Uso de drogas en Chile: lo bueno, lo malo y lo feo

Guillermo Paraje

Se acaban de publicar los resultados del undécimo estudio de uso de drogas en población escolar realizado por el Senda, con resultados que señalan los problemas (serios) que tiene Chile en este ámbito, pero también algunas soluciones efectivas para ellos.

Lo bueno es que esta encuesta confirma la baja sostenida en el consumo de tabaco entre los jóvenes. Dicha baja comenzó luego de que Chile se uniera al Convenio Marco para el Control del Tabaco de la OMS en 2006 y adoptara una serie de medidas como la prohibición completa de publicidad, la prohibición de fumar en centros educativos y en ambientes cerrados y, sobre todo, aplicara una serie de aumentos impositivos que subieron fuertemente el precio real y bajaron la asequibilidad de los cigarrillos. Entre noviembre de 2005 y noviembre de 2015 (cuando fue realizada la encuesta) el precio real del cigarrillo aumentó 118% y la asequibilidad (ingresos promedio necesarios para comprar un paquete de cigarrillos) se redujo un 42%. Como consecuencia de eso la prevalencia mes entre jóvenes (consumo de cigarrillos en el mes) se redujo del 41,3% en 2005 al 24,3% en 2015; y la prevalencia diaria se redujo 15,3% al 6%. Esto demuestra que los impuestos funcionan, a pesar de lobbies, amenazas, chantajes y mentiras de las tabacaleras. El uso de tabaco entre jóvenes sigue siendo altísimo para niveles internacionales, pero se tiene una política efectiva (la suba de impuestos) y hay que insistir en su uso.

Lo malo que muestra el estudio es que las prevalencias de consumo de todas las demás sustancias han subido a máximos históricos. Tal es el caso, por ejemplo, de las prevalencias mes de consumo de alcohol marihuana, cocaína, pasta base, inhalables y tranquilizantes sin receta médica. El caso del alcohol es diferente al resto por cuanto es una sustancia legal. Aunque el precio real de las bebidas alcohólicas ha aumentado un 32% desde 2009, el salario promedio aumentó un 43%, por lo que su asequibilidad aumentó. No hay política clara, como en el tabaco, para reducir el acceso de los jóvenes al alcohol, así como no hay regulaciones fuertes que restrinjan o prohíban su publicidad. Los resultados en esto, están a la vista. A menos que no se avance decididamente en una política de control del acceso al alcohol en jóvenes, que debe incluir necesariamente el aumento de impuestos, no va a controlarse su consumo juvenil, con las enormes implicancias sanitarias que esto tiene.

Lo feo del estudio es el aumento significativo del consumo de marihuana en momentos en que se discute su legalización y auto-cultivo. Más allá de que la legalización tiene el beneficio de reducir o eliminar el narcotráfico (en esta droga), la frivolidad que se ha instalado en torno al tema es preocupante. A partir de los mensajes confusos que se brindan de diversos sectores nuestros jóvenes no perciben el enorme riesgo asociado al consumo de marihuana. De hecho, el estudio de drogas muestra que sólo el 21% de los jóvenes percibe el consumo frecuente de marihuana (una o dos veces por semana) como riesgoso, mientras que en 2005 lo hacía el 52%. No puede soslayarse en la discusión que la marihuana es una sustancia adictiva y dañina para la salud. Enmarcar su consumo como “recreativo” es abrir la puerta a patrones de consumo juvenil más serios y preocupantes que los que se observan en la actualidad.

Guillermo Paraje
Escuela de Negocios
Publicado el Miércoles, 01 Febrero 2017 en La Tercera