¿Es la avaricia un trastorno mental?

Joaquín Gaete
Escuela de Psicología 


Los antiguos tenían una palabra precisa para nombrar a la persona consumida por el vicio de la avaricia, el afán de tener más y más, el tener más de lo que uno se merece o le corresponde: Pleonexia. Los medievales lo consideraron un pecado capital junto a la soberbia, la gula, la ira, la lujuria, la pereza, y la envidia. De alguna manera, todos los pecados capitales –excepto la avaricia— pasaron a considerarse un trastorno mental en la modernidad. ¿Qué pasó con la avaricia? ¿Podríamos considerarla un trastorno mental? Yo sostengo que sí. Examinemos primero en qué consiste la pleonexia/avaricia.

 
Para antiguos y modernos, una persona es virtuosa en lo que hace porque logra maximizar bienes internos a la actividad que desempeña. El futbolista, el músico, o el político virtuoso es bueno porque juega bien al fútbol, hace buena música, o buena política, no por el hecho contingente que genere otros bienes que son externos al fútbol, la música, y la política (dinero, fama, status, poder, etc.). Uno puedo decir que un buen político es probable que tenga bastante dinero, status,  y poder, pero decir que alguien es buen político porque tiene dicha situación es no entender lo que es, al menos teóricamente, la buena política.

 
En contraste, la persona pleonéxica es aquella que se motiva en la vida por bienes externos a la actividad que se desempeña (dinero, estatus, poder). El pleonéxico puede deciro incluso creer que le interesa otros bienes sociales. Podría, por ejemplo, creer que su motivación es generar empleo o riqueza para aumentar el bienestar social; pero aquello es más bien un autoengaño (o en el peor de los casos, una estrategia deliberada para no manchar su imagen pública y así seguir acumulando riqueza).  En efecto, si al pleonéxico le ofrecieran quitarle la mitad de su riqueza a cambio de la generación del doble de empleos que él mismo cree que podría llegar a generar con dicho capital, éste se rehusaría.  El autoengaño se haría evidente.

 
¿Puede considerarse la pleonexia un trastorno mental?

 
Cuando la psiquiatría recién comenzaba a principios del siglo pasado se describían unos 40 trastornos (en ese entonces mal llamados “enfermedades” mentales), mientras que a principios de este siglo ya vamos en cerca de 400. No hace mucho tiempo atrás la homosexualidad se consideraba (equivocadamente) un trastorno mental. Por otro lado, el tener ciertos sentimientos de desesperanza asociados al período menstrual sólo se considera un trastorno mental después de la aparición de la última edición publicada del manual de psiquiatría más influyente en EEUU (DSM-V). Qué se considera como trastorno mental ha sido y sigue siendo una pregunta compleja, que no está ausente de polémica entre los “expertos”.

 
Lo que está medianamente claro es que un trastorno es mental en el sentido de que no puede reducirse a una enfermedad física del cuerpo. Algunos hablan de discapacidad, otros de disfunción evolutiva, otros de irracionalidad, otros de distorsión del sentido/significado, y todavía otros de desviación frente a modos de vida deseables (tal vez culturalmente impuestos). Sea como fuere, me parece que la pleonexia es un “todas las anteriores”. Poner siempre la necesidad propia (dinero, status, poder) por encima del resto puede verse como una discapacidad, como algo que va en contra de nuestra historia evolutiva de colaboración como especie, en contra de nuestra naturaleza humana (“animales políticos” o “animales racionales” en la jerga aristotélica), cómo distorsión del sentido del dinero (o del emprendimiento), o como algo que se escapa a lo socialmente deseable.

 
A decir verdad, tal vez esta última categoría sea la más controversial de todas –y sea tal vez también la razón por la cual la pleonexia aún no entra en los manuales de psicopatología. Es decir, a lo mejor la pleonexia no es socialmente deplorable. Tal vez hemos caído en la ilusión de que es, como muchos han sostenido, una virtud. Quiero creer que es una ilusión, un autoengaño de nuestra parte. Claro está, a uno le puede gustar ganar dinero, status, o poder, en la medida de lo merecido, y en especial cuando esto permite realizar mejor la contribución que uno quiera hacer con su vida. Querer ganar dinero no es un signo de trastorno mental. Sin embargo, quiero creer que hay otros – ¿tú tal vez? – a quienes también les parece que la pleonexia es socialmente indeseable. Mi apuesta es que sí hay masa crítica para decir fuerte y claro que la gente que organiza su vida en función de cuánto dinero, status, o poder es algo intrínsecamente indeseable. Y es todo lo que necesitamos para meter a mucha gente que tiene que ir al hospital a tiempo, y prevenir así desastres sociales provocados por gente loca.
 
 
 
Joaquín Gaete
Escuela de Psicología
Publicado el Lunes, 13 Abril 2015