocupar un merecido y destacado sitial entre los grandes padres del liberalismo clásico.

La conferencia "2018 Adam Smith Chile Conference" se realizará en la UAI. Léalo aquí

En el marco de la cátedra Adam Smith: Deirdre McCloskey es nombrada miembro académico honorario de la UAI. Léalo aquí

Cátedra Adam Smith. UAI y CEP analizan la vigencia de Adam Smith en la economía contemporánea. Léalo aquí

Adam Smith desembarca en Chile. El Mercurio. 13 de noviembre de 2016. Léalo aquí

 

Cátedra Alexis de Tocqueville

Su director, Oscar Godoy, es doctor en Filosofía de la Universidad Complutense a Madrid, profesor de larga trayectoria nacional e internacional. Autor de numerosas publicaciones, entre ellas, "Toqueville y la democracia de las libertades".

La Universidad Adolfo Ibáñez (UAI) ha fundado la Cátedra Alexis de Tocqueville para la promoción del estudio,  investigación y difusión del pensamiento político del intelectual y político francés que lleva su nombre (1805-1859) y  los orígenes, desarrollo y estado actual de la democracia contemporánea.

Alexis de Tocqueville  puso los bases de la teoría democrática contemporánea, con la publicación de su obra “La Democracia en América”, aparecida en París en 1835 y 1840.

Hasta fines del siglo XVIII, la teoría sobre los regímenes políticos estaba fuertemente anclada en los temas  de la soberanía, el Estado y las monarquías vigentes en Europa.  La aparición de la obra de Tocqueville fue un acontecimiento sorprendente, al  descubrir un nuevo campo de estudio y análisis político: el régimen republicano democrático surgido de la revolución americana de 1776.

Durante los siglos XVI al XVIII la palabra “democracia” tenía un significado reducido y excluyente, circunscrito a un régimen practicado en la Antigüedad, que solamente podía aplicarse al gobierno de pequeñas comunidades políticas, como las Ciudades-Estado griegas del siglo IV a.C.  “La Democracia en América” amplía en repertorio de la teoría de los regímenes políticos para incluir a invención democrática norteamericana. El libro tuvo un clamoroso éxito editorial y no solamente produjo un fuerte impacto en los medios intelectuales sino en la opinión pública en general.

Por otra parte, “La Democracia en América” introdujo una profunda innovación  el estudio de la “sociedad civil”, al considerarla como una esfera  autónoma e independiente del Estado. Tocqueville expuso y objetivó el fuerte arraigo de la libertad y la igualdad en la sociedad americana, incluyendo su estudio en lo que en el futuro llegaría a transformarse  en una nueva ciencia, la sociología.  Los estudios de Tocqueville sobre la sociedad civil norteamericana y la evolución de la sociedad civil durante el Antiguo Régimen  francés constituyen  el fundamento  de su audaz tesis sobre la potente e irreversible expansión de la democracia al resto del mundo durante el siglo XX, y  de la consolidación, en nuestro tiempo, de la legitimidad democrática como principio m político universal.

Alexis de Tocqueville no solamente  sorprendió por su notable aporte a la teoría política,  a la historia y a la sociología sino por su penetrante previsión del futuro político occidental y mundial. Sus estudios de los fenómenos políticos y sociales  no son puramente descriptivos del estado presente (en l siglo XIX)  de la  realidad, también se adentra con audacia  en el futuro.  No para proponer un una utopía, como aquella de Tomás Moro,  ni un relato prospectivo  fundado en una escatología o en  presuntas leyes de la historia, al modo de Marx. Tampoco parece guiarse por la idea ilustrada de un progreso indefinido de la humanidad y la  idealización abstracta de su pronóstico democrático. Su perspectiva es profundamente realista. En efecto, Tocqueville descubre en la realidad factual de la democracia americana los elementos seminales del desarrollo político y social   porvenir de la humanidad y el advenimiento de un ciclo histórico universal que se inauguraría en el siglo XX.  Su previsión de la democracia  “que viene” es realista, compleja y en cierta medida dramática, porque  supone la difusión polémica de la libertad, por una parte, y un debate sin fin previsible sobre su relación con la igualdad, por otra. En este contexto, Tocqueville pudo conjeturar la aparición de una segunda alternativa democracia, fundada en la igualdad y su prioridad sobre la libertad. De este modo, según Tocqueville, el escenario de la evolución política de los tiempos modernos necesariamente   estaría marcada por la impronta de un debate polémico y un difícil antagonismo  entre dos paradigmas de la democracia.

El pensamiento político de Tocqueville, en consecuencia,  no se refiere solamente a una teoría del Estado y del gobierno, sino también a un proceso histórico de expansión política de la democracia y la constitución de  un nuevo modo de vida social, como ha quedado demostrado por  el advenimiento y despliegue de la democracia política y social en el siglo pasado y en el nuestro. Todas estas razones justifican  la creación de la Cátedra Alexis de Tocqueville.

Oscar Godoy, director de la Cátedra, junto a los académicos Eduardo Nola y Darío Roldán, analizaron el pensamiento del francés en la cátedra magistral: La vigencia de Alexis de Tocqueville en la democracia contemporánea. Léalo aquí

Despotismo Democrático: Tocqueville como profeta de nuestro tiempo. El Mercurio. 23 de octubre de 2016.Léalo aquí

 

Cátedra Friedrich von Hayek

Su director, Axel Kaiser, es doctor en Filosofía de la Universidad de Heidelberg. Es el primer latinoamericano es obtener el primer lugar en el Hayek Essay Contest de la sociedad Montt Pelerin.

Friedrich von Hayek fue probablemente el pensador liberal más influyente del siglo XX. Considerado por partidarios y detractores como uno de los críticos más efectivos que ha encontrado el socialismo, sus contribuciones académicas abarcan, desde la psicología teoríca, pasando por la filosofía política y la historia de las ideas, hasta la teoría económica. Según el Nobel de Economía Douglass North, como teórico, Hayek ha sido la persona que más se ha aproximado a entender cómo funciona el mundo.

Convencido de que eran las ideas aquello que definía la evolución social y económica de las naciones y el auge o caída de estas, Hayek dedicó su vida a promover esfuerzos con el fin de revitalizar el ideario liberal clásico en la lucha intelectual. Fue fundador de la Sociedad Mont Pelerin, entidad que reuniría la mayor cantidad de premios Nobel del mundo y que tendría un rol decisivo en el debate contra el colectivismo y el intervencionismo estatal en diversas formas durante el siglo XX.

Además, Hayek fue un precursor de la escuela de economía de Chicago, la cual tuvo gran influencia global y local. En pocas palabras, durante el siglo pasado, Hayek no solo sería el responsable central de revivir el liberalismo clásico desde un punto de vista académico, sino también organizacional.

En Chile, Hayek aceptó ser presidente honorario del Centro de Estudios Públicos (CEP) luego de que se le asegurara que el CEP tendría por misión difundir los fundamentos filosóficos de una sociedad libre. Existe además una intensa discusión académica sobre la influencia de Hayek en el pensamiento de Jaime Guzmán y la Constitución de 1980.

Esta influencia es menos discutida en los casos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, ambos de los cuales declararon abiertamente reconocer en el austriaco una influencia directa sobre su pensamiento y políticas económicas.

La cátedra Friedrich von Hayek resulta entonces indispensable para restablecer la presencia de uno de los intelectuales más influyentes y completos del siglo pasado, cuyas ideas siguen siendo plenamente vigentes, tanto en el debate académico como en la discusión política global. Específicamente, el enfoque en los aspectos filosóficos de su pensamiento hará un aporte sustancial a enriquecer el debate nacional en tiempos en que se disputa el tipo de orden institucional que ha de prevalecer recurriendo a argumentos esencialmente ideológicos.

Los estudiantes expuestos a la obra de Hayek conocerán una perspectiva hoy marginal en el debate chileno que ofrece una visión distinta al igualitarismo benefactor y la retórica refundacional prevaleciente.

La universidad Adolfo Ibáñez, en tanto, de la cual Hayek fue profesor honorario, tendrá un renovado impacto público y académico mediante el desarrollo y creación de la cátedra Hayek al revitalizar a un pensador fundamental para la historia mundial y chilena recientes.

En otras palabras, la cátedra contribuirá decisivamente a que el pensamiento de Hayek se convierta en fuerza de cambio intelectual dentro de Chile y la región en un contexto crecientemente ideologizado y ávido de ideas y propuestas filosóficas alternativas. El momento para rescatar a Hayek difícilmente podría ser más oportuno.

Reconocido historiador británico Micheal Burleigh, experto en nazismo y quien ha sido profesor en la Universidad de Oxford, London School of Economics y la Universidad de Cardiff, analizó el ascenso del populismo. Léalo aquí

 

Cátedra Edmund Burke

Su directora, Lucía Santa Cruz, es Master en Philosophy de la Universidad de Oxford y doctor Honoris Causa de Kings College. Autora del ensayo, “Burke, dos siglos después”, entre otras muchas publicaciones.

Winston Churchill sintetizó la esencia del pensamiento burkiano al decir: ”Por una parte, Burke se revela como el apóstol de la libertad, por la otra, como el temible campeón de la Autoridad”. Pero, añade, fue “siempre el mismo hombre, persiguiendo los mismos fines, los mismos ideales sociales y de gobierno, defendiéndolos del asalto a veces de un extremo, a veces del otro”.

Efectivamente, toda su vida abogó por las limitaciones constitucionales a la autoridad de los reyes y con la misma pasión denunció los excesos predecibles que traería la Revolución Francesa en su etapa jacobina. Del mismo modo, defendía los principios del mercado y las ventajas del libre comercio con entusiasmo; rechazaba   “los males que provienen de las restricciones y de los monopolios”; criticaba el establecimiento de precios máximos y fue claro en establecer los límites a lo que los gobiernos podían hacer que debía ser sólo a aquello que fuera  “truly and properly public, to the public peace, to the public safety, to the public order, to the public prosperity.”

Desde entonces su legado ha sido reclamado tanto por liberales como por conservadores.

Nacido en Irlanda de origen protestante, fue miembro del parlamento como representante de los Whigs, prolífico escritor, filósofo y teórico político, fue admirado por Tocqueville y por Adam Smith, quien dijo de Burke: era "el único hombre que conozco que pensara en temas económicos exactamente como yo sin haber tenido comunicación alguna entre nosotros”. (The only man I ever knew who thinks on economic subjects exactly as I do, without any previous communications having passed between us"). John Stuart Mill aseveró que “le había cambiado la cara a la filosofía política”. Fue ante todo un hombre de principios y fuerte defensor de los fundamentos morales de la actividad política.

Fue un liberal de la corriente anglo sajona, basada en la defensa de las libertades concretas de los pueblos y hostil a la tradición francesa de defensa de derechos “abstractos y metafísicos de los seres humanos”. Fue un humanista y se refería a la pena de muerte como “esa carnicería que llamamos justicia” y luchó activamente contra la tortura en contra de quienes practicaban actos sodomitas. Fue el protagonista principal en la defensa de los derechos de los habitantes de la India; abogó por la emancipación de los católicos, defendió el derecho de los norteamericanos a oponerse a las cargas impositivas sin representación y propuso el establecimiento de gobiernos representativos en las colonias. Sin perjuicio de ello, mostró escepticismo respecto a la extensión del sufragio y la expansión de las prácticas democráticas porque, tal como sostenía Tocqueville, podía engendrar tiranía sobre las minorías y llevar a la confiscación de la propiedad y a  la violencia.

Sin perjuicio de estos rasgos propios del liberalismo clásico y su rebelión vehemente contra la tiranía, también es cierto que, como dicen muchos, fue también “el primer conservador”: valoraba la importancia de la tradición, la religión, la comunidad y el sentido de la historia. Para él el contrato social no era una instancia abstracta sino que era aquel que debía existir entre los muertos, los vivos y los que están aún por nacer. Christopher Hutchins afirma : “ Si se puede considerar que el conservantismo moderno deriva de Burke no es solamente porque apelaba por una estabilidad basada en los derechos de propiedad si no porque también quería resguardar “ lo ancestral y lo inmemorial”.

Si bien se oponía a la revolución, especialmente de carácter jacobino, porque amenazaba gravemente la libertad, no era reacio a las reformas. Por el contrario, consideraba que “un Estado sin los medios para efectuar cambios carece de los medios para su propia conservación.”

Burke, como asimismo Tocqueville, son considerados por cierta historiografía moderna como ”liberales-conservadores” y los precursores de la síntesis del pensamiento liberal conservador tras la superación de las hostilidades entre ellos propias del siglo XIX.

El perfil y las ideas de Edmund Burke lo transforman en un sujeto de estudio de la mayor actualidad y nos parece especialmente relevante para la discusión chilena sobre las tensiones y concordancias entre los pensamientos liberal y conservador.