La vigencia de un clásico

Juan Luis Ossa
Escuela de Gobierno
La Tercera

La idea de una nueva traducción de Ideas and politics of Chilean Independence nació a fines del año 2011, luego de una serie de conversaciones tanto de Iván Kaksic como mías con la hermana de Simon Collier, Sue. Este es, en primer lugar, un libro sobre el cambio político, y su tesis central es que la “revolución de independencia” fue un proceso largamente gestado que culminó en una completa transición desde la legitimidad monárquica a la republicana. Sin embargo, si bien la república fue el sistema político resultante, Collier no consideró el republicanismo como ideología predominante. La ideología habría sido, en cambio, el liberalismo, que Collier analizó en sus diferentes manifestaciones. 
 
Ideas y política de la Independencia Chilena es un libro indispensable, tanto para la audiencia anglosajona como hispanoamericana. Construido a partir de una admirable recolección de fuentes primarias –la mayoría de ellas proveniente de la prensa-, la obra dio cuenta de un proceso estudiado por muchos pero que, sin embargo, merecía volver a repensarse. Fue ese ejercicio de reinterpretación lo que la condujo a estar por más de cuatro décadas entre los libros más citados de la historiografía chilena sobre la independencia, cuestión que, paradójicamente, no se condice con lo difícil que se ha tornado últimamente conseguirla. La versión en español que existía data de 1977 y no obstante haber sido acogida muy positivamente por el público eso no aseguró su reeditación. De ahí el interés de realizar una nueva versión. 
 
En el libro de Collier hay una defensa, al menos implícita, de los “grandes personajes”. Las elites de Santiago y Concepción son, en efecto, las protagonistas de Ideas y política. ¿Quiere decir esto que esta es una obra elitista? Un análisis rápido de las fuentes utilizadas por la historiografía social chilena de las últimas décadas confirma que, al menos en materia documental, Collier fue tanto o más vanguardista que su contraparte social. La diferencia quizás estribe en que mientras Collier hizo una historia de las elites desde las elites, los historiadores sociales han realizado en general una historia del “bajo pueblo” desde las elites. 
 
El aporte de Collier sobre el papel político de O’Higgins y Portales es particularmente interesante. Su retrato de O’Higgins se aleja de los estudios apologéticos del siglo XIX, remarcando, por el contrario, las contradicciones y mutaciones de su ideario político. Radical pero moderado; republicano pero no completamente enemigo del monarquismo; civil devenido militar; cabeza de un gobierno separatista pero con elementos del despotismo ilustrado de los Borbones. Todo eso y mucho más fue O’Higgins, y Collier da clara cuenta de ello. 
 
¿Puede decirse lo mismo de Portales? El ministro de Joaquín Prieto fue una de las figuras políticas señeras entre los años 1826-1837. No obstante, si O’Higgins fue ante todo un militar, Portales fue sobre todo un comerciante cuyo ingreso a la política se debió más a circunstancias relacionadas con sus negocios que a una visión política de largo plazo. Es difícil afirmar la existencia de un “régimen portaliano”; no al menos de la misma forma como, probablemente, sí sea correcto afirmar la existencia de un “régimen rosista” en la Argentina de los años 1840. Ello, sin embargo, no hace a Portales menos político que O’Higgins, Ramón Freire o Francisco Antonio Pinto. Collier fue suficientemente perspicaz para ver a Portales no tanto como un pensador autoritario cuanto como el ejecutor de un programa que, a diferencia del liberalismo moderado de la década de 1820, estaba construido sobre pilares eminentemente conservadores. 
 
Por otro lado, en el libro de Collier las ideas juegan un papel clave en el desarrollo de la política y viceversa. Collier entendía “a las ideas como la sangre viva de la historia política”. También era un convencido de que “en casi todas las circunstancias ‘hay algo en la historia en que la justicia sólo puede hacerse por el método narrativo’”. No es de extrañar, pues, que los capítulos de Ideas y política presenten panoramas generales de la revolución y que éstos, a su vez, se inserten dentro de una interpretación sofisticada de los programas políticos en pugna. 
 
Collier dejó abierto conscientemente un número de importantes temas, los cuales, ya sea porque la historia política en Chile tendió a ser relegada a un segundo o tercer plano durante los años ochenta del siglo XX o simplemente porque faltó interésen la historiografía para cubrirlos. Esto habla, por un lado, de la originalidad y vigencia de Ideas y política y, por otro, la necesidad de contar con nuevos estudios políticos e intelectuales sobre la revolución chilena. Es responsabilidad de los nuevos historiadores seguir el consejo de Collier y dar cuenta de estas interrogantes. No está de más comenzar la tarea leyendo otra vez más este clásico de la historiografía latinoamericana.
 
Juan Luis Ossa
Escuela de Gobierno
Publicado el Domingo, 05 Mayo 2013