Al debe en educación financiera

Alejandra Marinovic

Escuela de Negocios

Pulso

La mayor estafa del país, casos dramáticos de familias con millonarias pérdidas, son los titulares de las noticias recientes sobre el engaño financiero piramidal del que se acusa a AC Inversions. Llaman la atención los testimonios de algunos de los afectados: no sabía, no me imaginé, no pregunté, no se veía nada extraño y pagaban bien, era una mejor opción. Dos factores preocupantes han contribuido a esta situación y son indispensables para entender y evitar estafas financieras: graves falencias en la educación financiera y desconfianza.

La educación financiera no solo incluye los conceptos básicos de dinero, presupuesto, ahorro, tasa de interés, rentabilidad y riesgo. Los ciudadanos también debemos conocer, aunque sea de manera general, las instituciones regulatorias y supervisoras, las instancias de reclamo, y los deberes y derechos de quienes usan los servicios financieros tales como el manejo de inversiones. Así, la educación financiera es necesaria para crear mecanismos precautorios en las familias, para administrar mejor sus recursos y, en consecuencia, mejorar su bienestar. La educación financiera es muy desigual, y los más desprotegidos son los más pobres. Los avances en esta materia ayudarán a administrar mejor y a la vez a enfrentar la desigualdad.

La desconfianza ha quedado también de manifiesto. Las opciones ofrecidas al público por AC Inversions, según los antecedentes vistos en la prensa, eran mucho mejores que las del sistema financiero formal: pagaban mucho más que los bancos, por ejemplo. Una alta rentabilidad sin riesgo podría sonar sospechosa si puedo comparar eficazmente con otras opciones factibles. Pero si existe desconfianza sobre la calidad de esa información o se cree poder lograr mejores rentabilidades solo fuera del sistema financiero formal, entonces la evaluación de la inversión no es tan simple. Cuando una persona percibe restricciones para lograr ganancias más altas, se siente injustamente tratada o sospecha del sistema, puede optar a propósito por una inversión como la ofrecida. Si este problema se suma al desconocimiento es aún peor, y si agregamos avaricia, tenemos terreno fértil para las estafas.

La confianza es un fenómeno complejo. En este caso, no se trata de confiar en un amigo, sino en la institucionalidad y en contrapartes desconocidas. La transparencia, la responsabilidad ante los ciudadanos, la solidez de las instituciones, así como la educación y la construcción de reputación contribuyen a crear confianza. Las instituciones financieras y educacionales públicas y privadas son protagonistas en esta materia. Más globalmente, la prevención de las estafas financieras pasa por acciones de las personas, las empresas y del Estado, todos agentes de educación financiera.

 

Alejandra Marinovic
Escuela de Negocios
Publicado el Miércoles, 23 Marzo 2016