Trump es mi pastor

Juan Cristóbal Portales

La reciente elección parlamentaria dejó una serie de datos que dan cuenta cómo buscan posicionarse los candidatos entre sus potenciales electores. Tomando la información existente en las páginas web y redes sociales (Facebook y twitter) de los candidatos ganadores, el Magíster de Comunicación Estratégica de la UAI realizó un análisis cualitativo de sus estrategias comunicacionales expresadas en el material gráfico y mensajes en esas plataformas. El resultado muestra campañas que tienden a un posicionamiento poco creativo y predecible.

Por un lado, a través de estrategias de conocimiento que se enmarcan en un retrato cercano al ciudadano medio, se sitúan lejos del establishment y cerca de un neo populismo (24,5%). Otras que explotan la estrategia ‘paraguas' y se asocian a figuras presidenciales, líderes partidarios o locales para suplir una falta de conocimiento o atributos diferenciadores (22,6%). Un tercer tipo recurre a estrategias de empatía que despliegan una autoridad moral afectiva para solucionar ciertas demandas o abusos reiterados (11,6%). No se observa, eso sí, una incidencia mayor de estrategias de ataque o daño centradas en desnudar a los rivales a partir de datos controversiales o un tono agresivo (en concordancia con una idiosincrasia del votante local que históricamente ha tendido a rechazar ese tipo de campañas). En este punto quizás radica la mayor diferencia con las campañas presidenciales que hoy presenciamos en el balotaje.

Si bien Piñera y Guillier replican el mismo guión parlamentario, han decidido ir más allá. Ambos ahora hacen gala de un retrato caricaturesco y violento del rival alimentado por una vorágine mediática amiga de la simplificación, la frivolidad y por momentos incapaz de desnudar una proliferación de posverdades más allá de un ChileCheck. La hipérbole y el adjetivo calificativo son la nueva expresión de pseudo líderes confesionales de un "Trump es mi pastor, nada me habrá de faltar". Una Trumpmanía tercermundista aceptada e imitada con orgullo por dos contendores limitados, ansiosos, amigos de una verborrea desprovista de palabras e ideas significativas, lejanos a los desafíos planteados por la modernidad y por el nuevo Chile que emergió con fuerza el pasado 19 de noviembre. Es de esperar que el antimadurismo, el antipiñerismo y los clichés que inducen a un pesimismo sistémico no sean más que una estrategia electoral precaria.

Juan Cristóbal Portales
Escuela de Periodismo
Publicado el Viernes, 15 Diciembre 2017 en La Segunda