Una agenda de productividad a largo plazo

Marcelo Villena

Facultad de Ingeniería y Ciencias
Pulso

Hace algunas semanas, el gobierno anunció la Agenda de Productividad, Innovación y Crecimiento, la cual considera siete ejes que apuntan a desafíos claves para el desarrollo del país. Sin embargo, la discusión se ha centrado en su primer punto: “Impulsar el desarrollo de sectores con alto potencial de crecimiento”. La razón es ideológica y se encuentra en el viejo debate sobre el rol del Estado en el desarrollo económico.

Para el ojo inexperto, esta medida parecería razonable, no obstante, exige que el Estado sea capaz de escoger exitosamente a qué sectores debe apoyar. Esta discusión no reviste mayor importancia en la práctica. De hecho, no cambia significativamente nuestro modelo de desarrollo, por lo que me referiré a otros puntos relativos a la Agenda.

Primero, es sabido que el crecimiento de los ingresos per cápita de largo plazo debe ser impulsado por la productividad, toda vez que los retornos marginales de los insumos son decrecientes. Por otro lado, estos esfuerzos no pueden ser pagados por las empresas en un ambiente competitivo, donde sus ingresos solo alcanzan para pagar el producto marginal del capital y el trabajo. En este sentido, la productividad es importante, necesita de esfuerzos públicos y se trata de un tema de largo plazo.

En segundo lugar, en términos de política pública la productividad es un concepto mejor que el de innovación y competitividad. No los reemplaza, sino que los abarca, ya que la innovación aumenta la productividad, y una mayor productividad necesariamente implica mayor competitividad. Sin embargo, la innovación, siendo un aspecto clave a mejorar en las empresas, es más bien elitista, en el sentido que exige altas capacidades. Para nuestras pymes la eficiencia, en términos de transferencia tecnológica y mejores prácticas en gestión, parecen asuntos más urgentes. Por otro lado, la competitividad aumenta si mis competidores se hacen menos competitivos. Como los atletas, es bueno mirar cómo van mis competidores, pero lo relevante es que yo entrene y mejore lo más posible.

Tercero, es clave medir adecuadamente la productividad para dimensionar los principales desafíos sectoriales y regionales, y de aquí direccionar esfuerzos públicos y privados. Hoy la productividad es medida por Corfo con el apoyo de la Universidad Adolfo Ibáñez. Una vez más, Corfo se adelanta a las necesidades estadísticas del país. Recordemos que fue también la impulsora de nuestras Cuentas Nacionales. Sin embargo, la tarea estadística exige que otras entidades, como el Banco Central y el Instituto Nacional de Estadísticas, colaboren más activamente.

Finalmente, sobre la institucionalidad, es muy interesante contar con una comisión de productividad, como lo señala la Agenda, que pueda medir y recomendar políticas. Lo clave aquí es tener la mente y el corazón puestos en el largo plazo y no en la próxima elección. En este punto, debemos aprender de la experiencia del Consejo de Innovación.

En mi opinión, un consejo amplio que opina y propone políticas, pero con poco presupuesto y sin capacidades reales de influir en otras instituciones, no es el mejor camino. Quizá para los próximos 100 años, el país necesita una corporación de fomento de la productividad, una Corfo para el siglo XXI, donde este consejo de productividad actúe como su directorio.

 

Marcelo Villena
Facultad de Ingeniería y Ciencias
Publicado el Martes, 24 Junio 2014