Una oportunidad para aprender

Jorge Sanhueza
Decano Escuela de Psicología
La Segunda


Una radio especializada en rock refiere en su programa de la mañana que dados los eventos de la madrugada su programación habitual ha cambiado. Más tarde, un doctor en ciencias del comportamiento plantea lo impresionado que está por la reacción de pánico colectivo que genera el terremoto y tsunami en las costas del Japón; un Ministro de Estado plantea que está todo previsto y que no hay por qué alarmarse en tanto que otro Ministro de Estado da cuenta de la evacuación de los Hospitales y Centros de Salud ubicados en línea costera. Una religiosa comenta con preocupación y empatía el temor que debe estar viviendo la gente. Una colaboradora menciona que es una verdadera psicosis y un auxiliar comenta que se da cuenta que “la vida no la ha aprovechado como debiese, que tal vez no ha priorizado las cosas que le permiten disfrutar la vida, especialmente con su familia” y que, con probabilidad, este debiese ser su proyecto para este año.


Desde lo alto de los cerros ubicados en Peñalolén, sopeso lo vivido personalmente y, desde luego, el dato objetivo del terremoto y el tsunami de la madrugada en las costas del Asia-Pacífico, y no puedo dejar de validar la perspectiva de cada uno de los actores que he escuchado.


Los chilenos tenemos el miedo fuertemente sentido en el cuerpo y en particular aquellos que directamente fueron afectados por los sucesos del llamado 27-F, no pueden sino reaccionar buscando protección, seguridad y cuidado, pensando probablemente que ello les ayudará a prever el futuro inmediato y manejar las pocas cosas que pueden estar bajo el propio control. No es psicosis, ni pánico colectivo, ni una conducta anormal, es una manera de reaccionar y de comportarse que nos debería llamar a repensar cómo queremos vivir y qué necesitamos aprender para asumir el pasado, vivir el presente y proyectar nuestro futuro.


Sin embargo, los Ministros de Estado, mandatados para hacer bien las cosas y ser eficientes, buscan con inteligencia la información necesaria que les permita organizar los ámbitos de acción de sus respectivos sectores, provocando indefectiblemente contradicción e incluso perplejidad en quiénes les escuchan: ¿Cómo seguir la vida normal “sin perder la calma”, si por otro lado se evacúan hospitales y otros servicios públicos?


Por su parte, quiénes han acompañado a tantos que han sufrido pérdidas y han vivido de cerca el dolor de otros, pueden mostrarnos cómo nos podemos poner en el lugar de los demás; de aquellos que simplemente quieren vivir sin sobresaltos, sin miedo, sin inquietud, de los que se recuperaron anímicamente de lo vivido hace poco más de una año, e incluso de quiénes aún sufren con las consecuencias de una experiencia que para ellos fue traumática. El modo específico de estar con los demás de la religiosa, no es un consuelo para el necesitado sino un testimonio concreto de lo que es con-vivir, vivir con otros en comunidad, una comunidad que sabe cómo cuidarse, apoyarse, acompañarse y enfrentar juntos lo que estamos viviendo.


Pero el más sabio es sin dudas, Nelson, el auxiliar que colabora en nuestro campus. No podemos prever lo que en el futuro pasará. Vivimos tiempos de incertidumbre y pareciera que hoy es más necesario que nunca vivir bien, gozar de cada momento, celebrar lo que hemos logrado porque mañana no sabemos qué pasará. Vivir nuestras relaciones interpersonales, nuestro trabajo, nuestras creencias, nuestros anhelos, con una actitud apreciativa, valorando lo que somos y tenemos, puede ser un gran aprendizaje para hacer posible otro Chile.

Publicado el Miércoles, 16 Marzo 2011