Sistemas complejos y educación superior

Alejandro Jadresic

 

Los sistemas complejos están formados por numerosos elementos cuya interacción afecta su comportamiento global. Ejemplos son el sistema de transporte de Santiago y el sistema nacional de educación superior. Se caracterizan porque las decisiones se adoptan en forma descentralizada, su evolución es irreversible y el impacto de intervenciones externas es difícil de predecir. Su naturaleza implica que para lograr determinados objetivos, en general conviene impulsar cambios graduales en lugar de reformas radicales. La sucesión de acciones acotadas, retroalimentadas según los resultados observados, permiten corregir el rumbo y acercarse a las metas deseadas. En cambio, reformas radicales arriesgan alejarse para siempre del objetivo buscado.

Un caso ilustrativo es el Transantiago. Una intervención radical dio origen a un sistema cuyo desempeño, no obstante los esfuerzos correctivos, se aleja cada vez más del objetivo inicial. Es así como el subsidio estatal a un sistema que supuestamente se iba a autofinanciar alcanza hoy más de mil millones de dólares anuales, en tanto que en 2015 la evasión alcanzó un nivel récord de 26,8% y el transporte público fue el servicio peor evaluado por los usuarios.

Otro caso es la reforma de la educación superior. El gobierno pretende modificar de una vez las instituciones públicas, las regulaciones a las entidades educacionales, las normas de los proveedores estatales y los mecanismos de financiamiento, sin perjuicio de prorrogar el esquema provisorio (pero irreversible) establecido para la gratuidad. El riesgo de equivocarse es elevado porque la educación superior es un sistema altamente complejo, con más de un millón de alumnos, miles de programas, proveedores muy diversos, fuertes externalidades, un entorno competitivo y acelerados cambios tecnológicos. Así lo prueban los errores cometidos al implementar la gratuidad.

La naturaleza del sistema de educación superior recomienda la adopción de un enfoque evolutivo que permita avanzar gradualmente hacia objetivos compartidos, como la inclusión social, calidad, trasparencia, innovación o el impacto regional. Ello permitiría proseguir un desarrollo exitoso que ha expandido la cobertura y oferta académica, y asimismo, prevenir decisiones irreversibles con alto costo potencial para la sociedad.

Reformas graduales, bien diseñadas y riesgo acotado son factibles, pero exigen abandonar las pretensiones refundacionales, priorizar temas y privilegiar acuerdos. Es posible, por ejemplo, poner el foco en los mecanismos de financiamiento de los jóvenes de los cinco primeros deciles   -lo cual hay que hacer de todas maneras- abarcando la educación técnica y universitaria y evitando restricciones que limiten la autonomía de las instituciones y el desarrollo futuro del sector. Además, se pueden adoptar acciones en algunos temas adicionales, como el mejoramiento de la calidad o el fortalecimiento de las universidades estatales, especialmente en regiones, dejando el resto para iniciativas futuras. Es una agenda realista y ambiciosa para un gobierno al que le restan menos de dos años, tiene recursos limitados y necesita con urgencia restablecer el crecimiento y el aumento de la productividad.

Decano Facultad de Ingeniería

La Tercera

 

Alejandro Jadresic
Facultad de Ingeniería y Ciencias
Publicado el Viernes, 22 Abril 2016