Acreditación universitaria: Una cuestión de perspectiva

Jorge Sanhueza

Decano Escuela de Psicología
El Mercurio de Valparaíso

Las diversas implicancias de la acreditación en las instituciones de educación superior,  constituyen una temática relevante y necesaria de considerar al momento de la toma de decisiones sobre qué y dónde estudiar.

Acreditarse, exige de las organizaciones, más allá de la institucionalidad que la sostenga, un fuerte compromiso con la valoración de la mejora continua y del aseguramiento de la calidad.

En el mundo, los sistemas de acreditación, han seguido esencialmente dos tradiciones. La más compartida y universal, dice relación con la certificación de los procesos de aseguramiento de calidad a partir de estándares definidos por instituciones que verifican el ajuste a estos criterios. Se trata, en este caso, de proveer información a determinadas agencias que contrastan estos antecedentes con los estándares compartidos en una determinada industria.

Una segunda tradición en los procesos de acreditación, de origen europeo, plantea la lógica del aseguramiento de la calidad desde la propia realidad institucional y desde el cumplimiento de los propios estándares y metas progresivas que se plantean las mismas instituciones. La llamada tradición de la Excelencia, sitúan en la reflexión interna y en la capacidad de las organizaciones de dar cuenta pública de sus progresos, la certificación de su capacidad de mejora continua y aseguramiento de calidad.

Esta última perspectiva, supone, también contar con estándares, pero más que poner la responsabilidad de acreditación de éstos en agencias externas, demanda el desarrollo de institucionalidad interna que asegure el cumplimiento de los procesos de mejora. Por cierto, esta perspectiva, exige también un mercado y una ciudadanía madura, capaz de exigir información y actuar proactivamente no sólo en la demanda de ésta, sino en la exigencia de coherencia y cumplimiento de lo comprometido por las instituciones.

Nuestra propia experiencia de acreditación, adscrita a la primera tradición, es decir agencias acreditadoras que evalúan el cumplimiento de determinados estándares,  nos llevó a instalar en la propia estructura organizacional la capacidad de autoregulación y monitoreo de la calidad. De este modo, decidimos orientarnos por estándares y procesos externos de acreditación, sosteniendo y fortaleciendo una cultura de excelencia y alto desempeño. Claramente hemos ganado en los procesos de mejora interna y, pese a haber pasado ya un año desde que una agencia nacional nos dio una acreditación en la carrera de Psicología por 5 años, hemos sostenido el compromiso por mejorar lo que hacemos y aspirar cada día a superarnos a nosotros mismos en lo que hacemos.

Las diversas implicancias de la acreditación en las instituciones de educación superior,  constituyen una temática relevante y necesaria de considerar al momento de la toma de decisiones sobre qué y dónde estudiar.

Acreditarse, exige de las organizaciones, más allá de la institucionalidad que la sostenga, un fuerte compromiso con la valoración de la mejora continua y del aseguramiento de la calidad.

En el mundo, los sistemas de acreditación, han seguido esencialmente dos tradiciones. La más compartida y universal, dice relación con la certificación de los procesos de aseguramiento de calidad a partir de estándares definidos por instituciones que verifican el ajuste a estos criterios. Se trata, en este caso, de proveer información a determinadas agencias que contrastan estos antecedentes con los estándares compartidos en una determinada industria.

Una segunda tradición en los procesos de acreditación, de origen europeo, plantea la lógica del aseguramiento de la calidad desde la propia realidad institucional y desde el cumplimiento de los propios estándares y metas progresivas que se plantean las mismas instituciones. La llamada tradición de la Excelencia, sitúan en la reflexión interna y en la capacidad de las organizaciones de dar cuenta pública de sus progresos, la certificación de su capacidad de mejora continua y aseguramiento de calidad.

Esta última perspectiva, supone, también contar con estándares, pero más que poner la responsabilidad de acreditación de éstos en agencias externas, demanda el desarrollo de institucionalidad interna que asegure el cumplimiento de los procesos de mejora. Por cierto, esta perspectiva, exige también un mercado y una ciudadanía madura, capaz de exigir información y actuar proactivamente no sólo en la demanda de ésta, sino en la exigencia de coherencia y cumplimiento de lo comprometido por las instituciones.

Nuestra propia experiencia de acreditación, adscrita a la primera tradición, es decir agencias acreditadoras que evalúan el cumplimiento de determinados estándares,  nos llevó a instalar en la propia estructura organizacional la capacidad de autoregulación y monitoreo de la calidad. De este modo, decidimos orientarnos por estándares y procesos externos de acreditación, sosteniendo y fortaleciendo una cultura de excelencia y alto desempeño. Claramente hemos ganado en los procesos de mejora interna y, pese a haber pasado ya un año desde que una agencia nacional nos dio una acreditación en la carrera de Psicología por 5 años, hemos sostenido el compromiso por mejorar lo que hacemos y aspirar cada día a superarnos a nosotros mismos en lo que hacemos.

Jorge Sanhueza
Escuela de Psicología
Publicado el Viernes, 25 Enero 2013