Compromiso de Chile en cambio climático: ¿Suficiente o insuficiente?

Raúl O’Ryan

Facultad de Ingeniería y Ciencias

La Tercera

El Gobierno de Chile presentará su compromiso de contribución nacional tentativa al nuevo Acuerdo Climático que  se espera firmar en la cumbre COP 21 que comienza en pocos días en París. En materia de mitigación el compromiso se basa en un riguroso proceso para generar antecedentes cuantitativos (proyecto MAPS) lo que es un gran mérito de esta propuesta.

El país ofrece reducir sus emisiones de CO2 por unidad de PIB el año 2030 en 30% respecto del año 2007, unas 20 millones de toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Para ello el país deberá hacer un esfuerzo adicional a su comportamiento habitual: mayor eficiencia energética y mayor penetración de renovables. Además, ofrece llegar a un 45% de contar con apoyo internacional. Por último, se proponen actividades en el sector forestal que permitirían capturar GEI.

Chile ha tenido buenas razones para anunciar estos propósitos: (i) es consecuente con un comportamiento histórico del país frente a la Convención Marco sobre Cambio Climático; (ii) responder a un mundo en el que, como señala el ex Presidente Lagos, el progreso no sólo se mide por la magnitud de PIB, sino también por las emisiones de GEI per cápita; y, quizás la razón más importante,  (iii) porque debemos ser lo más “atractivo” posible para que el sistema financiero internacional  utilice las oportunidades de inversión que ofrece nuestra economía, realizando las transformaciones tecnológicas requeridas para lograr el objetivo de la Convención, y así no quedar marginados de este trascendental  proceso.

Nos parece que lo que se propone es suficiente para el acuerdo de París. Primero, recordemos que la presentación de estas contribuciones se origina en la necesidad de destrabar el proceso de negociaciones para obtener “un resultado con fuerza legal”, acuerdo en el que particular y principalmente se busca sumar a las “economías emergentes con grandes emisiones de GEI”: Brasil, China, India, México y Sudáfrica.

Aunque nos duela, son las voluntades expresadas por éstas las de interés para las naciones industrializadas. Segundo, lo que se propone es similar a lo ofrecido por los demás países. Si bien no parece muy ambicioso, no hemos sido convocados a expresar ambiciones sino contribuciones posibles para el país, cautelando otras necesidades que se deben abordar con prioridad como el financiamiento de la educación e infraestructura. Ninguna de las economías significativas va a proceder de una manera diferente.  Brasil ha recibido ya cerca de mil millones de dólares de Noruega para su esfuerzo de reducción de la deforestación  y Costa Rica ofrece llegar a ser carbono neutral si recibe apoyo internacional.

Tercero, es un piso realista. Algunos sugieren que un “esfuerzo justo” del país debiera implicar unas 35 millones de toneladas adicionales de reducción. Los antecedentes de MAPS señalan que para ello sería necesario incorporar centrales hidroeléctricas en Aysén y lograr una interconexión eléctrica con otros países, entre otras.

¿Alguien puede sostener hoy que ello es factible? Creemos que comprometerlo ahora sería irresponsable. Finalmente, esta propuesta da tiempo para generar los consensos requeridos expresados en  una política de Estado, a ser ratificada antes del 2020 por el Congreso Nacional.

Sobre la base de lo propuesto se debe iniciar un proceso que conduzca a un consenso nacional sobre este tema, perfeccionando la contribución prevista, incluso para incrementar su ambición si se estima pertinente. La preocupación central deberá ser  generar las condiciones para que por medio de una inteligente articulación de los esfuerzos propios y el apoyo internacional logremos una economía baja en carbono.

*Columna escrita con Eduardo Sanhueza, Cambio Climático y Desarollo Consultores.

Raúl O’Ryan
Facultad de Ingeniería y Ciencias
Publicado el Miércoles, 25 Noviembre 2015