Victimización: más allá de los resultados

Isabel Retamal

Escuela de Gobierno
El Dínamo

En Chile existe una tendencia a la baja en los delitos que se cometen, situación que hoy se da a conocer con los últimos resultados de la Encuesta Nacional Urbana de Seguridad Ciudadana, que arroja una cifra de 26,3% de hogares victimizados, la más baja desde el año 2005.

Ha habido numerosas reacciones, varias de las cuales pretenden politizar el debate, lo cual no sorprende en un año de elecciones. Sin embargo, es importante rescatar algunas afirmaciones de forma tal de avanzar en mejoras que trasciendan los gobiernos de turno:

En primer lugar, los resultados son fruto del trabajo de más de una década, lo que nos lleva a afirmar que el éxito no es atribuible a un gobierno en particular, sino que es producto de políticas públicas aplicadas durante años, que han acumulado esfuerzos y que se han ido perfeccionado en el camino.

En segundo término, la delincuencia, como fenómeno social complejo y en permanente cambio, requiere de un conocimiento continuo que permita orientar las medidas públicas que se tomen. Para lograr esta tarea, la Encuesta Nacional Urbana es un instrumento de calidad y reconocido internacionalmente, teniendo como uno de sus principales atributos la comparabilidad de sus datos . No contribuye al debate los cuestionamientos al respecto.

En tercer lugar, es importante relevar lo que sucede con el temor, el cual se mantiene alto (pese a que en esta última medición se observe una baja de 12,4 puntos porcentuales). La encuesta indica que una proporción significativa de la población -1 de cada 7 chilenos- se siente vulnerable o desprotegida frente a la posibilidad de ser víctima de un delito. Este tema no es trivial y representa un desafío de política pública en tanto el temor afecta la calidad de vida de todos los chilenos. Más preocupante aún es entender por qué se da esta brecha entre una cifra que parece prometedora –baja en la victimización- y el termómetro de la ciudadanía -que sigue temiendo-. Este fenómeno, no en es exclusivo para la seguridad pública y ocurre en otros ámbitos de nuestro país.

Por último, los datos entregados muestran diferencias del fenómeno delictual a nivel de regiones. Heterogeneidad, que –como señala Fundación Paz Ciudadana- se suma a una alta concentración de la actividad delictual en zonas urbanas específicas. Ambas situaciones obligan a gobiernos y políticos a considerar en sus decisiones las particularidades locales, abordando lo que se oculta bajo los promedios. Esta es una tarea pendiente y de primera prioridad para seguir avanzando en acciones públicas destinadas a la reducción de la violencia y el temor.

Estas problemáticas son las que debemos mirar cuando hablamos de Chile como país en vías de desarrollo. El avance, no es una condición natural, a diferencia de lo que ocurre cuando un niño pasa de la adolescencia a la adultez. Muchos países han permanecido estancos en esta situación, sin llegar al tan anhelado desarrollo. Para seguir avanzando, se requiere de intención, voluntad y nuevas miradas. La contienda política debe pasar a segundo plano, así como las promesas de campaña que no consideren lo que efectivamente es beneficioso para todos (como el ‘propagandismo punitivo’).

En seguridad pública el desafío es a abordar definiciones como la diversidad país; la vinculación entre delincuencia e inequidad; lo que entenderemos por participación ciudadana en la materia; lo positivo de los actores institucionales existentes; entre otros. En definitiva, la invitación es a pensar la seguridad pública que queremos más allá del 2016.

Isabel Retamal
Escuela de Gobierno
Publicado el Martes, 02 Abril 2013