La demanda es desconcentrar más que descentralizar

Patricio Aroca
Escuela de Negocios
El Mercurio de Valparaíso
 
A raíz de las protestas ocurridas en diferentes puntos del país: Quellón, Calama, Freirina, Aysén y Punta Arenas, se ha comenzado a plantear con fuerza la necesidad de descentralizar. Entre las propuestas se menciona la elección de los Consejeros Regionales y la elección de Intendentes.
 
Sin embargo, el levantamiento producido en las ciudades mencionadas, no ha sido por la falta de poder regional en la toma de decisiones, sino que por la falta de provisión de adecuados bienes públicos.
 
Dada como se distribuyen los recursos del Estado de Chile, a través de una evaluación social sin consideraciones espaciales, casi cualquier proyecto resulta más rentable en Santiago que en cualquier otro lugar del país. Por ello,  mientras se gastan 155 millones de dólares en carros del metro con aire acondicionado para reducir, en el verano, la temperatura interna en 5 grados, se niega a los ayseninos un subsidio por 20 millones de dólares para solventar la calefacción que les permita enfrentar el crudo invierno del sur.
 
Esto no cambiará si los consejeros e intendentes son elegidos localmente, probablemente, si tendremos una mejor asignación de los pocos recursos que van a regiones, pero la provisión de bienes públicos seguirá siendo pobre y los habitantes de regiones seguirán sintiendo la insatisfacción y resentimiento que genera la creciente desigualdad de las regiones respecto a la capital.
 
Por ello, es un imperativo desconcentrar más que descentralizar. Es decir, invertir en las regiones mucho más de lo que se invierte en Santiago. El caso coreano, un país unitario y presidencialista como el nuestro,  puede servirnos como ejemplo. Aun cuando promovieron descentralización del poder, su verdadero éxito estuvo basado en un plan de inversiones que conectó y potenció el desarrollo de las regiones periféricas, con el resto del país y especialmente con el resto del mundo.
 
Ejemplos recientes como el puente que une a Chiloé con el continente, probablemente nunca será socialmente más rentable, que gastar esos recursos en el centro del país. Pero, el realizarlo, proveerá mejores condiciones de vida a los chilotes y sus vecinos, y detendrá en alguna proporción la migración hacia a la capital. Algo similar ocurre con el aeropuerto de Calama, uno de los peores habilitados del país, que tiene una gran demanda por servicios aéreos, no solo para la minería, sino también para los turistas que van a San Pedro de Atacama, el lugar más visitado por extranjeros en Chile. 
Patricio Aroca
Escuela de Negocios
Publicado el Jueves, 13 Junio 2013