La recompensa diversa

Ignacio Briones
Decano Escuela de Gobierno
Revista Qué Pasa

Las sociedades que limitan la inclusión y la diversidad restringen la competencia y desperdician talento. ¿Qué pasa a nivel de las empresas? Un reciente estudio demuestra cuánto “paga” la diversidad, y entrega buenos argumentos para incentivarla.

En su célebre libro Por qué fracasan los países, Acemoglu y Robinson muestran que los países exitosos promueven instituciones políticas y económicas “inclusivas”, en contraste con las instituciones “extractivas” que caracterizan a los que fracasan. Las primeras configuran sociedades de acceso abierto, con derechos de propiedad diseminados y amplias oportunidades de participación política y económica. En las segundas, esas oportunidades son de acceso limitado a una elite cerrada y monolítica.

La idea última es que en las sociedades de acceso abierto la mayor participación genera mayor competencia. Y esa competencia es la piedra angular para premiar el mérito, fomentar la emergencia de nuevas ideas y crear valor a través de la innovación y la destrucción creativa schumpeteriana.

Una noción íntimamente relacionada al tratamiento de la diversidad en sociedades complejas. Las sociedades que limitan la inclusión y la diversidad restringen la competencia y desperdician talento.

Haciendo una analogía con nuestro cerebro, eso sería equivalente a restringir el número de potenciales conexiones neuronales. En contraste, las sociedades de acceso abierto no sólo son tolerantes a la diversidad, sino que la conciben como fuente de creación de conocimiento y de valor. Aquí, la no discriminación arbitraria no sólo es un principio justo, sino que también económicamente eficiente.

Una amplia literatura entrega luces complementarias en esta misma dirección. Por ejemplo, un estudio reciente para Estados Unidos muestra que la segregación residencial (racial y socioeconómica), al inhibir la complementariedad de capacidades entre individuos, reduce significativamente el crecimiento económico de corto y largo plazo. En la misma línea, trabajos que analizan el impacto de la diversidad resultante de las migraciones documentan que esta tiene un impacto positivo en el crecimiento económico gracias a una mayor variedad de trabajadores y de capacidades.

¿Y qué pasa a nivel de la empresa? ¿Qué rol juega la diversidad? Es la pregunta que se hace un estudio reciente elaborado por McKinsey que analiza los niveles de diversidad e inclusión en altos cargos ejecutivos en 366 grandes compañías del mundo. El estudio sugiere que la diversidad paga. Las empresas pertenecientes al más alto cuartil de inclusividad de género y racial tienen, respectivamente, un 15% y un 35% de mayores probabilidades de tener rentabilidades por sobre la mediana que las empresas que están en el cuartil de menor inclusividad.
Si bien se trata de correlaciones y no de causalidad, el estudio da buenos argumentos de por qué en la empresa el efecto virtuoso de la diversidad podría ser causal. Entre otros, que la diversidad maximiza las posibilidades de incorporar a los mejores talentos, que permite tener una mirada más amplia y mejor orientada a clientes también diversos y que mejora el clima laboral. Ello, sin olvidar que la imagen corporativa puede verse mejorada.

Que en la diversidad hay valor es consistente con una idea liberal planteada por Hayek que bien valdría la pena tomarnos más en serio. Que el conocimiento y los talentos están diseminados entre todos los actores y que la mejor forma de descubrirlos es a través de la competencia. Competencia que sólo se logra en sociedades de acceso abierto a las oportunidades y cargos, y donde la meritocracia, sin discriminaciones arbitrarias, es su correlato. Tamaño desafío el que tenemos por delante.
 
Ignacio Briones
Escuela de Gobierno
Publicado el Viernes, 25 Septiembre 2015