¿Quién paga las alzas en los impuestos al capital?

Francisco Parro
Escuela de Negocios

La ya famosa reforma tributaria es vista por algunos sectores como la panacea para terminar con la desigualdad de ingresos de nuestra economía. Los que ganan más deben aportar más, dice el gobierno. Para esto, la reforma propone un alza en los impuestos al retorno al capital empresarial (las utilidades de las empresas). La premisa fundamental detrás de esta propuesta es que un impuesto a don Eulogio lo paga don Eulogio. Sin embargo, la realidad es otra. Los mecanismos de ajuste de la economía hacen que don Eulogio pague sólo una parte del impuesto. El resto lo pagan los trabajadores, consumidores y familias que no siempre pertenecen a los sectores más acomodados. Veamos por qué.
 
Suponga que el gobierno planea subir los impuestos a las utilidades de la empresa de don Eulogio. Esto para implementar programas de transferencia que reduzcan las brechas de desigualdad.  Con el alza de los impuestos, don Eulogio verá mermadas sus utilidades ante lo cual tiene cuatro alternativas de ajuste. Conformarse con recibir menos utilidades y seguir funcionando como si nada ha pasado. Cerrar su empresa al estimar que dada las menores utilidades que percibirá es mejor retirarse y vivir de sus ahorros en un bonito balneario de la quinta región. Vender más caro los bienes que produce para así compensar los mayores impuestos y poder seguir percibiendo las mismas utilidades que antes. O bien, reducir el salario a sus trabajadores o despedir a algunos de ellos para evitar cobrarle más caro a sus clientes de muchos años.
 
La primera de las opciones planteadas para don Eulogio implicaría que, efectivamente, el impuesto al capital lo pagan los capitalistas (don Eulogio en este caso). De ser así, la reforma tributaria lograría reducir (en algo) las brechas de desigualdad. El problema es que los otros tres tipos de ajustes que puede llevar a cabo don Eulogio son igualmente probables y pueden terminar aumentando la desigualdad de ingresos. Si don Eulogio decide cerrar su empresa, el gobierno verá mermada su recaudación tributaria y, por ende, tendrá menos recursos para gastar en programas sociales. En ese caso, el impuesto al capital lo pagan finalmente las familias más pobres. En caso de que don Eulogio decida subir el precio del bien que produce, el impuesto lo pagarían finalmente los consumidores de dichos productos. Si don Eulogio decide reducir los salarios en su empresa o despedir a algunos de sus trabajadores, el impuesto al capital lo terminarían pagando, paradójicamente, los trabajadores. En general, quien paga finalmente el impuesto será el grupo que menos posibilidades tenga de buscar alternativas (la parte más inelástica del mercado en terminología económica). Por ejemplo, si don Eulogio vende bienes de primera necesidad y que no son transables en los mercados internacionales, un alza en el precio no afectará mayormente la demanda por estos bienes, lo que permitiría a Eulogio vender una cantidad similar que antes a un mayor precio. Con ello, el empresario podría recibir las mismas utilidades, a pesar del alza de impuestos.
 
Lo que demuestra el caso de don Eulogio, es que muchas veces propuestas cuyos objetivos son loables pueden traer resultados indeseados sobre los grupos que precisamente pretenden beneficiar. Es por esto que, políticas como la planteada en el actual proyecto de ley de reforma tributaria deben llevarse a cabo solo si tenemos en la mano estudios contundentes que demuestren que los efectos serán los deseados. ¿Pagará don Eulogio o la señora Juanita el alza de impuestos considerada en la reforma tributaria? Lamentablemente, no lo sabemos ya que no existe evidencia empírica concluyente al respecto. Sin embargo, no debemos apostar con el bienestar de las familias chilenas. 
Francisco Parro
Escuela de Negocios
Publicado el Miércoles, 04 Junio 2014