Otros sitio UAI
Inicio Espaciador Profesores Espaciador Columnas de Opinión Espaciador Sobre lluvias y diluvios

Columnas de Opinión

Sobre lluvias y diluvios

Publicado el Viernes, 07 Septiembre 2012
Luis Felipe Céspedes
Luis Felipe Céspedes

Escuela de Negocios
Pulso

Cuando llueve, diluvia. Así parte un trabajo académico que describe la política fiscal y la política monetaria en los llamados países emergentes. La tesis que ese artículo sostiene es que cuando en estos países las cosas van bien, cuando los precios de los bienes de exportación son excepcionalmente altos, cuando el acceso al crédito externo es inusitadamente abundante, las políticas monetaria y fiscal no hacen nada por estabilizar la situación. Por el contrario, le echan más leña al fuego. Pero cuando las cosas empeoran, cuando el precio de las exportaciones cae, el acceso al crédito externo se contrae, a la política monetaria y a la fiscal no les quedan más alternativas que ajustarse. Se suben las tasas de interés y se corta el gasto público. Así, justo cuando se requeriría un mayor estímulo, la política macro tiene que pagar su parte de la fiesta. La economía cae en recesión y el desempleo sube prolongadamente. Y así, en vez de lluvia, tenemos diluvio.

Fue precisamente este comportamiento “pro-cíclico” de la política macro lo que explica que, en el pasado, las recuperaciones a shocks negativos hayan sido tan dolorosas en materia de actividad y empleo. En el caso de Chile, recuperarnos de la crisis del ‘82 nos tomó siete años. Los costos en materia de pérdidas de producto asociados a dicha crisis llegaron a 35% del PIB (Ver Céspedes y De Gregorio, 2005, “Recuperaciones cíclicas: evidencia internacional”).

Pero las cosas parecen haber cambiado. La rápida recuperación de la crisis financiera global de 2008-2009 mostrada por un número importante de economías emergentes surge como evidencia incontrarrestable de que algo fue distinto en esa ocasión. Los que en el pasado habrían estado condenados a una pulmonía, sólo sufrieron un resfrío.

El menú de respuesta a la crisis financiera por parte del mundo emergente incluyó agresivos recortes en las tasas de interés y ambiciosos planes de estímulo fiscal. La depreciación de las monedas locales, en vez de generar la quiebra de empresas (¿recuerda el ‘82?), generó un fuerte impulso competitivo para el sector exportador. Todo esto fue posible gracias a la implementación de políticas macroeconómicas prudentes en los buenos tiempos, que aseguraron el financiamiento y la credibilidad necesarios para las épocas malas. Este fue el caso de Chile, que viene implementando un marco de políticas contra-cíclicas desde 2001.

No es extraño entonces que Chile haya exhibido un desempeño tan positivo en materia de crecimiento entre 2010 y 2011. Si miramos el crecimiento entre el último trimestre de 2008 y el último trimestre de 2011, vemos que la economía creció en promedio 4,5%. Es decir, creció ligeramente por debajo de su crecimiento potencial (terremoto de febrero de 2010 incluido). Es decir, la economía chilena recuperó en este período el nivel de actividad que hubiese alcanzado sin crisis financiera global de por medio. El desempeño económico de Chile en 2010 y 2011 es explicado, en buena parte, por la implementación de adecuadas políticas estabilizadoras, tanto monetarias como fiscales, a fines de 2008 y durante 2009.

Pero con el éxito viene el peligro. La capacidad de la política macro para estabilizar el ciclo económico y reducir la incertidumbre que enfrentan los hogares depende de que se continúe implementando con criterios de largo plazo. Y en esta dimensión parece haber señales de un relajo en la política fiscal en los países emergentes. En su último reporte fiscal, el FMI señala que algunas economías emergentes deben ser más ambiciosas en la reducción de sus vulnerabilidades macro. ¿A qué se refiere el FMI? A que dado el auspicioso ciclo económico que algunos países exhiben, éstos debiesen mostrar una posición fiscal más balanceada.

¿Qué ocurre al respecto en Chile? El balance fiscal promedio en el período 2010-2013 sería prácticamente cero, no obstante los auspiciosos precios del cobre. Parte de lo anterior es el resultado de que en estos años el precio del cobre de largo plazo, que se utiliza para determinar cuánto puede gastar el Fisco, ha ido subiendo. Independiente de su justificación, en los hechos este aumento ha incrementado de manera considerable la dependencia de la política fiscal al precio del cobre. Y también la vulnerabilidad del gasto público a esa variable. Somos hoy más rehenes del precio del cobre.

Pero parte de la historia en materia de balance fiscal también responde a que el aumento en el gasto público en años recientes ha sido “financiado” con un mayor déficit estructural. Es decir, ha sido financiado con ingresos que no están asegurados en el futuro.

Una justificación del aumento del gasto público sin que se aumenten los ingresos permanentes del Fisco es que la economía  enfrente una recesión. De hecho, la comisión creada a principios de la actual administración para entregar propuestas para perfeccionar la regla fiscal chilena discutió la conveniencia de darle un mayor carácter contra-cíclico a la regla fiscal chilena. Es decir, que el esfuerzo de ahorro fiscal fuera mayor en la parte positiva del ciclo y menor en caso de recesión. Pero como nuestra economía está en torno al pleno empleo, no hay razón para que exhiba cuentas fiscales (estructurales) deterioradas.

Todo lo anterior lleva a concluir que es preciso reintroducir consideraciones de largo plazo al manejo fiscal. Para que no diluvie cuando llueva.