¿Sabemos realmente de qué estamos hablando?

Enrique Canessa
Facultad de Ingeniería y Ciencias
El Mercurio de Valparaíso


Llama la atención que en muchas situaciones tales como el bullado Caso Penta, Caval y otros, se tengan visiones tan conceptualmente distintas de los hechos y sus implicancias. No se trata sólo de quiénes son los responsables en estos eventos, sino de cómo se conceptualizan dichos eventos. Por ejemplo, para la Fiscalía que lleva el Caso Penta dicho holding pareciera ser una “máquina para defraudar”, mientras que para uno de sus dueños se trata de una “máquina para crear empleos”.


Salvo que queramos pensar que las personas usan el lenguaje solo para lograr sus objetivos, y que lo que dicen no refleja lo que realmente piensan, todo apunta a que muchas veces los conceptos empleados no tienen un significado tan claro como pareciera, incluso aunque hayan sido definidos por escrito.
 

Los últimos años, con financiamiento Fondecyt, hemos investigado este problema. Creemos que es necesario entender que los conceptos son frecuentemente “difusos”, es decir, a menudo no pueden ser fijados. Dado lo anterior, ¿podríamos inferir que en una conversación, estamos hablando del mismo concepto? Para abundar en ejemplos, ¿Será lo mismo “educación de calidad” para los estudiantes, profesores y políticos? Si distintas personas tienen ideas distintas sobre el significado de un concepto, ¿cómo es posible que podamos sostener una conversación fructífera sobre el tema? Nótese además, que en muchos de estos usos del lenguaje, nadie puede arrogarse acceso privilegiado a “la verdad” sobre un tema (por ejemplo, sobre cómo deberíamos entender “realmente” la idea de “educación de calidad”).
 

Por lo anterior, es importante desarrollar una forma de establecer sistemáticamente cuándo el significado de los conceptos difusos es compartido dentro de un grupo social. Dicha metodología nos ayudará a  saber si realmente nos entendemos y, si existen ambigüedades, la forma de resolverlas. Eso tiene implicancias positivas no sólo para comprender cómo nos comunicamos, sino que también aplicaciones prácticas. La existencia de motores de búsqueda en internet nos enfrenta comúnmente al problema de encontrar los términos de búsqueda adecuados para que el motor entienda qué estamos buscando. Nuestros trabajos apuntan a que en el futuro algún motor de búsqueda haga más que eso, y pueda considerar los distintos significados que en nuestro grupo social se le dan a un concepto.
Enrique Canessa
Facultad de Ingeniería y Ciencias
Publicado el Miércoles, 01 Abril 2015