Caminando hacia atrás

Karen Trajtemberg

Hace cerca de tres décadas, el cantante estadounidense Michael Jackson era seguido por todo el mundo, entre otras cosas, por su forma de bailar, específicamente por un paso que le permitía caminar hacia atrás. Hoy, en nuestro país y como si estuviesen en un concurso de talentos, los dos candidatos a la presidencia parecen emular en este plano al desaparecido rey del pop.

Porque esta semana la discusión y el debate público pusieron reversa y volvieron el pasado hasta cuarenta años, con frases y conceptos que parecen haber sido sacados de un libro de historia y que han determinado que estos días se concentren en polémicas artificiales, absurdas y añejas.

Todo partió con el candidato de la derecha, Sebastián Piñera, denunciando la existencia de votos marcados en la pasada primera vuelta. Pocos días después, trató de desdecirse, pero el tema ya estaba instalado. Una vez más, el abanderado echa mano a un recurso en extremo facilista, como lo es denostar a las instituciones a través de un discurso lleno de acusaciones al voleo. Lo hizo en su campaña pasada, con la famosa “puerta giratoria” de la justicia, por la que –según él- los delincuentes entraban y salían de la cárcel, con la anuencia de los tribunales. Ese fenómeno, decía entonces, era el  culpable de la delincuencia con la que, como hoy, prometía terminar. 

Pero durante su gobierno los criminales continuaron funcionando de la misma manera, la victimización se mantuvo en el mismo nivel y los ciudadanos seguían declarándose atemorizados. Lo que sí cambió es que en esos cuatro años, la institución del Poder Judicial perdió credibilidad y su labor comenzó a ser fuertemente cuestionada por la ciudadanía.

Hoy, siete años después, Piñera decidió hacer lo mismo, esta vez con el Servel. Pese a que Chile es reconocido a nivel internacional por la seriedad de su sistema electoral, parece que en campaña todo vale.

Por su parte, Alejandro Guillier también apostó al slogan polémico. Casi como si estuviéramos viviendo un revival de los debates de los ’70 entre “momios” y “comunachos”, el abanderado de la Fuerza de la Mayoría apostó a la criminalización de los más ricos, a quienes les adelantó que "les meteremos la mano el bolsillo”, con el objetivo de “que ayuden a hacer patria alguna vez". En una muestra de una discusión basada en el titular fácil, era mucho más noticioso –al parecer- una frase que rememora las temáticas más trasnochadas de hace tres décadas, que haber dicho simplemente que pretendía aumentar la carga impositiva a quienes más ganan.

La semana terminó con el esperado debate entre ambos candidatos. Allí sí se esperaban definiciones a futuro, pero nuevamente las frases rimbombantes pudieron más. A aquello ayudó el formato establecido por los organizadores, con tiempos para responder que en algunos pasajes apenas alcanzaban los 30 segundos y donde era difícil ahondar en cualquier tema.

Los candidatos tampoco se esmeraron mucho por ir al fondo de los problemas realmente importantes. Si bien la discusión entre ambos fue bastante menos agresiva que en las instancias anteriores –donde estuvieron los ocho postulantes a La Moneda-, lo cierto es que las notas altas estuvieron puestas nuevamente en las polémicas, que –de paso- alimentaron largas tertulias en redes sociales.

No hay caso, el que nace chicharra muere cantando, dice la tradición. Y en el debate quedó claro que Sebastián Piñera no puede dejar de ser quien es: consultado por su postura respecto del trato que los colegios debían dar a los niños transgénero, el abanderado de Chile Vamos dijo que "muchos casos de disforia de género se corrigen con la edad”. Con esta sola frase, Chile retrocedió unos cien años en temas valóricos.

Las palabras de Piñera son realmente anacrónicas y una vez más concentran la atención de la ciudadanía en las “piñericosas” más que en ideas de futuro. Como ha sido la tónica durante los últimos meses, la campaña navega constantemente de polémica en polémica, en vez de ir de propuesta en propuesta, como debiera ser en un país dice ser “casi” desarrollado.

Hace unos meses, al analizar las franjas electorales, el publicista Ángel Carcavilla dijo en una charla en la Universidad Adolfo Ibáñez que el futuro ha sido el gran ausente en la campaña. Esta semana aquello quedó de manifiesto. Definitivamente, esta es una campaña que ha evocado el pasado y que, cual Michael Jackson, se dedica a caminar hacia atrás.

 

Karen Trajtemberg
Escuela de Periodismo
Publicado el Lunes, 11 Diciembre 2017 en El Mercurio de Valparaíso