¿Quesitos también en San Damián?

Gonzalo Islas

 

Todavía recordamos la estafa de los quesitos y de Madame Gil, donde buena parte de los habitantes de Coltauco puso sus ahorros en un esquema que, mediante la exportación de “quesitos” a Francia, les aseguraría grandes beneficios. Para muchos, un ejemplo de la ingenuidad de los chilenos de provincia. Sin embargo, el caso de los quesitos, el más reciente de AC Inversions y las controversias de las empresas del Grupo Arcano tienen más semejanzas de las que muchos de los inversionistas de Alberto Chang estarán dispuestos a admitir.

Figuras carismáticas, promesas de internacionalización, ser parte de “la nueva economía”, y retornos garantizados, son elementos que tienden a estar presentes. Pueden diferir entre si existen o no activos respaldando los aportes, pero, de acuerdo con los antecedentes, el mecanismo de usar nuevos aportes para pagar (todo o parte) de las rentabilidades prometidas tiende a ser común.

En el caso de los quesitos como en AC Inversions se ha utilizado en forma repetida el argumento de la falta de educación financiera como una de las causas de estos problemas, ignorando que en AC Inversions había aportantes que contaban con títulos universitarios. El Grupo Arcano muestra que ni siquiera los grupos educados de la élite pueden escapar a la tentación de las rentabilidades altas y garantizadas (y el caso Madoff muestra que tampoco los gestores de fondos de inversión de Wall Street).

No hay educación financiera que permita evitar que, cada cierto tiempo, estos casos aparezcan. El funcionamiento de los mercados y de los instrumentos financieros modernos es suficientemente complejo como para que hoy probablemente la mayoría de los profesionales con estudios en economía y negocios, tengan problemas para explicar claramente cómo funciona un contrato por diferencia o un credit default swap (CDS). No hay programa de educación financiera que permita una enseñanza rápida de estos temas.

Lo anterior presenta un desafío no menor: tanto en Chile, como a nivel mundial, las personas toman una mayor cantidad de decisiones financieras relevantes a lo largo de su vida, con acceso a un número de alternativas (de endeudamiento e inversión) cada vez más extensas y complejas. Un ejemplo claro es el caso del sistema de pensiones, para la mayoría de las personas, probablemente la decisión financiera más relevante de su vida. De un sistema donde no había decisión posible, 35 años más tarde tenemos la opción de elegir la empresa que administra nuestros fondos (AFP), el nivel de riesgo (fondos A, B, C, D y E), el monto de nuestros aportes (APV) y la forma de retirar nuestros ahorros (retiro programado o renta vitalicia).

La evidencia internacional sobre educación financiera dista de ser concluyente con respecto a sus efectos (pero tiende a mostrar que su impacto es menor en la población de menor educación e ingresos). Pese a los enormes esfuerzos y montos invertidos a nivel global, aún estamos lejos de identificar qué tipos de programas o intervenciones pueden ser más efectivos. Es por ello que las autoridades no pueden abandonar el rol de promover y crear mecanismos que faciliten la toma de decisiones de las personas. El caso del Scomp, sistema de información para facilitar y comparar distintas alternativas de pensión, es un buen ejemplo de lo anterior, y existen ideas similares en otros mercados. Evitar la propagación de esquemas de tipo piramidal también requiere la acción de los supervisores. La educación financiera por sí sola no es suficiente. 

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Gonzalo Islas
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Publicado el Lunes, 09 Mayo 2016