Sin tiempo para jugar al picado

Cristóbal Bellolio
Escuela de Gobierno
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Apenas un voto le faltó a Enrique Rajevic para ser confirmado como Contralor General de la República por el Senado. Como se trata del candidato que el propio gobierno promovió, la lectura más común es que se trata de una derrota política para La Moneda y en especial para el ministro del Interior, Jorge Burgos.

Lo anterior no quiere decir que los méritos profesionales o académicos de Rajevic hayan estado ausentes del debate. En rigor, nadie discutía las credenciales de la carta oficialista. Lo que más le molestaba a la derecha era la conocida cercanía del candidato con la gran familia concertacionista. A fin de cuentas, se trata de un cargo clave en la administración del estado en el cual no solo hay que ser imparcial, sino además parecerlo.

Pero estos recelos pudieron haberse superado, según algunos, si el gobierno hubiera accedido a dialogar –léase negociar- con los senadores. En otras ocasiones, las nominaciones llegan al Congreso más o menos cocinadas. Aquí, el ministro Burgos se la jugó en torno a un nombre que no concitaba apoyos entusiastas ni siquiera entre los parlamentarios de la Nueva Mayoría. Prácticamente sacó al senador Rossi del postoperatorio para que se presentara a votar y del mismo modo fue capaz de disciplinar a chúcaros como Alfonso De Urresti y Pedro Araya para que se inclinaran a favor. Pero no alcanzó. La bancada independiente no prestó el voto.

En su momento, Burgos dijo que asumiría la responsabilidad política si Rajevic era rechazado en el Senado. Mal que mal, fue el Jefe de Gabinete quien le propuso ese nombre a la Presidenta Bachelet. No queda enteramente claro cuál es la implicancia de esa declaración. A simple vista, no parece una derrota tan dramática como para entregar el cargo. Salvo, por supuesto, que el ministro Burgos esté buscando la excusa perfecta para mandarse a cambiar. Lo paradójico es que la misma derecha que le propina este golpe fue la que aplaudió hace unos meses su llegada al gobierno. Al fin llegaba un interlocutor moderado, dijeron. Pues ayer no se notó esa química. Lamentablemente no hay tiempo para jugar al picado: después de tantos meses sin Contralor titular, La Moneda tiene que ponerse de cabeza a buscar un reemplazante que pase el test.
Cristóbal Bellolio
Escuela de Gobierno
Publicado el Jueves, 15 Octubre 2015